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Publicado el 28 Junio, 2020 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final + video)

Breve incursión por las rutas del coronavirus SARS CoV-2 en centros de los Servicios Médicos de las FAR. Vivencias de los que han estado en la Zona Roja; pacientes salvados, y personal de apoyo con tanta responsabilidad como los propios médicos y los científicos.
Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

La intensidad de los Cuerpos de Guardia ha bajado, pero la preocupación y la adecuada atención no.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JORGE LUIS SÁNHEZ RIVERA

El momento llegó. Ya había salido de esa especie de sopor o aletargamiento que invade a los pacientes graves que no están en inconciencia total. El acople a los equipos de ventilación artificial demandan un proceso de sedación con los requerimientos propios de este tipo de pacientes.

Si en un primer momento solo le resultaban conocidas las voces de los miembros del equipo de médicos y enfermeras que lo atendían en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto, ya comienza a ver los rostros de aquellas personas que tanto se desvelan por él.

Lo han traído hasta aquí en lucha tenaz contra la muerte, y para proceder al “destete” se precisa su colaboración, porque para retirar el tubo orotraqueal el paciente ha de estar colaborativo.

Desde el lecho mira con expectación los rostros amigos; los de esas mujeres que lo tratan con tanto cariño y los de esos hombres –jóvenes y menos jóvenes- que le han dado mucha confianza.

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

El momento de desacoplar a los pacientes de los equipos de ventilación siempre precisa de importantes momentos de sedación y rapport para lograr la colaboración consciente del enfermo.

Manos hábiles retiran poco a poco las conexiones de las máquinas con su anatomía, y él solo se limita a mirar con ojos suplicantes y a mover, tímidamente, las manos que descansan sobre su cuerpo.

Una voz femenina le dice: “¡Tranquilo, tranquilo, Ramón!”

Al finalizar, otro miembro del equipo comenta:

“¿Ustedes creen que Ramón merece un aplauso?”

Respuesta inmediata: “¡¡Ssssiiiiiiiiiiiiiii!!

Y es el único día en que este hombre, tan agotado por los efectos de la COVID-19, y la lucha por vencerla, siente que se rompe el silencio, su compañero en Cuidados Intensivos. Todos aplauden, y Ramón también, solo que lo hace muy suavemente. Entonces, de modo casi imperceptible, de sus ojos brotan dos lágrimas… Un salvado más.

Es la historia de Ramón en su “viaje de retorno” de la COVID-19. Puede ser la muchos cubanos que tuvieron una situación similar ante este desconocido, rápido en su actuar, y letal virus, pero también es la historia –que ya algún día se escribirá- de los miles de médicos, enfermeras, especialistas y científicos que han contribuido a cerrarle el cerco a la enfermedad.

POR LA VIDA, TODO

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

Las tensas e intensas jornadas que se han vivido en la llamada Zona Roja han tenido como práctica el constante intercambio.

Cuba tiene testimonios para contar acerca de pacientes como Ramón. Por ejemplo, aproximadamente a unos 88 kilómetros de distancia del Naval, hacia el Este de la Isla, otros médicos y especialistas experimentan iguales sentimientos. En el Hospital Militar Dr. Mario Muñoz Monroy, en Matanzas, el doctor Evián Oliva Villa, especialista de I grado en Medicina Interna, afirma:

“Cada vez que se da alta a un paciente es motivo de una alegría inmensa y se premia con un aplausos a nosotros mismos y al enfermo, quien también ha luchado con el equipo por su vida. Luego, a las nueve de la noche de cada día, recibimos esa recompensa que nos ofrece el pueblo, y le aseguro que a muchos de nosotros también se nos escapan lágrimas, sobre todo si alguno estuvo directamente en la lucha por preservar esa vida”.

Precisamente a uno de los equipos de la Unidad de Cuidados Intensivos del referido centro asistencial pertenece Guillermo Pérez Ciprián, el chico que en 2002 partió del poblado de Fallas, allá en Chambas, Ciego de Ávila, para estudiar en los “Camilitos” y no ha regresado. Hoy es capitán de los Servicios Médicos de las FAR, especialista en Medicina General Integral y en Medicina Intensiva y Emergencia.

Como la generalidad de los cubanos, alegre, jovial, divertido… joven al fin. Pero en igual intensidad es muy responsable, haciendo gala del carácter ético del Juramento hipocrático:

“Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones. Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí. Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica”.

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

Guillermo Pérez (a la derecha), junto a uno de sus compañeros en la batalla contra la COVID-19. (Cortesía del entrevistado).

Este compromiso es indispensable en cualquier centro de salud, pero muy especialmente en las unidades de cuidados intensivos. Por eso, cuando todos los medios de prensa tradicionales y las redes hablaban del ciudadano francés de 72 años Jack Gaetan Joseph Villiers, que se debatía entre la vida y la muerte, quienes le atendieron durante 15 de los 20 días de evolución, fueron los intensivistas los especialistas Raity Hernández y Guillermo Pérez.

