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Publicado el 12 Noviembre, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

COSAS DE CUBA

Eta enseña, todo el mundo aprende

Lea aquí parte de lo que sucede cuando el Primer Ministro de un país como el nuestro llega a áreas productivas y núcleos poblacionales donde, ensañadas, las aguas parecen haber dejado solo una estela de perjuicios y… ¡lea, lea!
Eta enseña, todo el mundo aprende.

Marrero visita, pregunta, le responden, escucha, sugiere… todo el mundo aprende.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Muy oportuno, estimulante y ventajoso para todas las partes (sabiendo de antemano que la totalidad de esas partes son en realidad una sola: Pueblo) resultó el intercambio que hoy jueves encadenó Manuel Marrero Cruz, Primer Ministro de la República de Cuba, con directivos y trabajadores de la Empresa Agropecuaria La Cuba, en Baraguá,  Ciego de Ávila, así como con pobladores de Guayacanes y de Majagua, en el municipio que lleva ese último nombre.

Oportuno por la posibilidad de apreciar, al unísono, dos aristas de un mismo fenómeno: las secuelas dejadas por las aguas de la tormenta tropical Eta y las acciones que de inmediato comenzó a impulsar el territorio para resarcir daños y recuperarse en el  más breve plazo de tiempo posible.

Eta enseña, todo el mundo aprende.

Nada hay como constatar in situ la realidad.

Estimulante porque en todos lugares visitados, el alto dirigente dejó una especie de inyección vigorizante entre personas muy humildes que agradecieron la rápida presencia de Marrero Cruz, la voluntad del Gobierno cubano para ayudar a los damnificados, así como el saludo enviado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz y por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente del país.

Y ventajoso para todos, por muchísimas razones. Digamos, por ejemplo, que no solo muchísimos habitantes salieron “inyectados de optimismo” con ese contacto directo, in situ, con el Primer Ministro de Cuba; también él continuó viaje hacia geografía espirituana con las revoluciones por minuto aceleradas.

Lo reflejó su rostro, cuando en Guayacanes  -a pocos metros de donde varios vecinos trataban de secar a luz de  sol colchones, almohadas, ropa, muebles y equipos electrodomésticos víctimas de la inundación-  un hombre llamado Oscar González González le dijo: “Oiga Marrero, lo principal es que no hubo que lamentar fallecidos; todo esto puede tener solución; lo que no la tiene es la muerte”.

Y cual si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo (algo que desde luego no sucedió) personas como Yulaisy Jiménez Orellanes y Dainery Vaso Morejón o el veterano Ernesto Guevara Ruíz, coincidirían en distintos momentos y lugares del recorrido con la esencia de lo dicho por Oscar, al afirmar: ¡Pero estamos vivos!

Satisfacción también denotó el semblante de Manuel Marrero cuando el joven Yunieski Báez Quintana, tras referir cómo las aguas ahogaron su humilde casa y todo cuanto tenía en su conuquito plantado de frijol, maíz, hortalizas y viandas, dijo: “¡Ahora, a empezar de cero y pa’lante!”

Eta enseña, todo el mundo aprende.

Junto a las principales autoridades de Ciego de Ávila, el Primer Ministro dialoga con numerosas familias perjudicadas por Eta.

Y qué decir del octogenario Gilberto González Álvarez al comentar: “Ya yo estaba listo para armar dos hamacas, pero nos trajeron uno de esos colchones que están entregando desde ayer a quienes nos quedamos sin ellos”.

El asunto (aquel de lo mutuamente ventajoso para todos) no queda, sin embargo ahí, sobre asfalto, entre paredes de tabla, cubiertas de zinc o construcciones mucho más confortables, igualmente irrespetadas por la tormenta tropical… tuvo tremenda “floración” también en medio de plantaciones, caminos y sistemas de riego como los de La Cuba.

Erró quien supuso que aquel devendría escenario idóneo para que solo el Primer Ministro cubano continuara incorporando “agrarios conocimientos” a su probado acervo general, en medio del intercambio con quienes se codean todo el año con la tierra, surcos, bueyes, tractores, racimos y plantaciones.

No tengo la menor duda de que hasta el mismísimo Carlos Blanco Sánchez, respetado director de esa empresa insigne, quedó sorprendido con preguntas, puntos de vista y sobre todo sugerencias hechas por Manuel Marrero, tal vez nunca formuladas hasta por especialistas.

Eta enseña, todo el mundo aprende.

Orlando Pérez Pedreira, delegado provincial de la Agricultura, explica detalles de la estrategia de siembra en el territorio.

Hablo no solo de la sensata recomendación en torno a combinar cultivos de ciclo corto y largo, no casarse con un solo producto o meter el dedo hasta el fondo para saber por qué la empresa y otros productores no siembran más malanga.

Pienso en interrogantes que acabaron “sacándole punta” a por qué no se puede obtener allí mismo la semilla de col que otros venden y que la empresa compra, obtenida  -obviamente- de la propia col.

Acude también a mi memoria el lazo tirado por Marrero Cruz para que La Cuba desenlace la formal idea de montar nuevas casas de cultivo mediante inversiones que requieren recursos de fuera cuando en verdad pueden ser levantadas con soportería  de madera y quedan no solo seguras sino también atractivas y funcionales.

Pienso en la sacudida para que mini industrias como las que “hacen maravillas” en la zona de Ceballos, formen parte del entorno agrario  empresarial acá, con el consiguiente mayor aprovechamiento de frutas y vegetales, además de ascenso en los ingresos individuales y colectivos.

Por cierto, algo habrá que hacer también para que, como meditó y propuso el dirigente cubano, se pueda avanzar hacia salarios más altos que retribuyan mejor y a la vez incrementen la motivación de quienes ordeñan palmo a palmo allí la tierra.

Y si usted que lee no se asombra, le cuento que “de visitador a visitado” hasta se habló de algo que ni por asomo rozó la mente de nuestros abuelos y bisabuelos: la posibilidad de exportar nada más y nada menos que… ¡hoja de plátano!

Eta enseña, todo el mundo aprende.

Este niño trata de secar sus libros, al fondo un despedazado colchón y otras pertenencias familiares.

Por esas y por muchísimas razones más, los 9 millones de pérdidas que de un soplido ha dejado Eta para La Cuba, no les quitan a Carlos Blanco y sus agricultores más horas de sueño que las dispuestos todos ellos a emplear bota en surco, bajo luz de luna si fuera necesario, porque confían, como Manuel Marrero, en que una buena estrategia de siembra, con control sobre los recursos y voluntad de hacer bien las cosas, significa una verdadera mina.

Eta, en fin, golpeó, mojó, agredió o como se prefiera decir, pero qué duro es el cubano cuando alguien “lo pincha”, aunque el pinchazo venga de la parte irreverente de la naturaleza.

¿Usted sabe, de verdad, lo que significa decir: “La tormenta le dio con todo a mi familia, no nos dejó casi nada, nos desgració dos colchones, ropa, el televisor (la lavadora, la olla eléctrica  o el refrigerador…)  Pero estamos vivos?

En otro lugar puede parecer obra de lo imaginario o como suele decirse cada vez más ahora: de lo virtual. Aquí, en cambio, todo ello es expresión de algo mucho más cubano, tangible y recurrente: lo virtuoso.

Eta enseña, todo el mundo aprende.

Decenas y decenas de colchones piden a gritos la bendición del sol después de la inclemencia de las aguas.


Pastor Batista

 
Pastor Batista