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Publicado el 18 Septiembre, 2020 por ACN en Nacionales
 
 

Ciego de Ávila, Ciencia y Salud ahí; la prudencia ¿dónde?

¿Cómo entender, a casi un mes de iniciado el rebrote, que desde el primer día marcó su carácter agresivo y diseminador, alguien reconozca hasta 30 contactos, que un niño de tres años tenga 20, sin salir de su casa y que en sentido general ninguno de los que han enfermado ha bajado de 10?
Urge que en Ciego de Ávila el acto mayor sea la prudencia

Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS

Por MAGALY ZAMORA MOREJÓN

Con un despegue inusitado de casos positivos a la COVID-19, de  proporciones todavía indeterminadas, Ciego de Ávila se ha posicionado en el epicentro de la pandemia en Cuba, como si quisiera desmentir el enorme esfuerzo desarrollado por el país para enfrentar la enfermedad y minimizar sus consecuencias.

Claro, podría decir alguien, que nadie quiere enfermar, pero cuando se actúa con irreverencia ante un fenómeno que prácticamente ha paralizado a naciones enteras y de mayor desarrollo que nuestra Isla, no pueden esperarse  resultados diferentes.

¿Cómo entender que a casi un  mes de  iniciado el rebrote,  que desde el primer día marcó su carácter agresivo y diseminador, alguien reconozca  hasta 30 contactos, que un niño de tres años tenga 20, sin salir de su casa  y que en sentido general ninguno de los que han enfermado ha bajado de 10 ?

¿A dónde fue a parar el sentido de la responsabilidad individual y la respuesta al llamado, que desde el mismo comienzo de la epidemia en el país, en el mes de marzo pasado, han realizado las autoridades nacionales y de la provincia y que se repite hasta el cansancio  por los medios de difusión?

También falta, y hay que reconocerlo,  la previsión oportuna de algunas esferas administrativas y el empeño, celeridad y seriedad  en muchos casos para llevar a la práctica en instancias intermedias y de base las orientaciones emanadas de los Consejos de Defensa.

El diseño de una buena estrategia no basta si quienes tienen que ejecutarla lo toman a la ligera o inflan, como han acostumbrado en más de una ocasión datos, planes y compromisos que nunca serán capaces de realizar.
Amargos sucesos, como el evento de transmisión del hospital provincial Antonio

Luaces, con su saga que ya supera los 100 positivos, ni siquiera ha valido de experiencia para otras instituciones de salud del territorio y  el caso del hospital de Morón o el foco más reciente abierto en el Centro Gerontológico Camilo Cienfuegos, de la ciudad capital , así lo demuestra.

Aislamiento, distanciamiento físico,  uso del nasobuco, lavado de las manos y desinfección parecen sólo haberse orientado para ser burlados por muchos avileños y las cifras de positivos al SarsCoV-2 y las largas cadenas de contagio hablan por sí solas.

Quienes apartados de esta cruda realidad se atreven a cuestionar el actuar de las autoridades locales, que prácticamente no duermen en busca de soluciones,  deben sopesar primero algunas cifras que no dejan lugar a dudas y preparase para otras jornadas más aciagas de las que vivimos

Aunque es sumamente difícil citar números, que varían constantemente con la aparición de contagiados ,  basta señalar que Ciego de Ávila presenta desde hace varios días la tasa  de incidencia más alta a nivel nacional, con más de 56 por cada 100 mil habitantes  y una tendencia al incremento, lo que pone en jaque  las capacidades   para aislar a contactos y sospechosos.

Hoy todos los alojamientos del municipio cabecera están en función  de la COVID-19 y se trabaja con ahínco  para acondicionar escuelas o cualquier instalación que pueda acoger a más personas, al tiempo que  se sitúan allí camas, avituallamiento, médicos y personal de apoyo.

De mantenerse el  ritmo actual  de aparición  de nuevos positivos al virus , habría que preguntarse hasta donde  pueden responder las instituciones de salud no sólo  de la provincia, sino las de la vecina Camagüey que acoge a la mayor parte de los enfermos locales.

No es baldío razonar   sobre cuántos recursos eroga la economía, de por si maltrecha, para estos menesteres que requieren transporte, medicamentos, alimentos, y ocupación de una fuerza de trabajo que podría estar dando su aporte en otras muchas esferas.

Y por encima de todo, cuanto puede costar en vidas humanas esta complejísima situación , teniendo en cuenta la cantidad de enfermos graves y críticos que ya están los hospitales, los fallecidos hasta ahora y los que vendrán.

Los avileños no están solos en esta batalla. Ante la escasez de personal , ya recibe la solidaridad de casi un centenar de especialistas de otras provincias y Cuba ha puesto la ciencia a su servicio con el envío de expertos y la aplicación de intervenciones terapéuticas dirigidas a elevar el sistema inmune de los grupos más vulnerables, además de otras incontables muestras de apoyo.

Ante tanto dolor, incertidumbre y retos sólo falta que los hijos de esta tierra apelen  a su sentido del deber y de la responsabilidad y respondan, como el mayor Ignacio Agramonte en los potreros de Jimaguayú: con la vergüenza. (ACN)


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