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Publicado el 2 Octubre, 2020 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

COVID-19: las horas más largas

Con la incertidumbre de si estarán o no contagiadas con la enfermedad, decenas de personas ingresan a diario en los centros de aislamiento y de atención a pacientes sospechosos en La Habana
En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

A pesar del cariño recibido en el centro de aislamiento, la pequeña África ansiaba regresar a casa.

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ y MARIETA CABRERA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Asomadas a la ventana de una de las habitaciones del hotel El Espacio, la pequeña África y su mamá se entretienen en adivinar el color de los carros que anuncian su paso por la Calzada de Vento. Es uno de los pasatiempos que ha encontrado Yanet Buides Hernández para distraer a su hija de seis años durante la estancia en esa instalación del municipio habanero de Cerro que funciona como centro de aislamiento desde el 23 de marzo, pocos días después de la aparición de los primeros casos de la COVID-19 en Cuba.

Residentes en Santiago de las Vegas, en el municipio de Boyeros, ambas ingresaron allí el 26 de agosto, sin síntomas. “Somos contactos directos de dos pacientes positivos. Mi mejor amiga y su esposo visitan mi casa y, como no suelen estar en la calle, me confié. Sé que actué de forma irresponsable, la niña tiene fibrosis quística y un daño en el pulmón izquierdo, y la puse en riesgo, al igual que a mis abuelos, con quienes también vivo”, admite Yanet.

La muchacha de 29 años, aferrada a sus creencias, ora todos los días y espera ansiosa el resultado de las pruebas de PCR hechas a la pequeña y a ella, 24 horas después de que llegaran al centro. “He sacado una lección de todo esto: no puedo confiarme”, dice la mujer y agradece al personal médico y de servicio por las atenciones que han tenido, en particular, con la menor.

África juega con su muñeca, sentada en una de las dos camas del cuarto que cuenta con televisor y aire acondicionado. “Me siento un poquito extraña, quisiera estar en mi casa y ver a mi abuela y a mi abuelo”, confiesa la niña con cierta tristeza en la mirada.

Un total de 16 habitaciones posee el hotel, nueve de estas para las personas en aislamiento: embarazadas, madres con niños pequeños, y adultos que presentan algún tipo de discapacidad. El doctor David Céspedes Díaz, médico del centro, explica que reciben a contactos de casos sospechosos o positivos a la COVID-19.

“Acceden por una entrada exclusiva para ellos, donde se desinfectan sus pertenencias y les explicamos el reglamento de la institución, además de entregarles artículos de aseo y ropa de cama. Ya en la habitación procedemos al examen físico, la toma de temperatura y de signos vitales para determinar alguna sintomatología. Como norma hacemos tres visitas diarias”, dice el especialista en Medicina General Integral (MGI).

En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

El doctor David Céspedes (izquierda) y el enfermero Eduardo Milián se alistan para iniciar una de las tres visitas diarias que realizan a sus pacientes.

Al quinto día del ingreso se les realiza la prueba de PCR en tiempo real, a fin de confirmar la presencia del virus SARS-CoV-2, para lo cual se activa el personal del laboratorio del policlínico Pasteur o del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Habana. Hasta el 28 de agosto habían atendido en El Espacio a 278 pacientes, de los cuales cinco habían resultado positivos.

Entre estos últimos, se incluye la madre de un bebé de nueve meses, recuerda el médico. “Cuando le di la noticia empezó a llorar. Aun cuando la prueba del niño era negativa, se veía angustiada. Conversé con ella y traté de tranquilizarla; son momentos duros en los que esas personas requieren mucho apoyo sicológico”.

Un equipo de trabajo bien acoplado integra el personal médico y de servicios, quienes no reparan en el tiempo que le dedican a la nueva tarea. Alejandro Domínguez Menéndez, administrador del hotel, lo confirma: “Este sitio es como si fuera mi barco, tengo que estar aquí para lo que se necesite”, dice el hombre que ha permanecido los cinco meses sin ir a su casa.

Tras asegurar que cuentan con los suministros necesarios, refiere que cuando la persona ingresa le preguntan si tiene contraindicado algún alimento, e indagan con las madres sobre los gustos de sus niños, a fin de satisfacerlos siempre que sea posible.

“A veces hemos vestido al cocinero con todo el ‘andamiaje’ que exigen las normas sanitarias para que la mamá de un bebé le diga cómo ella suele hacerle la papilla al niño. Igual actuamos con las gestantes: tuvimos ingresada una que vomitaba mucho y le preguntábamos qué deseaba comer para hacerle más llevadera su estancia aquí”, comenta Alejandro Domínguez.

