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Publicado el 23 Junio, 2020 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL No solo resistir

Agricultura, al límite de los arrojos (II y final).

Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

La grandeza de la batalla de los últimos meses contra el nuevo coronavirus tiene un nombre: pueblo. Ha demandado de todos unidad, organización y disciplina. Contención de abrazos, lejanías familiares, sacrificios; se han derramado lágrimas, esbozado sonrisas y muchos, muchos aplausos de agradecimiento.

Esas, junto a las más de 500 medidas aplicadas en el país para enfrentar la pandemia, fueron las principales armas esgrimidas por Cuba. En un combate contrarreloj, la pequeña nación asediada por el acrecentado bloqueo estadounidense ha sido capaz de enfrentar y frenar el avance del letal virus, y a la vez brindar su ayuda solidaria a otras naciones.

La gratitud se expresa también en un centenar de organizaciones globales que reclaman la entrega del premio Nobel de la Paz a las brigadas médicas cubanas del contingente Henry Reeve.

Tres meses después de haberse decretado en la Isla la llegada de la COVID-19, fue presentada la estrategia que permite se reanuden todas las actividades económicas y sociales, de forma escalonada, la cual prevé dos etapas: recuperación pospandemia y fortalecimiento económico para afrontar la crisis.

Sin embargo, mantener lo logrado exige responsabilidad, disciplina y control. Las medidas higiénico-sanitarias adoptadas llegaron para quedarse: por largo tiempo el nasobuco será una prenda que formará parte del vestuario de los compatriotas. Y lo mismo el aislamiento físico. No puede tirarse por la borda tan grande sacrificio: hay que evitar un rebrote. Por eso se insiste en continuar el pesquisaje, dar seguimiento a cada caso detectado, y mantener el aislamiento de sospechosos y de la cadena de contactos.

La máxima dirección del país subrayó el papel que corresponde desempeñar a los gobiernos locales en las diferentes fases recuperativas para el éxito de las tareas. Es vital la protección individual, colectiva; de la familia, los centros de trabajo y la comunidad. “La misión es evitar que en la nueva etapa la COVID-19 se convierta en una endemia”, apuntó el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante una reciente intervención en el programa televisivo Mesa Redonda.

En un escenario económico complejo, acrecentado por la crisis mundial derivada de la pandemia y el férreo bloqueo, el concepto de pensar como país es clave para la sostenibilidad de la nación. El ahorro, tal como reconocen las autoridades, se impone, y a este podemos contribuir desde nuestros puestos de trabajo y hogares.

Las alianzas establecidas en estos meses de combate contra la COVID-19; la creatividad de científicos, ingenieros, matemáticos, cuentapropistas, por solo citar ejemplos, dan fe de cuánto caudal de valores hay en los hombres y mujeres formados por la Revolución. El potencial mostrado en las novedosas producciones farmacéuticas y soluciones tecnológicas, prueba que existe en ese campo un tesoro que mucho puede seguir beneficiando a la nación.

Por otra parte, urge la obtención de alimentos. Las experiencias de los años 90 del pasado siglo, durante el período especial, corroboran que se puede producir más cuando nos lo proponemos. Hoy, en mejores condiciones, con un programa de desarrollo instrumentado, no nos queda otra opción que trabajar con calidad, y comercializar con eficiencia.

Y si bien es necesario ajustar el plan de la economía para el actual año, la premisa no es acomodarlo al nuevo contexto, sino imponerse a este, como enfatizó el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández.

Ahora, más que nunca, es imprescindible incrementar y mantener las producciones exportables, buscar y aprovechar cada nicho de mercado. Los empresarios junto a sus colectivos tienen que mirar a lo interno y visualizar cuáles pueden ser las fuentes de ingresos derivadas de la exportación. La industria nacional tiene el reto de generar productos que sustituyan las importaciones, lo que puede crearse en Cuba no hay por qué buscarlo en otro lugar.

Mantener lo logrado está en las manos de todos. Solo la responsabilidad, control y disciplina permitirán que el desescalonamiento no tenga retroceso. Aún el desafío es grande, pero lo más difícil se ha vencido. ¡Podemos resistir y también desarrollarnos!


Redacción Digital

 
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