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Publicado el 23 Junio, 2020 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (I) (+ Fotos y video)

Breve incursión por las rutas del coronavirus SARS CoV-2 en centros de los Servicios Médicos de las FAR. Vivencias de los que han estado en la Zona Roja; pacientes salvados, y personal de apoyo con tanta responsabilidad como los propios médicos y los científicos.
Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA

Salvar una vida, en el caso de la COVID-19, demanda muchas horas de desvelos.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JORGE LUIS SÁNHEZ RIVERA

Cuando el 31 de diciembre de 2019, mientras se borraba la línea imaginaria entre el año que se desvanecía como canto en la distancia, y el otro que surgía con el ímpetu de todo lo nuevo, miles de millones de copas se alzaban en el mundo y su tintineo acompañaba las esperanzas de quienes solo pronunciaban una palabra: ¡Salud!

Es una suerte de ritual, por el cual todos abogan, como si fuera la antesala para entrar “con el pie derecho” a los próximos 12 meses, y se hacen planes, desde ajustarse el cinturón en los gastos para lograr todo lo que no se pudo durante el Año Viejo, hasta planificar las más suntuosas vacaciones de la vida, aun conscientes de que nunca se lograrán. El 31 de diciembre, vale soñar.

Pero este año, particularmente, esa salud por la que –siguiendo la tradición- abogaron hasta los más desposeídos, se vería signada por algunas sombras bien peligrosas. Apenas una semana después de haber entrado en el 2020, justo el 7 de enero, las autoridades chinas dieron a conocer como posible razón de un nuevo síndrome que se estaba manifestando desde el mes anterior, la presencia de la cepa de un coronavirus que no se había encontrado antes en los humanos: el SARS-CoV-2, agente infeccioso causante de la COVID-19. El brote había estallado en Wuhan, provincia Hubei, en la nación asiática, en diciembre de 2019

¿Qué significaba esto? Para muchas personas, nada, por desconocimiento. Para la comunidad médica y científica, una preocupación. Era algo nuevo, desconocido y no se sabía cuál sería su alcance.

Pero las noticias se encargaron de esclarecerlo, porque la enfermedad –bien letal, por demás- se extendía como la pólvora, y apenas dos meses más tarde, el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud, la declaraba pandemia. También la OMS había afirmado:

“La pandemia de la COVID-19 es una emergencia sanitaria y social mundial que requiere una acción efectiva e inmediata de los gobiernos, las personas y las empresas. Todas las empresas tienen un papel esencial que desempeñar minimizando la probabilidad de transmisión y el impacto en la sociedad. La adopción de medidas tempranas, audaces y eficaces reducirá los riesgos de corto plazo para los empleados y los costos de largo plazo para las empresas y la economía”.

GUERRA AVISADA…

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

La creación previa de todas las condiones, ha permitido enfrentar la pandemia con mayor efectividad.

Estar en el mundo es ser parte de él; por tanto, todo lo que ocurra debe preocupar a los ocupantes del planeta. En Cuba no brotó el Ébola, pero un grupo de cubanos estuvo en África, combatiéndola; preocupó notablemente el auge de arbovirosis como el Zika y el Chikungunya…

Por eso, desde que se hizo pública esta nueva enfermedad y se habló de sus características, Cuba comenzó a prepararse y activó los planes para enfrentar estas contingencias. El Partido Comunista de Cuba y las estructuras de Gobierno han trabajado intensamente desde entonces, en esos planes y los controles de todo tipo; en la habilitación de capacidades hospitalarias y centros a ingresar a pacientes, según su clasificación.

Hubo intensas jornadas de preparación, de adecuación de sistemas de trabajo, contactos con diversas instituciones, no solo científicas y de salud, sino también de otros organismos, porque la magnitud del fenómeno ha exigido una elevada integración, tanto para atender directamente todo lo relacionado con la enfermedad, como para el apoyo.

De igual forma se respaldó financieramente la compra de los recursos para mantener  la atención a la población: medicamentos, entre los que es preciso el incremento la producción de medicina natural; medios de protección, equipos, piezas de repuesto, reactivos y material gastable.

Como parte de la preparación, se estableció qué centros y hospitales serían utilizados en los territorios, según clasificación: aislamiento y tratamiento de contactos, pacientes sospechosos y confirmados de la enfermedad. En la relación incluyeron los hospitales militares, para alcanzar una disponibilidad -en una primera etapa- de 3 mil 109 camas en todo el país, cifra que se ha ido incrementando, según la demanda.

