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Publicado el 6 Agosto, 2020 por Jeiddy Martinez Armas en Nacionales
 
 

COVID-19

Bauta duele

El azote de la COVID-19 en este municipio artemiseño nos indica que en el enfrentamiento a la pandemia no hay precaución que sea excesiva
Restaurante en Bauta

Bauta en cuarentena por la pandemia. Foto: JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS.

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Nombrar a nuestro pueblo siempre nos ha llenado de orgullo, porque somos gente emprendedora, de grandes valores. Personas de aquí, del terruño, han sobresalido en la cultura, el deporte, la ciencia y en otros sectores dentro del país y fuera de este.

Habitualmente este es uno de los lugares más concurridos en el municipio. (Foto: JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS)

Duele esta cuarentena, sobre todo cuando muchos han tomado las medidas higiénicas y de distanciamiento social necesarias, pero otros no. Lacera ver vacías nuestras calles, que normalmente son bulliciosas y alegres. En un recorrido por el pueblo pude percatarme de que en el parque central, siempre lleno de jóvenes conectados a Internet, solo se sentía el rumor del viento. La luz del sol rozaba la cima de la histórica iglesia ubicada en el centro del lugar, ¿acaso como una señal de esperanza?

Los únicos seres humanos cercanos eran los choferes de los ómnibus parqueados justo en la esquina del policlínico municipal, encargados de recoger a los contactos de los positivos al SARS-CoV-2. En uno de los vehículos varias personas sonrieron a la cámara cuando desde la otra acera yo tomaba algunas imágenes.

Omnibus

Estos ómnibus transportan hacia los centros del aislamiento a los contactos de los contagiados por la COVID-19. (Foto: JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS)

Justo enfrente está el vetusto parque El Sardiné, donde se erige una de las primeras esculturas dedicadas a las madres en el país. Ahora aquel lugar se ve sombrío. Negocios y tiendas cercanas cerrados obligatoriamente, algo inaudito aquí, pues Bauta siempre ha sido el antónimo de pueblo fantasma. Antes de la llegada de la COVID-19, éramos un municipio que no dormía, con alma propia, lo somos aún, aunque estemos ahora en pausa.

Solo las personas autorizadas pueden salir de sus casas, las autoridades se encargan de hacer cumplir este protocolo de cuarentena para que no se propague más el virus.

Bauta

Resulta extraño ver la avenida 251 tan vacía. (Foto: JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS)

Durante mi recorrido pocos bautenses estaban en la vía pública, aunque creo que incluso así había demasiados: algunos en motos eléctricas o parados en una esquina, varios portaban una credencial visible que los autorizaba, otros no. La responsabilidad individual debe ser mayor en esta situación de extremo peligro, Bauta es un municipio demasiado grande y se necesitarían cientos de agentes del orden para lograr realmente que nadie se escape de la cuarentena.

Ya en calles menos céntricas un camión de plátanos abastecía el vecindario, varias personas esperaban en la acera con sus mascarillas, pero sin el debido distanciamiento social, formando un pequeño tumulto. Aunque la COVID-19 es un virus que puede ser letal, la percepción del enorme riesgo que representa creo que no es suficiente aún para ellos, al igual que para muchos de mis coterráneos.

Playa Baracoa

Playa Baracoa es uno de los sitios recreativos de la localidad más visitados en época estival. (Foto: Página de facebook: @Rauden González Vazquez)

Vuelvo a la casa medio deshidratada, porque el sol de Bauta no toma vacaciones. Me conecto a Internet, veo en Facebook las fotos de playa Baracoa, escenario de alegrías familiares para los de aquí y los habitantes de municipios aledaños en cada verano; tiene una bandera roja desde el 28 de julio en que se decretara también cuarentena total en este Consejo Popular. Observo esa playita, la cual visito desde mi infancia asiduamente, y pienso que el de 2020 no solo ha sido “un verano diferente” para los bautenses; este período estival se esfumó, quedó inconcluso como en tantas partes del país o del mundo. Hasta el más fuerte de carácter suspiraría ahora mismo por aquel modesto pedazo mar, al menos yo así lo hago.

El 20 de julio la fase tres de la recuperación había comenzado en toda la provincia de Artemisa. Solo dos días después se decretó la cuarentena. Imposible olvidar aquella jornada. “Nadie sale ni entra de Bauta”, repetían los vecinos y nos aclaraban las noticias. A los habitantes del municipio nos tomó por sorpresa y nos impactó psicológicamente.

Se reitera que los culpables fueron quienes asistieron a una fiesta, pero una gran parte de los pobladores caminábamos por las calles, hacíamos la cola para el pollo o los productos de aseo, sin el debido distanciamiento, e incluso algunos visitábamos La Habana, por obligación o placer, confiados en que la pandemia había “acabado”. Portábamos el tapaboca seguramente, pero ¿cuántas personas han enfermado del virus inclusive de esta manera? Más de las que imaginamos.

A pesar de que el transporte público hacia la capital estaba suspendido para evitar un contagio a la población de Bauta, la comunicación con La Habana desde que allí comenzó la fase uno siguió siendo posible mediante los carros de alquiler que iban hasta La Lisa.

Parque El Sardiné, en Bauta

Parque El Sardiné, uno de los más antiguos y céntricos de Bauta. (Foto: JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS)

¿Y si me hubiese contagiado antes de la cuarentena? Yo, como tantos, fui a la playa en tres ocasiones, a la tienda y a las casas de mi familia y amigos, a algunos hasta los abracé ¿Y si ya tengo la enfermedad y no me he enterado? Un gran por ciento de los contaminados por la actual pandemia pueden ser asintomáticos o presentar solo síntomas leves, según datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A mis vecinos, justo en la acera de enfrente, ya les hicieron el test rápido, porque esa manzana es una de las afectadas por la COVID-19. Esta prueba gratuita la irán realizando paulatinamente en los diferentes Consejos Populares. Cualquiera de los 28 mil habitantes del municipio pudiera ser en los próximos días un número más en las estadísticas que ofrece el doctor Durán.

El temor lógico en la situación actual, ligado con el estrés del encierro, a pesar de atenuarse no desaparece del todo, me hace más precavida, porque este virus puede matar; así lo ha hecho en demasía en otras partes de nuestro continente, Europa y Asia. Y aún se estudian las secuelas que a menudo deja en el organismo de los sobrevivientes.

A pesar del desasosiego, me siento protegida en casa, pues mediante dos mensajeras voluntarias de mi barrio, bajo la orientación del delegado de la circunscripción, llegan a mi hogar a diario alimentos y artículos indispensables.

Desde el portal de nuestras viviendas vemos pasar las ambulancias que buscan a los contagiados y los ómnibus que recogen a los contactos. Aunque en la prensa no se publiquen sus nombres, quienes vivimos aquí sabemos quiénes son: personas que viven a pocas cuadras, que compran en la misma bodega, en la misma tienda, o vemos en las reuniones de la circunscripción.

Ahora me levanto de la computadora, aunque no he salido de casa hoy, me vuelvo a lavar las manos, por si acaso, con este virus siempre es mejor precaver.

Estar en el epicentro de la noticia pudiera ser un sueño cumplido para cualquier periodista, pero cuando te das cuentas de que existe una verdadera zona de desastre dentro de tu propio terruño, sientes un dolor en el corazón, te quedas en shock, las palabras desaparecen.


Jeiddy Martinez Armas

 
Jeiddy Martinez Armas