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Publicado el 23 Agosto, 2020 por María de las Nieves Galá León en Nacionales
 
 

VERÓNICA MAÍZ, mensajera del amor

Hace unos meses, en horario similar recibía sus clases en la Facultad de Turismo, en la Universidad de La Habana, donde cursa el segundo año, pero la pandemia, lo transformó todo.
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VERÓNICA MAÍZ, mensajera del amor.Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Con soltura, Verónica Maíz Fernández cuenta las libretas de la bodega y las echa en el bolso. Son 22 y pertenecen a personas vulnerables, a las que apoya de forma voluntaria desde que se decretó la COVID-19. Viste cómodamente: zapatillas, licra, pulóver y, por supuesto, nasobuco. A veces, antes de salir a la calle, para hacer sus labores como mensajera, se pone una gorra para protegerse del sol.

Hace unos meses, en horario similar recibía sus clases en la Facultad de Turismo, en la Universidad de La Habana, donde cursa el segundo año, pero la pandemia, lo transformó todo.

Vecina de la calle 54, en el municipio capitalino de Playa, muy pocos la conocían. Más bien delgada, de estatura baja y seria, la joven andaba de las clases a la casa y cuando le quedaba tiempo, ayudaba en algunos quehaceres del hogar.

“Realmente, a veces en el día a día de la ciudad, no te relacionas tanto, no tienes esa cercanía; pero se decretó el aislamiento social, y pensé que podía ayudar. Así fue cómo surgió esto. A la mayoría de ellos no los identificaba; a otros sí porque mi mamá es estomatóloga y los atiende. Ahora tengo un montón de abuelos”.

Lo dice con una felicidad que le hace brillar los ojos, mientras busca el carrito de los mandados, y se engancha en el hombro la jaba donde lleva las libretas. Se apura, pues ya Carlos Miguel Acosta, el bodeguero, la espera para que haga las compras. Por suerte, el establecimiento le queda cerca y cuando llega, la reciben con una sonrisa. Con su desprendimiento y altruismo ha ganado el cariño de todos.

De corazón

VERÓNICA MAÍZ, mensajera del amor.

Activistas de la FMC se convirtieron en mensajeras voluntarias para auxiliar a personas vulnerables.

Según nos contó, en el barrio se conformó espontáneamente un grupo de mujeres, que empezó a auxiliar, sobre todo, a adultos mayores. “La iniciativa contó con el apoyo de la doctora del consultorio, la FMC, el Partido y los CDR”.

Lázaro Igor Fernández, delegado de la circunscripción 25, reafirma lo planteado por ella y destaca la disciplina y entrega del grupo de voluntarias. Recuerda que para ese fin coordinaron con las administraciones de la farmacia, la bodega, la carnicería y el agromercado. “Se designó un horario para venderles la mercancía, de forma tal que no afectara a la población”.

La sensibilidad de Verónica conmueve. Los ojos se le nublan y llora cuando empieza a contar las historias. “Me demoro una hora y pico en el recorrido; no solo es llevarles las medicinas o los alimentos, porque hablo con ellas y ellos; conozco sus historias. No porque me ponga a investigar, de forma natural me comentan sus cosas, yo les hablo de mi vida.

“Todos tenemos problemas y en situaciones como estas, te das cuenta de las dificultades que tienen los demás. A veces son problemas que se me van de las manos y no puedo darles solución; pero (vuelve a llorar, se seca las lágrimas) son cuestiones muy sensibles, y dar una repuesta es muy complejo”.

VERÓNICA MAÍZ, mensajera del amor.

Carlos Miguel Acosta, de la bodega 329, admira la disciplina de la muchacha.

Muchas escenas le han marcado el corazón. “No se me olvida, una señora que tiene cáncer y está operada. Un día llegué a su casa y me dijo: ‘mañana no voy a estar aquí, me llamaron del Oncológico, me tienen que poner un suero’. Eso me impresionó. Después, me miró y exclamó: ‘¡pero tengo miedo de salir, de contagiarme y que me pase algo!’. Eso fue difícil, porque yo únicamente podía animarla.

“Mi mamá me consiguió unos guantes y se los regalamos para que se sintiera más segura. No podía hacer nada más que hablar con ella, decirle que tomara todas las medidas y que todo iba a salir bien. ¡Aquello fue muy fuerte! Cuando regresó de hacerse el tratamiento, la llamé y me comentó que se sentía mal, tenía vómitos debido a la quimioterapia. Y yo también me sentí mal… Te compenetras con ellos cual si fuera tu familia.

“En una oportunidad, en el agro me encontré un señor de más de 60 años y cuando yo cogía las jabas para ponerlas en el carro, él me interpeló: ‘No, no, déjelas ahí, que yo voy a cargarlas’ y después, sin darme tiempo, agregó: ‘ya he visto cómo tú trabajas’. Era un señor del barrio, que no identifiqué, pero me ha visto trabajando. Cuando terminó con las jabas, añadió: ‘gracias por lo que haces, muchas felicidades’. Otros dos muchachos también me han ayudado: Antuán y Reinier.

“Yo nunca había ido tantas veces a la farmacia, a la bodega o al agro; ahora conozco muy bien a todos los que ahí laboran. Tampoco sé comprar viandas, no sé cuándo el plátano o la yuca sirven; no es lo mismo adquirir productos para una, que para otra persona. Pero me esfuerzo, antes de ir, los llamo a su casa para saber qué quieren, y en dependencia de eso, adquiero los productos.

Las abuelas dicen

VERÓNICA MAÍZ, mensajera del amor.

Némides Centeno asegura que Verónica es como una hija.

Némides Centeno tiene puesta una gorra, sale poco a la calle, pero siempre la usa. Confiesa que cuando comenzó la pandemia, sintió pánico porque vive sola y estaba obligada a buscar sus alimentos y medicinas.

Con problemas de salud, respira ahora tranquilidad y agradece la bondad de Verónica: “Desde que esta niña se paró en la puerta de mi casa sentí que llegó un ángel, una hija. Es increíble, viviendo tan cerca, no sabía de su existencia. Lo comenté a mis dos hijas y al resto de la familia que vive fuera y se sorprendieron. Todos saben de la existencia de este gran ser humano”.

Ángela Aurora Arilla también pondera la actitud de la joven. Con serios problemas de enfermedad, tanto ella como su esposo, confiesa que la muchacha fue una luz en medio de la tempestad. “Las voluntarias han sido extraordinarias, gracias a ellas no hemos tenido que hacer colas para medicamentos, viandas… en su caso ha sido maravilloso. No importa si es día de las madres o de los padres; bajo lluvia o sol”.

Desde un inicio, Verónica tuvo la anuencia de su madre, Marta Elena Fernández. “Esos valores vienen de la cuna; yo los tengo de mis padres, de mis abuelos. Nos gusta ayudar. Solo insistí en que adoptara las medidas de protección. En casa también me ayuda con mi mamá que está en cama, así que establecimos una rutina, la cual nos ha permitido llegar hasta aquí sin problema alguno”.

Ya la joven se tomó unas merecidas vacaciones y fue propuesta para la Distinción 23 de agosto que otorga la FMC. Claro que extrañará, me dijo, y no dejará de preocuparse por ese montón de abuelos que la COVID-19 le ha permitido ganarse.

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María de las Nieves Galá León

 
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