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Publicado el 31 Agosto, 2020 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. El desafío de volver a las aulas

Escolares con nasobuco

Foto: .periodicovictoria.cu

El rebrote de la COVID-19 ocurrido sobre todo en La Habana y Artemisa, a partir de los eventos de transmisión local aparecidos en esas provincias desde finales de julio y principios de agosto, significó no solo un incremento notable en el número de personas contagiadas con la enfermedad, sino la dispersión de esta por varios municipios, fundamentalmente de la capital.

Ante esa situación fue necesario aumentar en el territorio nacional la cifra diaria de pruebas para el diagnóstico de virus SARS-CoV-2 y el número de laboratorios de biología molecular donde son procesadas las muestras. También se ampliaron las capacidades para aislar a las personas sospechosas de padecer la enfermedad y a los contactos de los casos confirmados, y se destinaron otros hospitales para la atención de pacientes adultos y en edades pediátricas.

Estas y otras decisiones demandaron un incremento de los ya cuantiosos recursos financieros destinados en el país para la prevención y el control de la epidemia (desde marzo hasta finales de julio el presupuesto del Estado erogó más de mil millones de pesos para respaldar esos gastos), lo cual ocurre en medio de las afectaciones que enfrenta la Isla debido a la crisis económica global y la agresividad creciente del bloqueo de Estados Unidos.

La reflexión acerca del tema cobra mayor significado cuando en el análisis de las causas que originan un evento de transmisión local y la manera en que cada persona contagiada adquirió el virus, siempre aparecen violaciones de las medidas higiénico-sanitarias establecidas que demuestran comportamientos irresponsables de no pocos individuos.

Percepción del riesgo

La falta de percepción del riesgo en parte de la población preocupa, más cuando en la mayoría de las provincias (excepto La Habana) y el municipio especial de Isla de la Juventud se reinicia el curso escolar 2019-2020, teniendo en cuenta que esos territorios transitan por la fase de recuperación desde hace varias semanas y mantienen indicadores sanitarios favorables.

Volver a las aulas es un desafío que supone ser aún más cuidadosos y exigentes para evitar la aparición de focos o eventos de transmisión local en ese entorno.

Como han subrayado las autoridades sanitarias nacionales e internacionales, eliminar el peligro que significa para la vida humana el SARS-CoV-2 es un anhelo que todavía demoraremos en alcanzar, por lo que retomar las actividades cotidianas representa aprender a convivir con el virus, o sea, poner en práctica lo orientado para protegerse y, a la vez, cuidar a los demás.

En correspondencia con esa realidad se han preparado los directivos y trabajadores del sector educacional. Junto a la reorganización de los horarios docentes y la búsqueda de alternativas para garantizar el distanciamiento físico de los alumnos, se han resuelto problemas relacionados con las instalaciones hidrosanitarias y el suministro de agua en un número significativo de planteles.

Labor educativa sistemática

Sin embargo, la tarea más ardua que deben realizar es la labor educativa sistemática con los estudiantes y, en general, con todo el personal, a fin de que se comprenda la importancia de usar el nasobuco, lavarse las manos con frecuencia, desinfectar las superficies y no acudir al centro si presentan afecciones respiratorias, entre otras regulaciones, cuyo cumplimiento riguroso deberá ser supervisado en cada lugar por las autoridades sanitarias competentes.

Como ha ocurrido en otros centros laborales, si en una institución educacional se viola alguna de las normas establecidas para evitar la infección con la COVID-19 se pone en riesgo la salud de los estudiantes y los trabajadores, de sus familiares, y hasta de la comunidad, por lo que el menor desliz puede originar una cadena de contagios tan extensa como dolorosa.

Pero no se trata solo de lo que la escuela está obligada a garantizar, sino de mantener una conducta responsable en todos los espacios donde transcurre la vida de las personas, y en esto tiene un papel fundamental la familia, la cual debe contribuir con su actuar consecuente a que cada centro educacional sea un lugar seguro también ante el virus que nos acecha.


Redacción Digital

 
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