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Publicado el 2 Noviembre, 2020 por Rosainne Suárez Moreno en Nacionales
 
 

Felices por el reencuentro

Nunca antes los pequeños y los adolescentes habían estado tan deseosos por el reencuentro.
Inicio del curso escolar

Foto:  JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Rosainne Suárez Moreno

Eran las 7 de la mañana y Dianita nos llamaba para contarnos que iba camino a la escuela, para culminar su cuarto grado. Casi no había dormido la noche anterior por la emoción de volver al aula luego de unas “vacaciones” que parecían interminables.

Creo que nunca antes los pequeños y los adolescentes habían estado tan deseosos por el reencuentro. Los amigos, los profes, las asignaturas, todo lo que se han perdido a causa de la pandemia. Y aunque los retos que impone la nueva normalidad no son sencillos, el entusiasmo y la disciplina característicos de ellos harán el proceso mucho más llevadero.

Mientras tanto, el timbre del pre de la esquina me avisaba que ya iba tarde para el trabajo, y una banda de camisas, sayas, pantalones azules cubría casi toda mi cuadra. Cómo se extrañaba esa algarabía! Chistes, música, diseños variopintos de nasobucos, y mucho entusiasmo se podía apreciar a simple vista.

La niña de mi pareja, sí, la de la llamada, me preguntaba hace unos días cómo sería todo cuando volvieran. ¿Habría clases de Educación Física? ¿Podrían jugar en el receso? ¿Qué juegos podrían jugar? Solo puede responderle que, aunque todo iba a cambiar, encontrarían nuevas formas de compartir, y eso es lo importante.

A partir de esta mañana acompañan a los útiles básicos nuevos implementos: hay mascarillas de diversos colores, jabones, preparaciones cloradas, gel de manos, platos, basos, cubiertos, y todo lo que puedan necesitar para estar seguros y sanos.

No podrán, eso sí, compartir los juguetes, ni pedir un lapiz o una goma al compañero de puesto. Los grupos se volverán más pequeños, las distancias estarán más marcadas, y habrá que aprender a sonreir con la mirada. Tendrán que reestructurar también las rutinas, pero sin duda, enontrarán otras maneras de jugar, de quererse, y de aprender.

Hoy nuestros niños son un poco más felices, y nosotros también.


Rosainne Suárez Moreno