COMO OTRAS INSTITUCIONES DEL SISTEMA NACIONAL DE SALUD

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

El personal de enfermería, muy joven ciertamente, se mantiene en constante vigilia.

Precisamente por los varios hospitales militares cubanos realizaremos un recorrido breve para conocer cómo han trabajado durante esta etapa tan compleja de la COVID-19.

En el espacio radiotelevisivo Mesa Redonda del pasado 3 de junio, el general de brigada Francisco Martínez Quintela, jefe de Dirección de los Servicios Médicos de las FAR, explicó que como parte del Sistema Nacional de Salud en Cuba, los mismos están estructurados en dos niveles fundamentales de asistencia: el primario, que incluye un grupo de unidades médicas, principalmente en instituciones docentes de nivel superior de las Fuerzas Armadas; en las escuelas Camilo Cienfuegos,  y en el resto de las unidades militares de las FAR.

El secundario lo constituyen principalmente, los hospitales militares, centros asistenciales que según la clasificación establecida por el Ministerio de Salud Pública (Minsap), son clínico quirúrgicos, excepto el Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto (Naval), que es general.

Cuba cuenta con siete hospitales de este tipo: dos en La Habana, el Naval, que ya se ha mencionado, y se encuentra en el Este de la provincia, y el Dr. Carlos Juan Finlay, en el Oeste. También se cuenta con el Dr. Mario Muñoz Monroy, en Matanzas; el Comandante Manuel (Piti) Fajardo, en Villa Clara, el Dr. Octavio de la Concepción y de la Pedraja, en Camagüey; el Fermín Valdés Domínguez, en Canagüey, y el Dr. Joaquín Castillo Duani, en Santiago de Cuba. En ellos es atendido el 80 por ciento de la población regionalizada, según convenio con el Minsap, y se les brindan todos los servicios de los que se dispone.

Excepto el Finlay, el resto, junto con los puestos médicos del Sistema de Salud Territorial -las Regiones Militares de Pinar del Río y Guantánamo- se incluyó en el enfrentamiento a la pandemia.

EN EL ESTE DE LA HABANA

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

La teniente coronel doctora Daimilé López Tagle, vicedirectora del Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto, y una de las principales colaboradoras para la realización de este reportaje.

Una buena parte de lo logrado en este reportaje se debe a la paciencia y el deseo de colaborar, en todo momento, de la teniente coronel doctora Daimilé López Tagle, vicedirectora general del Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto (Naval), quien expresa:

“El enfrentamiento a la COVID-19 ha requerido de nosotros sacrificio, autopreparación, mucha responsabilidad, compromiso, capacidad de superarnos a nosotros mismos, sobre todo los temores y preocupaciones de enfrentarnos a un enemigo invisible sobre el que hay más preguntas que respuestas”.

Está convencida de que la presión mayor estuvo en la etapa inicial a partir del 13 de marzo, cuando el hospital asumió la nueva tarea, con la consiguiente  reorganización de los servicios y una dinámica de trabajo totalmente distinta con gran demanda asistencial y bajo los principios de cumplir al detalle todas las medidas de bioseguridad en aras de la protección del personal y de los pacientes.

-¿Según su experiencia durante este tiempo, cuánto ha afectado a los pacientes no haber acudido a los servicios de salud con la premura requerida? – Esta epidemia ratifica una vez más que las personas que acuden tempranamente a los servicios de salud, ante la aparición de los síntomas, tienen una mejor evolución y sobre todo aquellos que tienen varias enfermedades (comorbilidades), por ser de mayor riesgo. Esto se ha evidenciado en los ingresos que hemos tenido: a los pacientes que acudieron en las etapas iniciales de su enfermedad, les aplicamos los protocolos de tratamientos oportunamente y en su mayoría evolucionaron satisfactoriamente. A los demás, el esfuerzo ha sido intenso para salvarlos; en algunos lo hemos logrado, en otros, lamentablemente no.

-¿Cómo reacciona su colectivo –sobre todo los más cercanos a la atención directa- cuando saben que es inminente el deceso de un paciente?

