1
Publicado el 16 Mayo, 2020 por María de las Nieves Galá León en Nacionales
 
 

Las colas y el cuento de nunca acabar

El llamado a extremar las medidas sanitarias y mantener la percepción de riesgo es ahora vital

Las colas y el cuento de nunca acabar.Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Foto: AGUSTÍN BORREGO

Casi me había prometido no volver a hablar de las socorridas colas, porque al final, estas se multiplican más cada día. Personas con o sin nasobucos, sentadas en contenes de aceras o debajo de árboles, forman parte del panorama que desafía la COVID-19 y pone en riesgo la vida de familias y vecinos en general, además de atentar contra los esfuerzos que hace el Sistema de Salud y Estado cubanos para detener la pandemia.

El cierre de grandes mercados como Carlos III y Cuatro Caminos, entre otros, con el fin de destinarlos al comercio electrónico, han hecho que las personas se muevan hacia el resto de las entidades, en busca de los productos que se ofertan. En las últimas semanas, por ejemplo, el mercado de Camagüey y Boyeros, se ha convertido en el área de operaciones de personas de todos los municipios.

Algunos vienen caminando, en bicicletas, motos o alquilan un carro. No importa la vía, el tema es llegar. Llegan desde la madrugada, a veces escondidos de las autoridades, para evitar que les llamen la atención.

Antes de que salga el sol, ya está la larga y compacta cola que puede ocupar algunas cuadras. Hace más de una semana que están vendiendo aceite, detergente, vinagre, entre otros productos y sigue la cola infinita. Los integrantes del Minint hacen un esfuerzo sistemático para que prevalezca la distancia establecida, pero es complejo mantenerla con tanta afluencia de personas.

En un recorrido por los municipios capitalinos del Cerro y Arroyo Naranjo, pudimos apreciar que, en varios centros comerciales, la situación es semejante a la descrita anteriormente. Predomina el irrespeto al aislamiento social.

Ya sabemos que, para algunos, ir a esos lugares todos los días, constituye un modo de vida. Esos productos que acumulan son revendidos después al doble del precio. Otros han adoptado por acaparar para mañana, sin importarles que hay quienes no tienen oportunidad de acceder, aunque sea una vez, a las mercancías más necesarias.

Se ha hecho lo posible por acercar los productos a la población, pero no todos están satisfechos pues hay zonas que tienen menos establecimientos y entonces viene el desplazamiento de un lugar a otro. Algunos, felizmente, han podido equilibrar sus reservas alimentarias y de higiene con las tiendas virtuales, que aunque llamadas a elevar la calidad y diversidad de los servicios, es cierto que han resuelto a determinadas familias.

El dilema está para los que se resisten a hacer las supercolas y siguen pensando en la libreta como una opción para recibir, aunque sea cada dos meses, un paquete de pollo y dos de detergente, a precio de mercado.

Cuando el país comienza a mostrar cifras muy alentadoras en cuanto a la recuperación de la COVID-19, sigue siendo muy importante cumplir el llamado a extremar las medidas sanitarias y mantener la percepción de riesgo. Sin embargo, en la extrema confianza que se manifiesta en las colas está escondido el peligro.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León