Maday Cordero Ramos, de 19 años, es una de las embarazadas que agradece las atenciones recibidas en ese sitio. “Son muy preocupados, la alimentación es adecuada y todo está limpio”. Con cinco semanas de gestación, la muchacha permanecía allí por ser contacto de su madre, quien estaba ingresada en una institución para sospechosos. “Acabo de saber que el PCR hecho a mi mamá fue negativo, y ya el médico me informó que regreso a casa”, anuncia feliz.

Aislar, para cortar la cadena

En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

En el centro de aislamiento que radica en el hotel El Espacio los pacientes reconocen el buen trato, la alimentación adecuada y la limpieza del lugar.

El rebrote de COVID-19 en La Habana y el consiguiente aumento de los contagios provocado por este, obligó a las autoridades sanitarias y gubernamentales de la capital a incrementar los centros de aislamiento para los contactos de casos sospechosos y positivos de la enfermedad, así como para las personas que se presume puedan padecerla, es decir, aquellas con síntomas o que al hacerles el test rápido este resulta positivo.

La doctora Nancy de la Caridad Milián Melero, jefa de atención médica de la Dirección Provincial de Salud de La Habana, asegura a BOHEMIA que en todo momento la disponibilidad de camas ha estado por delante de la necesidad, por lo que cuando han ocurrido los picos de la epidemia han existido capacidades tanto en hospitales como en los centros de aislamiento de sospechosos y de contactos.

Tras el retroceso experimentado en la capital, una de las instalaciones preparadas para la atención a pacientes sospechosos fue la residencia de profesores Los Ocujes, situada también en el municipio de Cerro.

Ataviados con máscara protectora, gorro, bata, sobrebata y guantes, trabajan los profesionales de la salud y el personal de servicios que atienden a los pacientes en la zona roja, lo cual revela el riesgo al cual se enfrentan durante los 14 días que permanecen sin salir de ese perímetro.

En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

La doctora Nadia, el doctor Ernesto (ambos a la izquierda) y las enfermeras Yamisleidy y Maritza viven intensas jornadas en la zona roja.

La doctora Nadia Copa Serrano, residente de tercer año de MGI, e integrante de uno de esos equipos, explica que en este centro reciben a individuos con infecciones respiratorias agudas, a los que son contactos de casos confirmados, y a quienes se les hace el test rápido y resulta positivo. “La mayoría de los que ingresan aquí tiene síntomas”, sintetiza la joven.

En un local –que emplean también como comedor- ella, el doctor Ernesto Johns Matos y las licenciadas en Enfermería Yamisleidy Taureaux Pico y Maritza Pelegrín Cordero, actualizaban las historias clínicas de los pacientes. Los rostros sudorosos que asomaban tras las máscaras protectoras revelan lo agotadora que se torna cada jornada, mucho más en días de intenso calor.

Aun cuando Nadia y Ernesto han laborado en centros de aislamiento, por supuesto que echan de menos a sus familias y las comodidades del hogar. Pero son las santiagueras Yamisleidy y Maritza las que sienten más nostalgia, pues en el lejano terruño quedaron sus hijos pequeños.

Llegaron a La Habana el 24 de agosto, como parte del Contingente 60 aniversario, para trabajar en la capital durante dos años. “Sabíamos que en cualquier momento cumpliríamos esta misión”, afirma Yamisleidy. “Nos avisaron un viernes y el miércoles siguiente salimos para La Habana. Nunca había estado lejos de mi hogar. Extraño mucho a mi niño, pero aquí estoy”.

¿Negativo o positivo?

El centro para la atención a pacientes sospechosos Los Ocujes abrió sus puertas a inicios de agosto. Desde entonces y hasta el 28 de ese mes –día de nuestra visita- había acogido a 250 personas. Con capacidad para 74 individuos, en ese momento estaban ingresados 44.

En una de las habitaciones de la planta baja, Lázaro Farrat Licourt y su esposa Estrella Pérez Hernández, residentes en la Isla de la Juventud, dormitaban en literas separadas. Habían venido a la capital para que él recibiera el tratamiento de quimioterapia que tiene indicado cada 28 días, y cuando estaban en el aeropuerto internacional José Martí, a punto de regresar a casa, un test rápido cambió sus planes.

En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

La desinfección de las áreas interiores y exteriores se incluye entre las medidas establecidas en estos centros.

“La prueba fue positiva, decidieron repetirla y el resultado fue el mismo. Eso me sorprendió”, expresa Lázaro. Aun cuando el test realizado a Estrella resultó negativo, ambos fueron trasladados para Los Ocujes, donde les hicieron el PCR en tiempo real que ofrece el diagnóstico confirmatorio. “Tengo fe en que será negativo”, dice esperanzado el hombre.