-Con la el sentido humano que corresponde a un profesional de la salud y las Fuerzas Armadas Revolucionarias; nuestra razón de ser es salvar a las personas, de enfermedades, desastres, conflictos bélicos… Se lucha hasta el final por la vida del paciente, buscando toda alternativa posible, como se ha hecho en el enfrentamiento a la COVID-19. Los casos, sospechosos o positivos, a través de los estudios de autopsias realizadas, se obtienen las bases científicas para evaluar realmente las causas de muerte de los pacientes, con lo cual se retroalimenta el conocimiento médico.

REBECA, SIN SÍNTOMAS, PERO CON EL VIRUS

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

El trato afable es un gesto que alivia y,  junto con los tratamientos, ayuda a la recuperación de los pacientes.

Y como “vista hace fe”, nos ponemos al habla con Rebeca Diéguez López, paciente dada de alta justo el día de realizar este trabajo. Cuenta que su esposo y dos cuñadas resultaron positivos a un test rápido el viernes 1 de mayo y trasladados al Hospital Militar Dr. Luis Díaz Soto, lo que la colocaba, igual que a su hijo y nuera, en la condición de sospechosa, por lo que, al día siguiente, fueron enviados al centro de aislamiento de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). La única positiva al PCR, por lo que el día 5 fue ingresada en el Naval.

¿Cómo asumió su condición de paciente positiva a la COVID-19? ¿Qué significó para su familia? ¿Qué tratamiento recibieron ellos?

– Con la noticia el mundo me cayó encima. Tenía que alejarme de mi hijo e ir para el hospital para realizar el tratamiento. Me reconfortaba el hecho de que mi hijo y mi nuera eran negativos al PCR. Pasé unos minutos reflexionando como asumir la situación que estaba enfrentando. Pasaron ideas negativas por mi mente, pero enseguida todos me dieron aliento. Mi autoestima subió y empecé a estar segura de que me iba a recuperar pronto para estar junto a mi familia. Cuando me informaron que iba a ser traslada para el Hospital Naval también eso me dio animo porque ahí estaba ingresado mi esposo y mis cuñadas a pesar de que no iba a poder verlos, sentía que estaba acompañada de ellos.

“Mi hijo y mi nuera tuvieron que quedarse en la UCI para que les repitieran el PCR. Afortunadamente resultaron negativos, y fue como si me quitaran un peso de encima. Mi esposo, positivo al test rápido también resultó negativo al PCR, pero una de mis cuñadas sí resultó positiva, desafortunadamente. Ella, igual que yo. se recuperó de la enfermedad”.

-¿Algún hecho que la haya marcado de manera particular?

-A pesar de haber transitado sin síntomas de la enfermedad tuve una situación que puso en peligro mi vida. Las terapias con antiretrovirales y el Interferón me provocaron una toxicidad medicamentosa que me causó una encefalopatía hepática. Esta afección me llevó a la terapia intensiva, con un pronóstico reservado. Estuve desde el miércoles 13 hasta el lunes 18 reportada de grave.

“Tengo que agradecer a los médicos y enfermeras que me atendieron, al doctor Rafael jefe de la terapia, la Dra. Bombón como cariñosamente le decían, los enfermeros Oscar, Ángel, Irán, Lazarita y Vanesa, a quienes ya conocía por la voz y por el nombre que llevaban en el traje. A todos ellos muchas gracias porque si no fuera por sus atenciones no estuviera haciendo esta historia. Todos demostraron mucha profesionalidad, preparación, empeño y el tratamiento eran como familia. Eran muy jóvenes algo que me sorprendía que a pesar de su juventud tuvieran tanto conocimiento y que me trataran como si fuera su mama. Me llamaban cariñosamente Rebe.

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

Rebeca Diéguez integración de los dos mil 113 pacientes salvados de la enfermedad hasta el 23 de junio.

“Al salir de alta nos tomamos una foto juntos para celebrar el éxito alcanzado. Estaba viva y muy feliz por regresar a mi casa junto a mi familia. Fue una experiencia difícil, pero inolvidable. Gracias al personal de la salud, gracias a nuestra Revolución. ¡Vencimos!!!!

¿Cuál es el mensaje que puede transmitir a esa parte de la población que considera que ya todo está pasando?

-A pesar de que los niveles de contagio han ido disminuyendo todavía existe mucho riesgo de contagio. Si nos relajamos pudiéramos caer un rebrote de la enfermedad como ha ocurrido en otros países. Debemos mantener las medidas higiénicas, estar atentos a todas las orientaciones de nuestro gobierno para el enfrentamiento de este virus o villano como le llama mi esposo, el doctor Julio Cesar Crespo.

