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Publicado el 3 Junio, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

COVID-19

El asunto no es de juego

Con su irresponsable o indiferente comportamiento, determinado segmento poblacional continúa sirviéndole bandeja al nuevo coronavirus, mientras el país se desgasta, personal médico y científico no descansa y el gobierno norteamericano arrecia para que cunda el caos dentro de Cuba y se derrumbe la obra de seis décadas
El asunto no es de juego.

La realidad debiera ser esta (Las Tunas, 27 de marzo) ¿pero es siempre y en todas partes así?

Por  PASTOR BATISTA VALDÉS

Partidario hasta la médula de la persuasión, del razonamiento, del convencimiento y de la capacidad que siempre tuvimos los cubanos para atender y entender el porqué de las cosas, sigo pensando —no obstante— que luego de casi tres meses de cruenta y desgastante lucha contra la Covid-19 hay cosas en las que continuamos pecando de ser demasiado nobles.

No sé cuántos países harán todo lo que nosotros: enviar preventivamente para la casa a miles de trabajadores con salario íntegro el primer mes y 60 por ciento de él después; proteger de manera especial a todos los laboralmente activos con algún tipo de riesgo (avanzada edad, diabetes, problemas respiratorios, hipertensión arterial…), darle tratamiento y garantías deferentes a madres y padres de niños con dificultades de salud que necesitan cuidado extremo en esta etapa…

Hasta ahí, todo muy bien. Es en la otra parte del terreno donde el balón no acaba de dar al traste con el mejor  “score”  (puntuación) en medio de esta situación, que no es un juego, aunque algunos se comporten como si lo fuese.

Benevolencia es la palabra que viene cada vez más a mi memoria cuando veo a tantas personas flotando y floreando por las calles, a la caza “de lo que vayan a vender en las tiendas”, verdaderos maestros en el arte de armar una cola en una cuarta de tierra, todo ello en contra del llamado hecho por las máximas autoridades sanitarias, políticas y gubernamentales del país, para permanecer tranquilos, seguros en casa.

Me hago la misma pregunta de muchos: ¿Por qué si te estoy pagando un salario para que permanezcas dentro de tu hogar, andas por la calle, creando condiciones propicias para la propagación del mortal virus? Pero sobre todo, ¿Por qué, entonces, no te aplico la ley si, en esencia, estás desacatando lo establecido para tu propio bien, para la seguridad de todos y de la nación?

La intolerancia no es buena, pero el exceso de tolerancia, en una coyuntura como la actual, puede ser peor aún.

Hace poco escuché a un ciudadano decir: “Qué mala suerte tienen los habitantes de la Isla de Turiguanó; llevan más de 50 días en cuarentena y tendrán se continuar por lo menos hasta finales de junio”.

No amigo. No es mala suerte. Es buen descuido, buena indisciplina; es no haber hecho lo mismo que, con éxito, sí hicieron otros, en condiciones similares e incluso más complicadas.

Es difícil explicar, o justificar, que zonas como la de Florencia, también dentro de Ciego de Ávila, con dos comunidades igualmente en cuarentena, o Venezuela, al sur de la provincia, hayan logrado salir airosos de esa fase de total aislamiento y que en Turiguanó, en condiciones parecidas, tratamiento especial por parte del territorio y un marcado empeño del Partido, Gobierno y sector de la salud, la bola haya picado para seguir extendiéndose.

Pueden haber faltado visión, exigencia, medidas concretas, pero hay razón en lo declarado al periódico Invasor por Yamila Bautista Poll, presidenta de la Zona de Defensa, al considerar que se resquebrajó la disciplina y hubo rebrote de transmisión, aunque luego de los últimos casos se ha reforzado la organización y control.

Recientemente, también, una vecina se preguntaba cómo es posible que en menos de dos meses nuestros médicos le hayan dado un giro total a la complicadísima situación que presentaba la región italiana de Lombardía (más de 16 000 muertos por la Covid-19) y a pesar de toda la voluntad estatal, médica y científica, en algunos lugares, aquí, se avance poco… o no se acabe de llegar al final.

Sencillo, amiga: por lo visto allá la gente ha cooperado más, han seguido a pie de letra lo orientado, se han recluido en sus casas y punto.

Lo curiosamente contradictorio es que, en sentido general, habitantes como los de Turiguanó y comunidades aledañas han ofrecido siempre sobradas pruebas de su capacidad para enfrentar contingencias, afincar botas en el terreno productivo, responder a orientaciones y necesidades de la  nación… A tiempo y en condiciones de lograrlo otra vez, están. Claro que sí.

No obstante, a escala social hay un segmento descuidado, irreverente y negligente de población que desconoce leyes y juega con lo que nadie debe jugar: la salud, la vida.

No por casualidad Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba razonaba este primer día de junio en torno a la negligencia, al descuido y a los errores que afloran en determinados lugares y traen aparejadas nuevas complicaciones. Ahí está el caso del foco en la tienda La Época, de la capital cubana.

No sé, realmente, de dónde saca tanta pasión, paciencia y recursos para seguir haciendo proezas frente a la Covid este pequeño país, no menos agredido y bloqueado ahora por parte del imperio y sus lacayos.

Lo que sí me queda claro, como a millones de agradecidos, es que muy bien vendría otro oportuno y justo toque de silbato por parte del árbitro y la conocida tarjeta amarilla, aplicada con todo rigor, para que el balón pique donde tiene que picar y el “score” se incline total y definitivamente hacia ese triunfo que todos necesitamos y que nadie, por irreverencia, indisciplina o negligencia, tiene el más mínimo derecho a seguir poniendo en peligro.


Pastor Batista

 
Pastor Batista