En opinión del doctor Alejandro Saavedra de la Cruz, director de la institución, el trabajo allí es intenso y distingue el quehacer de los 25 activistas de los CDR y la FMC que, de forma voluntaria, están en la zona roja y los apoyan en diversas tareas. Asimismo, destaca al personal que, fuera de esa área, procesa toda la información para el parte diario que deben ofrecer, y al que garantiza los aseguramientos.

“A veces, hemos recibido en el día tres o cuatro gacelas que han transportado pacientes hasta aquí”, ilustra y agrega que en medio de esa vorágine hay que cumplir estrictamente lo regulado en los protocolos para enfrentar la COVID-19, pues “la bioseguridad es esencial para el éxito en esta batalla”, recalca.

La licenciada en Higiene y Epidemiología Leticia Pozo Villar lo sabe bien. Es la primera vez que labora en un centro de este tipo y, entre otras faenas, vela porque todos cumplan las medidas higiénico-sanitarias. Aunque por su trabajo porta un talonario que le permite multar a quienes violan lo establecido allí, prefiere persuadirlos de hacer lo correcto. “Los pacientes permanecen todo el tiempo en sus habitaciones, pero tengo que estar atenta porque algunos alegan tener calor y se retiran el nasobuco”.

Precavido, como ante un contrincante que le puede lanzar una curva peligrosa, Dennys Laza Spencer, tercer bate del equipo Mayabeque, asegura no incurrir en tales descuidos. Entrevistado por vía telefónica, el deportista cuenta que llegó el 30 de agosto al centro ubicado en Los Ocujes, luego de que el test rápido de rutina –hecho a todos los miembros del equipo- fuera positivo en su caso.

“Me siento bien. Soy asmático y hace unos días tuve catarro, lo cual quizás influyó en ese resultado”, acota Dennys mientras espera el del PCR en tiempo real que le hicieran en cuanto llegó allí.

Somalia Castellanos Palacios, sin embargo, todavía no veía el fin de su pesadilla. El 27 de agosto tuvo fiebre y acudió a su médico de familia, en el municipio de La Habana Vieja. De inmediato fue remitida a este centro de atención, donde compartía el cuarto con otras dos sospechosas de padecer la COVID-19.

“Las camas están distanciadas y usamos el nasobuco. Nos hicieron las pruebas de PCR a las tres. La mía fue negativa, pero la de una de las compañeras resultó positiva, por lo que tenemos que permanecer aquí hasta que nos repitan ese examen”, narra preocupada.

En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.En los centros de aislamiento se trabaja por cortar la propagación del virus.

Activistas de los CDR y la FMC de la capital apoyan las labores de servicios en Los Ocujes.

Casi al concluir este reportaje, conocimos que la joven Yanet y su hija África; Lázaro y su esposa Estrella, y también Dennys, el pelotero de Mayabeque, estaban de alta: la prueba de PCR había sido negativa.

Y mientras algunos, como ellos, se despiden de los lugares y de quienes los acogieron con los rostros sonrientes, luego de recibir la grata noticia de que nunca tuvieron COVID-19, otro número considerable de personas ingresa cada día en esas instituciones, con la incertidumbre de si estarán o no contagiadas.

Para estas, comienzan a transcurrir quizás las horas más largas de sus vidas.

 

Espacios vitales

En La Habana, hasta el 28 de agosto, existían cuatro centros para la atención a pacientes sospechosos: residencia estudiantil de Casa Blanca (municipio de Regla), residencia de profesores Los Ocujes (Cerro), residencia universitaria del reparto Bahía y Centro de Convenciones de Cojímar (ambos en La Habana del Este).

En estas instituciones –con una capacidad de 505 camas- ingresan personas con síntomas respiratorios, es decir, sospechosos de padecer COVID-19, pero que por su estado de salud no requieren de hospitalización (no se incluye pacientes en edades pediátricas).

Allí tienen seguimiento médico y de enfermería, y vigilancia de signos vitales. Inmediatamente después de su llegada se les realiza la prueba de PCR en tiempo real, cuyo resultado está en 24 o 48 horas, afirma la doctora Nancy de la Caridad Milián Melero.

Hasta igual fecha, también funcionaban en la capital 29 centros de aislamiento de contactos, en los cuales los individuos ingresan y luego de transcurridos cinco días –período de incubación de la enfermedad- se les hace el PCR. Si alguien comienza con síntomas, es remitido de inmediato a un centro para la atención a pacientes sospechosos.

Los centros de aislamiento de contactos cuentan con 2 791 capacidades en total, distribuidas en todos los municipios, excepto Centro Habana. No obstante, quienes requieren de ingreso se ubican en las instituciones que dispongan de capacidad en ese momento.

 


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera