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Publicado el 30 Junio, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Nacionales
 
 

GENTE: Remigio Ruiz Vergara

Sin colgar los guantes

Llegada la tercera edad, un jubilado decidió demostrar que los años no necesariamente merman la actividad neuronal. Su prolífica vida nos habla de una consagración total a la Cuba de Fidel
Su condición de políglota y profesor de idiomas le ha permitido a Remigio dar un nuevo sentido a su vida. (foto Cortesía del entrevistado).

Su condición de políglota y profesor de idiomas le ha permitido a Remigio dar un nuevo sentido a su vida. (foto Cortesía del entrevistado).

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Andaba como león enjaulado con una pregunta recurrente: Y ahora, ¿qué hago? No era muy agradable la perspectiva de andar mano sobre mano para alguien acostumbrado a no colgar nunca los guantes. Pero al teniente coronel retirado Remigio Ruiz Vergara le había llegado la jubilación con 65 años y todavía con muchas ganas de todo.

El apartamento se le hacía chico con tantas idas y venidas de la sala al cuarto hasta que, una fresca tarde la panorámica visual desde la ventana que da a San Ignacio, en La Habana Vieja, lo colocó frente a una posibilidad. Allí estaba la Universidad de San Gerónimo y, por asociación de ideas, luego de sopesar todas sus habilidades, cayó en la cuenta de que, siendo políglota, bien podría ponerse a dar clases de inglés, francés, portugués o italiano. Alumnos no le faltarían. Pensó con claridad, porque desde que comenzaron a llamarlo profe su ciclo vital ha dado un provechoso vuelco y recibido miles de alegrías.

Con el ánimo de que los lectores de Bohemia conozcan las singularidades de un hombre entregado a la Revolución y que ha dado cientos de tumbos con desenlaces gratificantes, la revista de la familia cubana contactó con tan singular personaje.

El magisterio, una bella profesión

Lleva ya más de una década dando clases de idiomas. Aquí la historia tampoco deja de asombrar. El inglés le llega por una vecina de origen jamaicano. Rememora que se trataba de “una señora culta y muy elegante que en Canadá había ejercido el magisterio y una vez en Cuba se fijó en mí. Resulté un alumno aventajado, que a los 10 años hablaba fluidamente y dominaba la gramática inglesa, lo cual me ayudó con el español al llegar al Bachillerato y cimentó mi gusto por las lenguas extranjeras”.

El portugués lo aprende durante la misión internacionalista en Angola. Allá incluso se gradúa en esa lengua en la Universidad de Luanda, en el curso para extranjeros. Me comenta que siendo un oficial de las FAR cargaba con las tareas en la mochila. Nada impidió que cumpliera con sus obligaciones universitarias, ni su cargo como oficial de operaciones de la Misión Militar, pues era el enlace de esta con la Jefatura del Frente Sur, es decir con la dirección principal de las acciones combativas contra las unidades de la Unita y las fuerzas de apoyo del Ejército sudafricano. El portugués lo sacó de más de un aprieto y fue tanta su consagración en lo militar que por su participación en la gesta internacionalista 1975-80 se le otorga la medalla de Primera Clase por Acciones Combativas.

En cuanto al francés, lo adquiere en una etapa diferente de paz, desde su puesto de embajador en Burkina Faso, y el italiano en la habanera academia Dante Alighieri. Sin duda, al teniente coronel retirado los idiomas se le “pintan solos”.

Remigio explica que en 2006 decide obtener su licencia en la ONAT, a lo cual le siguió la reorganización del hogar. “En la sala instalé el aula y habilité cinco espacios, pues el criterio docente con el que nace mi escuela es el de enseñanza personalizada”. Especifica que “la mejor divulgación ha sido el reconocimiento de los graduados al ofrecer referencias a personas conocidas o no. También se inician extranjeros que, nuevos residentes en la capital o turistas repitentes, quieren o necesitan comunicarse en español”. A estos últimos les imparte vocabulario de la calle, con los refranes más identitarios de nuestra socialización, todo un banquete lingüístico. Puntualiza que al finalizar el curso básico de ocho meses le otorga a los alumnos un certificado acreditativo, el cual ha sido bien acogido en dependencias del sector no estatal.

Pero este activo hombre de 79 años no se ha dedicado solamente a repetir como “un papagayo” las lecciones. Para impartir el inglés ideó un cursillo de Fonética Especial. Su método ha impactado a los discípulos, por haberles abierto el camino para abordar el aspecto más complejo de cualquier idioma. La incursión en la metodología se debió a varias “broncas con alumnos, que no pocas veces me discutían la correcta pronunciación de determinado vocablo. Entonces comprendí que tenía que resolver el problema y aclararles que de esa misma palabra podían existir tres pronunciaciones diferentes y las tres serían correctas como el caso del vocablo agua (water)”. En este punto se detiene, porque Remigio consolida conocimientos de muchos estudiantes egresados de las “escuelas oficiales, como la Alianza Francesa o la Dante Alighieri”.

