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Publicado el 21 Mayo, 2020 por Lilian Knight Álvarez en Nacionales
 
 

El llamado de la tierra

El llamado de la tierra.

Liuvar Ojeda encontró su realización en las prácticas agroecológicas.

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

Fotos: GILBERTO RABASSA VÁZQUEZ

Le huyó. Estudió técnico de nivel medio en comercio y dio clases de educación física por tal de eludir el agobiante trabajo en el campo allá en su natal Palma Soriano, en Santiago de Cuba. Pero por esas indescifrables vueltas que da la vida, cuando Liuvar Ojeda Peña llega en 2008 a La Habana, para atender a su padre, una amiga le pide que cuide sus matas de aguacate.

Pese a la negativa de dedicarse a la agricultura se involucra y las ganancias que obtiene a raíz de esa ocupación causan en él un efecto dominó. De ahí se anima a pedir en usufructo 0.22 hectáreas (2 200 metros cuadrados) en Micro IV, Alamar, en el municipio de La Habana del Este. Pagó la novatada.

“El primer error que cometí fue pasar un buldócer por el terreno, esto eliminó toda la cobertura vegetal. Por eso, al no tener nutrientes, aunque sembraba muchas plantas acababan mustias. No fue el único traspié, pues no sabía nada de cultivos agrícolas”, relata.

Aun así, Liuvar no se desanimó. Poco a poco fue ganando experiencia, gracias a los consejos telefónicos de su madre y las búsquedas en Internet. La red de redes lo condujo a las prácticas más actuales de ecología y reciclaje en función de la agricultura.

Aplicando esa “ciencia” particular y su espíritu soñador, paulatinamente transformó el basurero que había en su parcela en cantero, criadero y laboratorio, con el fin de producir animales, hortalizas, vegetales, plantas ornamentales, así como abonos verdes.

Unir fuerzas e iniciativas

El llamado de la tierra.

Niños de las escuelas primarias de la comunidad participaron en un ingenioso concurso de recogida de pomos plásticos para construir un muro de agua.

Dicen que es mejor atar a un loco –como muchos lo llaman– que empujar a un bobo. En el caso de Liuvar se aplica el refrán al pie de la letra. Desde que dio resultado su primera iniciativa hasta hoy ha transitado por mecanismos para el aprovechamiento de agua, pienso para animales hasta lombricultura.

Con el empleo del estiércol, de desechos orgánicos y de las aguas negras de casa, Liuvar llegó a obtener, anualmente, más de 200 toneladas de compost y 36 de humus de lombriz.

Su finca sirve como probeta de ensayo para el Instituto de Investigaciones Fundamentales de la Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt, en la búsqueda de microorganismos eficientes y el fomento de plántulas.

Igualmente, desarrolló piensos para animales, sobre todo para conejos: “Aunque de momento hemos parado su producción, diseñé y probé la efectividad del concentrado compuesto de marpacífico, moringa, titónea, maíz y hojas de girasol, los cuales se deshidratan por separado al ponerlos al sol y luego se trituran en un molino de granos. Este producto es muy efectivo en la ceba de diferentes especies”, explica.

Entretanto, su colaboración con el Instituto Finlay se vincula a proyectos de macrobiótica de alimentación sana y balanceada para adultos mayores.

El llamado de la tierra.

Entre los productos que la finca de Liuvar aporta a la cooperativa están los vegetales y las viandas.

Sin duda, la mayor contribución la recibe de los niños de la escuela primaria Orlando Pantoja. Los alumnos del sexto grado encuentran en la finca de Micro IV un lugar donde aplicar lo aprendido en el círculo de interés. Asimismo, vinculan al resto de los estudiantes con la recogida de frascos plásticos.

“Necesitaba unos 2 400 pomos desechables de 1.5 litros para hacer un muro de agua, y recuerdo que la primera vez que salí a recoger, después de mucho esfuerzo, solo logré reunir 60. Por eso se me ocurrió convocar en la escuela un concurso de recogida de botellas plásticas; el grupo ganador obtendría para su aula una maceta con plantas decorativas. Mientras que el niño que más pomos reuniera ganaría una versión más pequeña del ornamento”, recuerda Liuvar.

“El primer viernes tuve que dar dos viajes en mi carretilla, las otras veces hizo falta un camión, hasta que ya no tuve espacio para acumular más. Hoy empleo esos recipientes en la siembra vertical, en la elaboración de tiras sustitutas del hilo tomatero, así como en canales de riego y para reciclar agua”, señala.

Liuvar también ha trabajado con la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, el Instituto de Ecología y Sistemática, círculos de abuelos y centros educacionales como Mártires de Tarará y la Escuela de Oficios Túpac Amaru. El resultado ha sido siempre satisfactorio en cuanto a impacto ecológico, en tanto ha disminuido la contaminación y aumentado los renglones productivos. Esto le permite incluso abastecer de alimentos a esas u otras instituciones.

Las tres A

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Los cultivos por niveles y en macramé permiten el eficiente aprovechamiento y la reutilización del agua empleada en riego.

Como proyecto aglutinador de los anteriores, Liuvar inscribió en el Registro de la Propiedad Industrial uno que comprende 43 renglones y tituló Las tres A: agricultura ecológica, alimentación sana y artes manuales.