“Este virus no tiene cara, cualquiera puede ser contagiado sin importar sexo, edad, ni raza y desarrollar síntomas graves. Quisiera alertar a los jóvenes que son un grupo etario que de manera general no padecen de síntomas graves, pero pueden ser portadores del virus y llegar a sus casas y contagiar a sus padres y abuelos que sí pudieran desarrollar manifestaciones más complejas del Covid-19.

“A todos los exhorto a que se cuiden y cuiden a los que los rodean. Que contribuyan con las medidas higiénicas y el comportamiento responsable a ayudar a los médicos y especialistas en el control de esta pandemia. ¡Quédense en casa! Y aplaudan todos los días a las nueve de la noche como yo lo hago desde mi balcón, agradeciendo al sistema de salud cubano y a todos los que hoy desde sus trincheras combaten a la COVID 19.

EL HOMBRE DEL TERMO AZUL

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

Perdo listo para partir con su termo azul, muy consciente de la misión que cumple.

Pedro Enrique Vidal Vega, así se llama desde hace 70 años, cuando nació en Manzanillo, antigua provincia de Oriente, y hoy, uno de los municipios de Granma, al sur de esa región de Cuba.

Es un hombre tan sencillo como cualquier campesino de su Isla, e igualmente trabajador, incansable diría yo, y ustedes lo reafirmarán cuando sepan que se levanta cada día 2:30 de la mañana, desde que en marzo pasado, comenzara en su unidad, el Hospital Central Dr. Luis Díaz Soto, la batalla contra la COVID-19.

Es como un ritual que salga media hora después a buscar en sus respectivas casas a los cocineros y pantristas del centro asistencial, personal tan importante como los de la primera línea, junto a los pacientes.

¿Y por qué Pedro?

Por ser el hombre encargado de hacer llegar a los laboratorios todos las muestras analizar en los diferentes laboratorios vinculados al centro asistencial. Cuando su jefe en la jefatura de Logística, el capitán Denis Montes Izquierdo, le dio la misión, le explicó los riesgos a los que se exponía, algo que también le recalcó el político, el capitán Yerandi Delgado Puig, quien le habló de la envergadura de esta parte del enfrentamiento al coronavirus SARS-CoV-2. Pero, a la vez, ambos estaban seguros de que con su responsabilidad y  preparación, junto a la disciplina que lo caracteriza, podía lograrlo, como lo ha hecho.

Al momento de tomar las imágenes para este reportaje, la especialista en Microbiología, María Elena Fuerte, le entrega la maletica azul, en la que van las muestras a los laboratorios, que bien pudieran ser el IPK, Biología Molecular del Hospital Hermanos Ameijeiras, y los laboratorios del Centro Provincial de Higiene y de la Defensa Civil.

-¿Cómo se garantiza el empaque? Le pregunto a la doctora Lien Laguna Oliva, también de la especialidad.

-Es un triple empaque. Se realiza un hisopado nasal y nasofaríngeo para tomar la muestra, se coloca en un papel absorbente que se coloca en una bolsita de bioseguridad, como segundo paso se coloca en un recipiente, que es un termo pequeño, en el que caben hasta ocho muestras; luego van a un termo grande, que es tercer empaque.

“Esto demanda una labor rigurosa, porque cada muestra debe estar correctamente rotulada. En una cajita se lleva la trazabilidad, desde la orden de la prueba del paciente, hasta el resultado, que dirá la condición del paciente”.

-¿A quiénes se les hace el PCR en el hospital?

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA.

La doctora Lien Laguna Oliva -sentada- alistas las condiciones para la realización de los PCR.

-A todo el mundo, y se hace, al menos, tres veces. Se ingresa en los hospitales a los sospechosos de alto riesgo y a los positivos. Los demás van a centros de aislamiento.

Luego del breve intercambio, Pedro parte con su valiosa maletica azul hacia el laboratorio indicado. La acción se reitera cuantas veces se precise, bajo estrictas medidas de seguridad.

Ya tarde, al final de la jornada, regresa a casa, donde lo espera Berta Domínguez Enamorado, su esposa, quien también colabora, porque se encarga de crear las condiciones para el descanso reparador.

 


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo