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Publicado el 31 Octubre, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

AGRICULTURA CUBANA

La yuca pide su justo espacio

Uno de los cultivos más nobles, incluso en condiciones de sequía, sigue demandando el protagonismo que pudiera y debiera tener en todo el Archipiélago… el año entero
Rescate del cultivo de yuca en Ciego de Ávila.

Con una buena estrategia de siembra escalonada se puede cosechar esa vianda durante todo el año.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Si la memoria no me juega erróneo pase, la primera vez que oí hablar de cuán conveniente resultaría sembrar una caballería de yuca por cada 1000 habitantes, o lo que es igual: una hectárea cada 75 personas, fue a principios de los años 90 del pasado siglo, en voz de Alfredo Jordán Morales, entonces Secretario del Partido en la provincia de Las Tunas, devenido luego titular de la agricultura cubana.

Sabía muy bien Jordán que tal empeño no solo era posible de lograr, sino también estratégico en medio de la complicada situación a que se abocaba el país, adentrándose cada vez más  en el llamado Período Especial.

Han transcurrido tres décadas y, con excepción de algunos lugares, ese propósito continúa siendo tarea pendiente, aun cuando la coyuntura actual no es menos tensa, signada por más y más brutal bloqueo imperial contra Cuba, por el azote de una pandemia que tiene al mundo arrodillado a sus pies y por insuficiencias humanas de orden interno.

Proponerse la hectárea a razón de cada 75 habitantes dista mucho de ser un capricho o una de esas ocurrencias en que a veces solemos incurrir sin previo bojeo de factibilidad.

En primer lugar, hay extraordinaria demanda de productos agrícolas en todo el país. Provincias como Ciego de Ávila, alta productora, con un peso importante en el balance nacional, venden al momento todo cuanto cae en las placitas y mercados, sea la vianda que sea. Y la yuca siempre ha gozado de buena aceptación entre los consumidores, hasta en los momentos de mayor bonanza productiva.

En segundo lugar, no estamos hablando de un cultivo “problemático”. Todo lo contrario. Especialistas coinciden en calificarlo entre los más nobles, por adaptarse bien a tierras de poca fertilidad, ser más resistente a la sequía (bastante acentuada en los últimos tiempos) y no requerir tanta exigencia como otros desde el punto de vista fitosanitario, si se tiene en cuenta la efectividad que para su defensa tiene el control biológico mediante Trichogramma Spp y Bacillus Thuringiensis, por solo citar dos de los medios producidos en nuestros Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE).

En tercer lugar, tierra suficiente hay, incluso improductiva o cubierta de maleza y de marabú, dentro y fuera de unidades estatales cuyo objeto social o razón de ser es “ordeñarles” todo el fruto posible a los suelos.

Rescate del cultivo de yuca en Ciego de Ávila.

El reto de una hectárea de yuca cada 75 habitantes no es fácil, pero se puede lograr.

No es casual que, durante el balance anual del Programa de Autoabastecimiento Municipal (marzo) Gustavo Rodríguez Rollero, Ministro de Agricultura, haya enfatizado el propósito de alcanzar 150 mil hectáreas de yuca e igual cantidad de plátano.

Tampoco es fortuito que Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, insista una y otra vez para que el país ponga en práctica todos los mecanismos y experiencias que conduzcan a obtener mayores volúmenes de alimentos, en todos los terrenos, incluido desde luego el agrícola.

Si, en correspondencia con tales indicaciones, todos los municipios cubanos hubieran actuado del modo que lo han hecho Florencia y Majagua, otra sería la situación en el país.

Según estadísticas aportadas por el ingeniero Raúl Monguía Rodríguez, especialista de cultivos varios en Ciego de Ávila, para cumplir lo indicado por la nación y de acuerdo con su población, Florencia demandaría 252 hectáreas del tubérculo y sin embargo registra 422, en tanto Majagua, con 375 ha en el puño supera en 34 la cota “reglamentada”, y emergen como los únicos municipios avileños  “en regla”.