Qué ha significado esa misión autoimpuesta, indago, y él enseguida acude a los adjetivos que tan profusamente se le dan: increíble, grandiosa. “Esta labor me ha llevado a trabajar como una maquinaria de reloj, pero da lindos frutos. Con el magisterio uno constata la fuerza de la ascendencia, de la autoridad moral y de la influencia psicoemocional del profe en el alumnado”. Y ejemplifica: “A veces los estudiantes piden consejos e ideas que les ayuden, más allá del estudio idiomático, en el abordaje de situaciones muy personales, algo fantástico, nunca antes soñado por mí, y son esos un estímulo adicional a la satisfacción de verlos hablar y escribir en otra lengua”.

Por tierras africanas

El papa Juan Pablo II le comunica al entrevistado su intención de viajar a Cuba, en lo que se conoce como un acontecimiento histórico. (foto Cortesía del entrevistado).

El papa Juan Pablo II le comunica al entrevistado su intención de viajar a Cuba, en lo que se conoce como un acontecimiento histórico. (foto Cortesía del entrevistado).

Al hoy oficial jubilado, pero en “receso” activo, los idiomas lo han sacado de más de un apuro o situación excepcional. Siendo embajador en Burkina Faso, allá por 1990, el papa Juan Pablo II visitó ese país del Sahel, noroccidente africano, y la mayoría de las legaciones diplomáticas le rindieron honores. Entre los privilegiados estuvo nuestro entrevistado, quien le dio la bienvenida en nombre de todo el cuerpo diplomático. El discurso lo pronunció en francés, lengua oficial de la nación anfitriona. Rememora que, durante la cena de Estado ofrecida ante el presidente del país, el sumo pontífice lo felicitó por la pureza del francés. “En un aparte conmigo –cuenta Remigio–, me preguntó por Fidel y en español me comentó que tenía establecida la idea de viajar a la Isla para reunirse con su rebaño y el pueblo, y también para intercambiar con el Comandante”. Y ya se sabe lo que aconteció en La Habana. Su frase “Que Cuba se abra al mundo, y el mundo a Cuba” cambió muchas cosas para bien. Por eso Remigio conserva esa anécdota como otra forma de servir a la patria. De Su Santidad guarda su gentileza: “Nunca olvidaré cómo sus ojos me trasladaban una sensación de felicidad”.

Un paso al frente

La hoja de servicio de Remigio Ruiz Vergara es similar al currículo de un actor, que tiene que desdoblarse en varios papeles sin dejar de ser él mismo. Para comenzar, hay que decir que nace en 1941 en el pueblito de San Antonio de las Vueltas, en la antigua provincia de Las Villas.

Su hogar fue como el de la mayoría de la población: “Muy pobre, en la periferia del vecindario, con piso de tierra, techo de guano y paredes de tablas de palma real. Mi madre, obrera en las escogidas de hojas del tabaco, y mi padrastro, obrero agrícola como machetero en las zafras cañeras que tenían lugar en Camagüey”. Refiere que con siete añitos él debió “trabajar como mensajero de vecinos pudientes, los que me pagaban por realizar sus compras con exactitud y puntualidad. Ese fue mi escenario infantil, feliz pero muy duro, con cuatro hermanos que alimentar”. Logra romper el círculo vicioso de la miseria al mudarse, con 10 años, para Ciego de Ávila, a la casa de una tía rica, costumbre habitual en el lastimoso paisaje prerrevolucionario.

Sin embargo, el calvario no duró para siempre, porque el “Comandante ganó la guerra y Cuba se transformó”, y con ella la vida de Remigio, quien de 1959 a 1962 fue el responsable de la sección estudiantil del MR-26 en el Instituto de Segunda Enseñanza de Ciego de Ávila. Allí fue el presidente municipal de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, y posteriormente en Camagüey se desempeñó como secretario general del Comité Provincial de la UJC. Más tarde, integró el Buró Nacional como secretario de Relaciones Exteriores.

Merece un lugarcito especial en sus añoranzas la Columna Juvenil del Centenario (1969-1973), donde se desempeña en varios puestos, desde jefe de Trabajo Político hasta jefe de Estado Mayor Nacional, directamente bajo el liderazgo de Jaime Crombet.  En el plano humano, recuerda cómo aquellos jóvenes, de entre 17 y 21 años, la mayoría sin vínculos laborales anteriores, se convierten en la fuerza más productiva del país en la agricultura, con una participación de más de 250 000.

En 1980, Raúl Castro visita a la División FAR de Ciego de Ávila, de la cual Remigio (segundo a la izquierda) fue jefe militar. (foto Cortesía del entrevistado).

