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Publicado el 30 Abril, 2020 por Rosainne Suárez Moreno en Nacionales
 
 

La Habana diferente

Las medidas tomadas ante la pandemia de la COVID-19 han dado una imagen de vacío poco común en la capital
La Habana diferente.

Gabriel Guerra Bianchini captó una realidad casi impensable: la ciudad “dormida”. (Foto: Tomada de su Facebook).

Por ROSAINNE SUÁREZ MORENO

Llevo algo más de cuatro semanas de cuarentena voluntaria, y en ese tiempo solo he salido de casa un par de ocasiones, siempre indispensables. Pocas si se comparan con quienes tienen que salir a perseguir los víveres casi a diario, pero suficientes para darme cuenta que esta ciudad ya no es la misma a partir de las medidas de aislamientos implementadas como parte del enfrentamiento a la COVID-19 en el país.

La que escribe es una matancera de pura cepa que vino a parar a La Habana y aquí echó raíces. Una matancera que a lo único que no ha podido adaptarse aún es a la algarabía incontrolable y desenfrenada de la capital.

Por eso me desconcierta verla tan vacía, tranquila, desierta, adormecida. Me desconcierta pero me alegra. En este caso la alegría es por saber que la gente se cuida, a sí misma y al resto. Aunque confieso que me hubiera encantado recorrerla pausadamente en otro momento, sin una amenaza latente que nos impida disfrutar los paseos.

Los días se me hacen iguales. Tal vez a ustedes también. Y hasta he llegado a creerme la idea de que estos son un domingo inacabable.

Ya no me despiertan los pregoneros, ni el himno del pre contiguo a la casa, ni los bafles de los vecinos, ni el claxon de los autos. Y hay cosas que agradezco tomen un descanso, pero hay otras que de igual modo extraño.

Un fotógrafo, atrevidísimo y talentosísimo, aprovechó para dejar testimonio del momento. Tal vez él, como yo, pensó que nunca más vería este pedazo de tierra así, tan diferente.

Me encontré sus fotos por casualidad navegando por Facebook, las que desde el 31 de marzo se han vuelto virales. En el encabezado se podía leer: “Confieso haber sido indisciplinado por un día. La tentación de conocer mi ciudad vacía…”

Realmente lo entiendo, comparto esa tentación de Gabriel Guerra Bianchini, y de cierto modo agradezco su eventual indisciplina para mostrarnos esta realidad antes impensable de la ciudad “dormida”.


Rosainne Suárez Moreno