Por lo abarcador del diseño, según estima Ojeda, esta iniciativa requiere un total de 1.8 millones de pesos, monto distante de sus posibilidades y de cualquier cantidad hasta ahora otorgada mediante créditos. Por tal motivo fue estructurado en fases: la primera se centra en el manejo de aguas residuales.

“En las viviendas hay dos tipos de aguas de desecho, las negras provenientes del servicio sanitario y las grises derivadas de lavamanos, bañadera, fregadero y lavadero. Las más oscuras, sumadas a la materia fecal de los cerdos, se pueden redirigir hacia un biodigestor en el cual se obtiene biogás para uso de la casa.

“Mientras las aguas grises se filtran con una trampa de grasa, pasan luego a depósitos con plantas acuáticas purificadoras y de ahí a estanques con peces. El líquido reciclado se puede emplear en la creación de compost y el riego de cultivos tapados y posturas, y permite reutilizar casi 80 por ciento del agua que consumo en casa”, detalla Liuvar, quien sueña en grande.

Como parte de esa fase, agrega, se construirá un muro de agua con pomos plásticos reutilizados para recolectar las precipitaciones, y se incorporarán calentadores solares elaborados con ese mismo material. Las otras fases abarcarán la producción de piensos, el montaje de una nave vertical con puercos, conejos, aves y lombrices, y la fermentación de hortalizas.

El proyecto incluye un aula de capacitación, extensión de lo que hoy este campesino hace en las clases teórico-prácticas orientadas a los círculos de interés de agricultura, higiene y reciclaje. Tales rutinas quizás determinaron el bautizo de la parcela como finca “La basura aprovechada”.

Sinsabores y avatares del camino

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Niños de las escuelas primarias de la comunidad participaron en un ingenioso concurso de recogida de pomos plásticos para construir un muro de agua.

Liuvar Ojeda, asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Gabriel Valiente, fue de los primeros campesinos en solicitar créditos. Sin embargo, para obtenerlos –confiesa– tuvo que esperar casi ocho meses.

Ahora autofinancia sus proyectos, a los que les dedica el 80 por ciento de los ingresos generados por la finca. Esto se debe, en buena medida, a que hasta el momento en que BOHEMIA le entrevistó, “no me han renovado el certifico del usufructo y por ende no puedo solicitar créditos”.

Pero esta es la menor de sus preocupaciones, apunta Liuvar, quien sin amilanarse sigue produciendo y proyectando ideas aunque su ejecución demore “80 años”, como suele afirmar respecto al proyecto de Las tres A. De cualquier modo, le gustaría contar con apoyo de instituciones u otros programas para llevar a cabo sus iniciativas y acelerar los resultados.

La experiencia hasta ahora no ha sido del todo positiva, lamenta, refiriéndose al proyecto Ponte Verde, que años atrás caló en la comunidad de Alamar y logró que sus habitantes separaran la basura en desechos orgánicos e inorgánicos, a fin de emplearlos en abono y reciclaje, respectivamente.

“Los pobladores se comprometieron de tal manera que velaban por la correcta distribución y el cuidado de los tanques. También se consiguió el camión para la transportación de esos residuos, y construí por esfuerzo propio los vertederos. Sin embargo, falló lo elemental: Comunales no recogió de manera separada la basura ni trajo la parte orgánica a mi sumidero”.

Al preguntarle sobre el concepto de desarrollo local, Liuvar considera que ni el gobierno ni los medios de comunicación han logrado instruir de manera eficiente los pasos para sumarse a programas de ese tipo.

“Lo primero es dar capacitación o quizás indicaciones de cómo se obtiene; un listado de requisitos, por ejemplo, para saber lo que uno debe presentar y no andar corriendo de un lado para otro en el clásico ‘peloteo’. Las trabas son tantas que te quitan los deseos. Lo otro es que debe existir atención y respeto de la otra parte, sobre todo porque la mayoría de los que presentan propuestas no somos especialistas y aun así le dedicamos tiempo y sacrificio.

El llamado de la tierra.

Las plantas ornamentales son otro renglón productivo de la finca.

“La ayuda de buena fe siempre es bien recibida, pues de hecho el proyecto del muro de agua está detenido solo por falta de terraja y macho para hacer roscas. ¿Qué son esos instrumentos en comparación con los 18 000 pesos –por concepto de ahorro de agua– que pueden representar ganancia para el país?”, cuestiona.

A pesar de los percances Liuvar Ojeda no desiste y continúa generando ideas para beneficio propio, de sus vecinos y la comunidad. Hoy exhibe y dispone de otros productos y marcas registradas como los microorganismos eficientes Liopen EM, y el abono orgánico conocido como Liofer, o Los tres poquitos, mezcla de humus de lombriz, compost y lixiviado (agua donde descomponen materia orgánica) de lombrices.

En tanto los grandes sueños se hagan realidad, cada día atiende con celo sus cultivos de lechuga, ají, col, tomate, zanahoria, ajo, plátano, maíz… más las plantas ornamentales, medicinales y condimentosas que vende su esposa Dublania Vázquez Chacón.

Un reto importante de nuestra sociedad está en promover y apoyar toda iniciativa novedosa, aplicable y sustentable que haga de Cuba un país también independiente en la esfera alimentaria.


Lilian Knight Álvarez

 
Lilian Knight Álvarez