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Publicado el 16 Mayo, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

JUNTO A LAS CARRETERAS

El fuego sigue “pidiendo botella”

El descuido y la negligencia humana continúan dándoles a las llamas el gusto de calcinar cunetas, parcelas, terrenos de ganadería, plantaciones cañeras, agrícolas y áreas boscosas, con un saldo millonariamente lamentable para la economía nacional
El fuego sigue “pidiendo botella”

Imágenes así son frecuentes en nuestras carreteras.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Afortunadamente, la naturaleza ha estado equilibrando un poco, por estos días, mediante algunas lluvias, el preocupante modo en que la balanza seguía inclinándose a favor de los incendios a la vera de carreteras y en áreas aledañas.

“Lo mismitico del año pasado” —como diría un entrañable amigo llamado René Leyva—, del antes pasado y de no sé cuántos calendarios anteriores, en los que la causalidad se ha impuesto entre llamas, casi siempre asociadas a descuidos y a negligencias humanas, responsables del 90 por ciento de esos casos, según estudios y estadísticas.

“La culpa es de los carros y tractores que circulan sin matachispas en el tubo de escape”, suelen apresurarse a opinar muchas personas. Y no dejan de tener cierta razón. Conocido es el desenlace a que puede conducir la subestimación de ese sencillo dispositivo para evitar que las chispas se esparzan, caigan sobre las cunetas de las vías e incendien la vegetación contigua, por lo general reseca como consecuencia de la sequía.

La realidad, sin embargo, continúa mostrando que no solo la ausencia de matachispas incuba incendios.

Es un hecho real que, interesados en mantener limpia su finca o parcela, algunos propietarios apilan en una baliza o pirámide la hierba, matorrales o masa vegetal cortada y prenden fuego a todo, sin sospechar que la brisa puede avivar esas llamas, extenderlas y tornarlas incontrolables.

El fuego sigue “pidiendo botella”

En todas partes debieran haber trochas cortafuegos, como esta, en Ciego de Ávila.

A propósito del asunto, hay quienes incluso afirman que, interesados en “sudar menos y ganar lo mismo”, ciertos individuos, contratados para limpiar un área, cambian el azadón o el machete por la caja de fósforos… Y no hace falta imaginar el resto de la historia.

También está el despreocupado personaje que pedalea tranquilamente o trota sobre su caballo mientras convierte el humo ideas y cigarro, cuyo cabo o colilla termina lanzando hacia la cuneta… Y tampoco hay que ser profeta para “adivinar” lo que puede sobrevenir.

No escribo en abstracto. Tras haber dejado atrás recurrentes escenas asociadas a incendios de esa índole, empecé a plasmar en mi agenda apuntes sobre el asunto, durante un reciente viaje hacia el oriente del país, en el que llamó mi atención la adversa huella dejada por las llamas en los kilómetros 554, 585, 592, 596, 610, 624, 660, 684… por solo citar algunos puntos entre Ciego de Ávila y Las Tunas, con alta incidencia en el extenso territorio de Camagüey.

No es un fenómeno exclusivo de la carretera central, por donde se supone haya mayor flujo de medios de transporte, además de vehículos de tracción animal y de transeúntes. Vías que conducen hacia municipios, así como terraplenes y caminos cañeros tampoco escapan a incendios que muchas veces acaban ocasionándole considerables daños económicos a la nación, sobre todo cuando se propagan por áreas ganaderas, plantaciones cañeras y otros cultivos.

A la par de la negligencia o del descuido, sigue aflorando la tendencia a ignorar el valor de las trochas cortafuego: un recurso muy práctico, acerca del cual especialistas del Cuerpo de Guardabosques y del Cuerpo de Bomberos de Cuba insisten año tras año, por estos días, cuando el país desarrolla su semana nacional contra ese tipo de siniestros.

Aunque el período febrero-mayo suele emerger como el más crítico, todo el calendario demanda alta precaución. El panorama de hoy no ha cambiado mucho con respecto a una década atrás cuando las estadísticas les cargaron a los incendios forestales más de ocho millones de pesos en pérdidas. Lo volvió a confirmar en 2019 el periódico Granma al consignar, por fuentes especializadas, la secuela que ese fenómeno deja anualmente sobre unas 3 000 a 4 000 hectáreas.

El fuego sigue “pidiendo botella”

Ambos lados de la carretera central son víctimas directas del fuego.

Aunque no aplicados, tal vez, con la sistematicidad  y el rigor necesarios, los decretos ley 268 y 179 pueden ayudar a que se cumpla mejor lo dispuesto para preservar el patrimonio forestal, los suelos y otros bienes de la nación que resultan dañados por las llamas en ese entorno rural.

La pregunta es si seguirá repitiéndose cada año la misma historia. Falta hace que no. Cuba no puede darse el lujo de arder, no solo junto a las carreteras, sino también campiña adentro, por causas predominantemente evitables; mucho menos ahora, en medio de la tensa situación financiera en que nos ha colocado la Covid-19, con lógica repercusión por algún tiempo, después.

Además de las fotos que grafican este trabajo, nuestros lectores podrán acceder a más imágenes en la sección Galerías, de nuestro sitio Web.


Pastor Batista

 
Pastor Batista