En 1980, Raúl Castro visita a la División FAR de Ciego de Ávila, de la cual Remigio (segundo a la izquierda) fue jefe militar. (foto Cortesía del entrevistado).

“Los columnistas superaban a los cuadros de mando y lograban sobrecumplimientos impresionantes. No en balde de entre ellos salió un número considerable de Héroes del Trabajo. Al llamado de Fidel, aquellos jóvenes trabajaban desde la madrugada hasta la caída del sol, en jornadas de entre 10 y 12 horas”. Esta experiencia sin duda talla el carácter de un ser que se llama asimismo abuelito, pero que tiene la energía de un bisoño.

Con Raúl en altamar

“Entre 1964 y 1966, como miembro del Comité Nacional de la UJC fui designado el representante juvenil cubano ante la organización homóloga soviética, conocida como Konsomol. Además, se me asigna a la vez como primer secretario en la embajada de la Isla en Moscú”. Y de nuevo un idioma se le tropieza en el camino: el ruso. El entrevistado rememora que tenía como tarea la “atención política a los miles de becarios que, en 13 de las 15 repúblicas de la URSS, se preparaban en carreras universitarias”.

Cuenta que venían a Cuba de vacaciones invariablemente en un barco llamado Gruzia. Remigio se remonta atrás y parece que reedita la experiencia: “Resulta que en octubre de 1965, en el viaje de regreso del descanso en ‘Cubita la bella’ de unos 650 becarios, en ese barco estuvo Raúl Castro Ruz, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo cual revistió a la travesía de un “manto de reserva y compartimentación”, por las necesarias medidas de seguridad; no obstante, como yo viajaba al frente de los jóvenes, en esos 16 días de travesía pude acceder a la figura del hoy primer secretario del Partido Comunista de Cuba, y comprobar la sencillez de nuestros máximos dirigentes, apegados a las necesidades del pueblo”.

Y remata esa afirmación con otro episodio que califica de único, “con un valor histórico muy relevante, porque al Raúl estar navegando hacia la Unión Soviética no pudo estar presente durante la lectura por Fidel de la carta de despedida del Che, ni en la constitución del Comité Central del Partido, que adopta el nombre de Comunista. Fue en el navío donde se conoce que Raúl continúa siendo parte de esa vanguardia, orgullo de los revolucionarios cubanos”.

Batalla emprendida junto a Fidel

Remigio Ruiz Vergara, primero a la izquierda, junto a Fidel en la Cumbre de la ONU sobre Desarrollo en Dinamarca, 1994. (foto Cortesía del entrevistado).

Remigio Ruiz Vergara, primero a la izquierda, junto a Fidel en la Cumbre de la ONU sobre Desarrollo en Dinamarca, 1994. (foto Cortesía del entrevistado).

Sus saberes idiomáticos tendieron puentes y simpatías hacia la Revolución Cubana también en Europa. Acompañó a Fidel a una trascendental Cumbre de las Naciones Unidas que tuvo lugar en 1994 en Copenhague, Dinamarca, desde su cargo de director político de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina, Ospaaal (1993-1995).

Narra que la cita devino tribuna para que nuestro país enarbolara desde entonces como suyas causas tan heroicas como la palestina o la saharaui, y propicia esclarecimientos sobre la ferocidad del bloqueo estadounidense contra la mayor de las Antillas. “Aquello fue una fiesta de amistad. Nos alojamos en casas de familias danesas del movimiento de solidaridad con Cuba; resultó muy gratificante y, como era de esperarse, Fidel fue el centro”.

La tesis fundamental del líder cubano consistió en diferenciar crecimiento económico de desarrollo económico, porque precisamente la Cumbre estaba dedicada a ese último aspecto asociado al bienestar humano. “Su discurso –evoca Remigio– fue el más aplaudido y publicitado. Fidel demuestra que países con crecimientos económicos modestos y limitados en recursos naturales y falta de financiamientos de las instituciones crediticias podían, si aplican políticas de Estado justas, mostrar desarrollos apreciables debido a una equitativa redistribución de las riquezas”.

El Comandante en Jefe, describe este políglota que ha puesto sus conocimientos al servicio de la humanidad, denuncia que “allí donde las utilidades de los emprendimientos económicos eran representados por el mercado, esos crecimientos bien poco personificaban un nivel aceptable de desarrollo social, por la inequidad en la apropiación de bienes y servicios de parte de las oligarquías, y ponía los ejemplos diametralmente opuestos del grado de bienestar logrado en Cuba, que con poco hace mucho, mientras que en América Latina los crecimientos, usados como vitrinas, realmente la ubicaban como la región económica más desigual del planeta, lo que se mantiene hasta hoy”.

Dice Remigio Ruiz Vergara que nunca antes como en 1994, junto a Fidel, había sentido tanto orgullo de exclamar en varios idiomas: “¡Viva Cuba Libre”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda