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Publicado el 17 Julio, 2020 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. Desde el disfrute, pensar como país

Verano piscina distancias

(Foto: Trabajadores)

En Cuba decir verano es más que el nombre de una estación del año muy calurosa. Por su coincidencia con el período vacacional de niños, jóvenes y un gran número de trabajadores, los habitantes de esta tierra caribeña relacionan la etapa estival con paseos, baños de mar -o piscina-, encuentros familiares y de amigos, fiestas, viajes, en fin, todo lo postergado mientras se estudiaba y/o laboraba en los meses precedentes.

Sin embargo, y lamentablemente, la COVID-19 en Cuba y otras muchas latitudes, todavía no es un mal del pasado. Aun cuando su comportamiento en nuestro país sea el más favorable, gracias a la gestión sostenida y conjunta del Estado, el Gobierno, diversas instituciones (de la salud, científicas, educacionales, de orden público, legales, entre otras) y buena parte de la población, el peligro no ha sido superado. La incidencia de la enfermedad se aprecia sobre todo en La Habana, pero sobrados ejemplos demuestran cuán fácilmente podría propagarse a otras zonas del archipiélago.

De modo que el virus sigue ahí, obligándonos a usar el nasobuco y aprender a sonreír con la mirada; marcando el paso al más mínimo desliz, a la imprudencia, al desorden.

Este verano, sin duda totalmente atípico, merece ser disfrutado, aprovechado y vivido con perspicacia, creatividad y la misma unidad que nos ha mantenido donde estamos, de pie y guerreando, a lo largo de más de seis décadas.

Es cierto que a los cubanos y las cubanas nos encanta el besuqueo y siempre hallamos pretexto para un abrazo o un estrechón de manos. Que con solo unos traguitos, “una lata y un palo” -como dice la canción popular- hay fiesta hasta el amanecer; y casi sin percatarnos terminamos apilonados como abejas en enjambre.

Pero la realidad, tras casi cuatro meses de dura batalla contra un enemigo microscópico y letal, nos insta a atender con responsabilidad, disciplina y pensamiento positivo esta nueva normalidad que, precisamente por inédita, demanda de todos hacer frente a los actuales desafíos y una visión diferente hacia algo tan común y cotidiano en la vida de un ser humano: disfrutar del tiempo libre a plenitud y de forma provechosa.

Por eso, si asumimos en los espacios públicos el distanciamiento físico -más que como una necesidad sanitaria, como una postura de respeto hacia la individualidad de las personas- y aceptamos, de una vez y por todas, el uso de la mascarilla como un complemento de nuestro vestuario, además de expresar amor y consideración al prójimo, daremos una lección de educación y, sobre todo, de cultura.

Cada familia, cada individuo en lo particular, tendrá la opción de elegir qué hacer en sus días de ocio, sin descuidar el ahorro de agua, electricidad y todo cuanto constituya un gasto para la economía familiar y la de toda la nación. También desde el sano disfrute es posible pensar como país.

Algunos optarán por quedarse en el hogar junto a los seres queridos, o leyendo, con la contribución de las habituales Lecturas de Verano y el Instituto Cubano del Libro que proponen la posibilidad de descargar de forma gratuita 145 títulos en el sitio web de Cubaliteraria; otros, preferirán las salidas a restaurantes, los recorridos por parques temáticos y museos virtuales, las visitas a salas de computación y los Joven Club, los reencuentros con la naturaleza en los campismos o los refrescantes chapuzones en ríos, playas o piscinas, así como participar en exhibiciones deportivas.

En todos los lugares donde cada quien decida pasar un momento de solaz, las medidas higiénico-sanitarias deberán respetarse, acatarse, no solo por ser un mandato de la ley, sino una manera inteligente y madura de demostrar que no fueron en vano las difíciles jornadas de cuarentena; el esfuerzo de todo un Gobierno y su pueblo ante una pandemia que ha puesto patas arriba los sistemas de salud más sólidos, aparentemente, del planeta.

Entonces, los aplausos de las 9:00 de la noche a nuestro ejército de batas blancas, sí serán en verdad genuinamente sinceros. Que la expresión “Verano por la vida”, distintiva de este 2020, conduzca al disfrute con alegría y sensatez.


Redacción Digital

 
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