Pero no es lo que prevalece a escala nacional. Basta echar una ojeada a lo publicado por la prensa territorial para percatarse de que ese noble propósito continúa siendo aspiración, en casi todo el Archipiélago.

Como resultado de esa búsqueda acude a mi memoria el municipio matancero de Jovellanos, que en julio reportaba 400 ha plantadas, de las 778 que proporcionalmente requiere, mientras la provincia de Camagüey “en el programa para alcanzar una caballería de yuca y otra de plátano por cada mil habitantes no tuvo el avance esperado en las siembras de la campaña de 2019-2020”, tal y como publicó en marzo el periódico Adelante.

Rescate del cultivo de yuca en Ciego de Ávila.

Provincias como Ciego de Ávila rescatan tierras improductivas y las incorporan a ese noble cultivo.

¿Si hay tierra suficiente, agua, brazos para cultivar, necesidad de alimentación, así como voluntad estatal, agrícola y campesina, entonces qué impide producir más alimentos?, pregunta mucha gente.

Aun cuando la agricultura no es tan fácil como muchos oralmente piensan, la realidad es que donde el productor clava bien los “spays” el saco no anda tan vacío.

Ahí está Chambas donde, a decir de sus autoridades gubernamentales y agrícolas, “se está produciendo por vez primera, la yuca que necesita la población”.

Más que cuantitativa, la afirmación alude a cómo esa vianda está satisfaciendo en mayor grado la demanda de los consumidores, o a cómo los pobladores están accediendo mejor a ella, pues a decir verdad las 145 hectáreas plantadas hasta ahora representan menos de la tercera parte del área que se requiere.

Por ello, como asevera Jorge Luis Garrido Vidal, Presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular allí, a la sazón Vicepresidente del Consejo de Defensa Municipal, la estrategia es sembrar en todas las unidades productoras, incorporar áreas hasta ahora improductivas, asegurar las atenciones culturales y lograr un escalonamiento que permita cosechas durante todo el año.

“La semilla -que pudiera constituir un impedimento- no es problema para nosotros ya. Si bien al principio tuvimos que zancajearla donde apareciera, hoy estamos en condiciones ofrecer ayuda más allá de nuestro municipio”, agrega Fidel Camejo Toledo, director productivo de la empresa agropecuaria en ese territorio.

Rescate del cultivo de yuca en Ciego de Ávila.

Lo que al consumidor le interesa es poder adquirirla.

Y en efecto, con visión y acción oportunas no tienen por qué  faltar  clones o variedades cuya cosecha puede oscilar entre los siete y once meses, como promedio, por lo general enriquecidos o introducidos por el Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (Inivit).

Vale destacar que, una vez más, el sector cooperativo y campesino saca la cara a favor del plato hogareño, al registrar en sus áreas el 79,8 por ciento de la yuca sembrada hoy en provincias como Ciego de Ávila.

Lo que en realidad le preocupa a la gente no es de qué clon se trata, quién lo sembró o a los cuántos meses fue cosechado. El octogenario espirituano  Ángel García, por ejemplo, solo sabe que  “la yuca es una vianda riquísima; yo la comiera todo el año si fuera posible, pero viene muy poco a la placita. Por eso cuando me empato con ella la pelo y la meto en el congelador para ir consumiéndola poco a poco”.

No sé si hará falta otro punto de vista más revelador. Esa vianda gusta y no creo que sobre, ni en el hipotético caso de que sobrevengan un día desbordados y sostenidos picos productivos. ¿O acaso alguien olvidó que, a la par del consumo directo (y qué agradable es frita, al día siguiente o después de su cocción) están alternativas muy locales como la del casabe, allá en el oriente cubano y la que trazan miles y miles de animales con idéntico derecho a alimentarse para, en pago, engrosar luego los niveles de carne con destino al consumo humano?


Pastor Batista

 
Pastor Batista