Mientras disfruta de su descanso en familia del segundo, pudimos tener un breve intercambio ciclo de enfrentamiento a la COVID-19 en la zona roja. “El proceso de preparación fue complicado, por lo diferente que resultaba y la poca experiencia sobre una enfermedad como esta, tan letal y de rápida propagación. El 24 de marzo comencé a atender al turista Jack Gaetan, cuyo diagnóstico tenía criterio de gravedad. No veo lo hecho como algo extraordinario, sino como el cumplimiento de mi deber en estas circunstancias complejas”.

Pero muchas personas son testigos, y el propio Jack de los desvelos de estos jóvenes, que no descansaron en los 14 días de rotación de su brigada por Cuidados Intensivos. El paciente no podía distinguirlos debido al vestuario de rigor. No sabía cómo el rostro que se ocultaba tras la máscara, pero siempre sintió la voz afable y el trato profesional. De eso Guillermo no habla, pero los hechos son el mejor testimonio.

Vale decir que la salvación de este anciano que vino por mar, sol, playa y otros bellos paisajes, pudo constatar –por experiencia propia- la grandeza de los cubanos y la calidad de uno de los servicios emblemáticos del país: la Salud Pública. Gracias a ella pudo retornar a su nación.

Las colegas Bárbara Vasallo y Jessica Rufín, de Matanzas, describieron la partida del turista-paciente así: “Cuando caía la tarde de este miércoles 8 de abril, Jack Gaetan se despedía del equipo médico que cuidó y salvó su vida en el hospital militar Mario Muñoz Monroy de la ciudad de Matanzas, y confesó categóricamente que volvería a Cuba…

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

El paciente francés Jack Gaetan Joseph Villiers partió hacia su país el 8 de abril, con la promesa de volver a Cuba. (Foto: cubadebate.cu)

“Es la primera vez que veo el azul del cielo desde el 20 de marzo, agradezco a esos profesionales que luchan de día, de noche, todo el tiempo, fueron días muy duros entre la vida y la muerte, pero ya me siento bien”.

Es un capítulo importante para quehacer profesional de cualquier joven. Pero la vida continúa y otros pacientes llegan. “Una preocupación constante ha sido, en medio de la complejidad que tiene el enfrentamiento a un virus de tan alta transmisibilidad, lograr que no haya contagios, y lo hemos conseguido.

“Quiero hacer un reconocimiento especial al personal de Enfermería, muy jóvenes y excelentes trabajadores. Nada de lo que se logra en estas Unidades de Cuidados Intensivos sin su trabajo. Está claro que los especialistas, en equipos, toman decisiones, pero esa atención directa al paciente, desde suministrarle el medicamento, hasta asearlo y alimentarlo depende de ellos”.

-¿Saldo profesional?

-¡Experiencia única! Este tiempo de batalla contra la COVID-19 nos va a servir para enfrentar cualquier otra adversidad, porque nos ha obligado a estudiar, investigar, aportar, en un acercamiento mucho mayor a los científicos. Esa cooperación ha sido magnífica. Y el valor principal está en que hemos asumido el reto en nuestro propio país.

“SENTÍ MUY CERCA LA MUERTE”

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

El doctor Yoel Leyva cuenta su historia de médico devenido paciente. (Foto: cortesía del entrevistado).

Así comienza su diálogo el doctor Yoel Leyva Rodríguez, especialista de I Grado en Medicina General Integral, Máster en Terapia Intensiva, y Diplomado en Ultrasonido y Ventilación Mecánica del clínico quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, en la provincia de Holguín, al norte del Oriente cubano.

“De médico de cabecera de positivos a la COVID-19,  pasé a ser uno de los pacientes graves  con múltiples complicaciones por lo que fui ingresado en el Hospital Militar Dr. Fermín Valdez Domínguez,  donde comenzó el protocolo de tratamiento con todos los medicamentos necesarios, entre ellos el Interferón y el CIGB 258, que permitieron que fuera cediendo  la enfermedad.

-¿Qué experimentó al tener que pasar de médico a paciente?

-Es un cambio fuerte, sobre todo por el poco conocimiento acerca del coronavirus SARS-CoV-2. Pero el equipo médico es muy capaz humana y profesionalmente. De no ser así, no estaría contando mi historia

“He conocido y visitado varias clínicas y hospitales de primera generación durante las misiones internacionalistas, y cuando miro la dedicación de estos hombres y mujeres, reafirmo que este es una joya en la preparación y en la calidad humana de su personal. Todo funciona con la precisión de un reloj desde la encargada de hacer la limpieza con calidad extrema, hasta los enfermeros y enfermeras que suministra la medicación a la hora –igual que el aseo y la alimentación-, hasta su directora, quien está al tanto de todo”.

-¿Algún mensaje?

-Tengo el agradecimiento y la deuda eterna para los integrantes de este equipo, pero también hacia todos los que prestan servicios en la Salud, los colegas, y en general a los holguineros que tanto se preocuparon por mí. Les aseguro que estuve en un enfrentamiento en el que caí herido, pero no perdí la pelea. Estoy recuperándome y dispuesto a volver a la contienda contra la COVID 19.

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La despedida a los pacientes salvados deviene importante momento en todos los centros asistenciales.

VIVENCIAS DE UN PEDIATRA

En  oriental provincia de Holguín el primer paciente con síntomas del coronavirus SARS-CoV-2 acudió a consulta el 16 de marzo y fue confirmado el día 18; un turista canadiense de 57 años de edad. A partir de entonces comenzó el duro bregar, enfrentando a un enemigo poco conocido, cuyas “mañas” comenzaron a estudiar, no solo los médicos, sino también los científicos, y cuantos organismos fue preciso movilizar, en virtud de reducir al mínimo posible el mal.

Aquel primer paciente fue noticia. Era Michael Glosheter, quien se salvó luego de transitar el camino tortuoso que significa padecer los síntomas de la COVID-19. Cuando fue evacuado hacia su país, partió con gran satisfacción y dándole vítores a Cuba y a su gente. Holguín será una región que el norteño visitante recordará siempre con gratitud y cariño.

Pero es también una de las provincias de esta Isla caribeña, cuyo personal se preparó y ha trabajado bien, desde la prevención, hasta los cuidados en la llamada Zona Roja.

Hasta el momento de entrar en la fase recuperativa había registrado 94 casos -105 con los 11 procedentes de Las Tunas, que también se atendieron allí- positivos, con cuatro fallecidos de su territorio y uno del otro. El primero de los decesos ocurrió el cuatro de abril, y el último, el primero de mayo; el resto se ha recuperado.

En el total de los enfermos aparecieron 11 niños, atendidos y salvados en el Hospital Militar Dr. Fermín Valdés Domínguez. En primer ingresado que requirió la atención de los servicios pediátricos fue un gibareño de ocho años, contacto de un caso confirmado con anterioridad.

Los pequeños pasan la enfermedad sin las complicaciones de los ancianos o de las personas jóvenes con varias comorbilidades, como la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad y otras que, en no pocas ocasiones, complican la estabilidad del paciente.

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“La experiencia de trabajo en este tiempo ha sido inolvidable y muy enriquecedora, profesional y socialmente”, dice el doctor Alberto Rubén Piriz Assa, especialista en Medicina Intensivista y Emergencia Pediátrica en la provincia de Holguín. (Foto: Cortesía del entrevistado).

El Doctor en Ciencias Alberto Rubén Piriz Assa, experto del área de Pediatría en la provincia, comenta acerca de varios aspectos del tratamiento y se detiene en lo relacionado con la alimentación.

-¿Por qué ese específicamente?

-Porque la alimentación es parte de la atención y, en medio de las condiciones actuales, no resulta sencillo. En ocasiones, desde la directora, hasta los compañeros encargados de la logística se preocupaban por la toma de leche de un lactante, hasta cómo lograr que los pequeños comieran el puré de viandas indicado en la dieta. Si importante es la administración de los medicamentos, una adecuada.

“Todo funcionó como un perfecto engranaje, porque todos estábamos muy bien preparados y sabemos la misión a la cual nos hemos enfrentado.

-¿En su consideración como experto, cuál ha sido el mayor reto?

-Lograr una satisfacción plena en el binomio niño-madre. Por ejemplo, en ocasiones resultaba negativa al coronavirus SARS-CoV-2 prueba del niño y la de la madre, positiva. Enseguida se localizaba al padre y, si podía asumir el niño, le dábamos alta clínica. Si no había condiciones y no podía asumirlo, el chico se quedaba en el hospital; era un reto la bioseguridad.

-¿Algún hecho especial?

-El nacimiento de la bebé Natalia Milagro Zaldívar Hernández en el Hospital Militar Dr. Fermín Valdés Domínguez, y el primero en un centro asistencial de estas características en el Ejército Oriental. ¡Todo un acontecimiento! La niña y su mamá, Beatriz Hernández Concepción, gozan de un perfecto estado de salud.

“La experiencia de trabajo en este tiempo ha sido inolvidable y muy enriquecedora, profesional y socialmente”.

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

Tan importante como contar con un buen médico de cabecera, es disponer de un personal bien preparado es disponer de un personal diestro en el arte culinario.

 

Entre el blanco nieve y el verde intenso de la ZONA ROJA… la VIDA (II y final).

Cada vez que un paciente sale del peligro es frecuente ver escenas como esta.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo