1
Publicado el 16 Noviembre, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

CUBANOS DE VERDAD

Reverenciar a Mastrapa

Las Tunas está haciendo ahora con uno de sus más dignos hijos, lo que Cuba no ha dejado de hacer desde que el sentido de nacionalidad se vistió de decoro, hace siglos y el pueblo comenzó a respirar por los pulmones de la gratitud
Falleció Róger Enrique Mastrapa

Foto: bohemia.cu

Por PASTOR BATISTA VALDÉS

Puede Cuba entera inclinarse ante su frente, horizontal en este instante, y dedicarle respetuosa reverencia, un minuto de ese silencio mudo que él nunca fue, una criolla décima, las palabras más hermosas que puedan brotar de un orador… y aun así para todo el mundo Róger Enrique Mastrapa, El de los CDR (como va rumbo a la eternidad) no ha fallecido.

Su cuerpo sí. Mientras escribo este puñado de líneas, acá en geografía avileña, él ocupa modesto y apacible espacio en una capilla fúnebre de Las Tunas, provincia donde se injertó hace décadas, no para sacarle savia, sino para fertilizarle el suelo.

Si fuera posible captar y conservar en un frasco su último sorbo de oxígeno, el museo provincial no tendría contrincante en términos de dicha humanamente patrimonial.

Alivia, en cierta medida, saber que a ese hombre –el que más tiempo dirigió los Comités de Defensa de la Revolución (por encima de 30 años) y que más iniciativas puso en órbita nacional- nuestra revista le dedicó merecido, aunque siempre insuficiente, espacio el pasado mes de septiembre, por intermedio de un trabajo titulado ¡Qué clase de tío ese Mastrapa!

Propicias devienen estas horas para retomar dicho texto o para que accedan a él quienes entonces no tuvieron la oportunidad de leerlo. Basta con que empleen el enlace http://bohemia.cu/nacionales/2020/09/que-clase-de-tio-ese-mastrapa/

No hay que estar físicamente en el también llamado Balcón del Oriente Cubano (Las Tunas) para saber que la ciudad gime, que transpira dolor, pesar, que hay gente agradecida bajando hacia la Funeraria, condolencias explícitas e implícitas, ofrendas florales, anécdotas, recuerdos y un respeto con altura estratosférica…

¡Cómo va a ser! –dijo mi hijo al conocer la noticia, como si Mastrapa no le llevara más de medio siglo en edad, aunque por dentro… ¡cuidado! estaban ahí, ahí, porque “el viejito” siempre se las arregló para estar al ritmo de las nuevas generaciones y hasta “sofocarlas” creadora y alegremente.

¡Ay, no me digas eso… pero cómo! –fue la frase que no pudieron contener los labios de Adalys Ray Haine, la presidenta del gremio periodístico tunero, testigo de la sensibilidad, sin comparación, de Róger Enrique hacia la prensa, en sus años de CDR, en los que estuvo al frente de la División Mambisa Mayor General Vicente García González, produciendo alimentos en condiciones no muy distante de las que tuvieron que enfrentar los mambises del siglo XIX en plena manigua.

Un cáncer traicionero, despreciable, inoportuno y engreído pensó cargar con la parte física o material de Mastrapa hace “un bulto” de años. Pero cuando un hombre de verdad se planta cual algarrobo o caguairán, no hay mal que lo doblegue así como así.

Posiblemente hasta la medicina le haya pronosticado menos calendarios de vida. Y nada, ahí estuvo, recogido en la tranquilidad de su vivienda, convertida en una especie de Puesto de Mando alternativo o de reserva, desde donde siguió poniendo ideas y experiencias en función de lo mismito que aprendió de Fidel, de Raúl, de Almeida y del Che. No lo digo yo: lo reiteró él en innumerables ocasiones y lo demostró minuto a minuto. No exagero: ¡Minuto a minuto!

De manera que la maldita muerte no pudo salirse con la suya cuando para ello se dio filo en las garras. Mastrapa murió o dejó de respirar cuando le dio, a él, su soberano deseo: en la tarde de este 15 de noviembre.

Y fíjense si ese tío es duro de verdad y si la muerte se equivocó con él, que en toda Cuba va a seguir habiendo Caldosa cederista (iniciativa suya, con Kike y Marina, Rogelio Díaz Castillo, el Jilguero de Cienfuegos y millones de cubanos más) y va a seguir habiendo patrullas montadas (a caballo contra el delito en pleno campo) y jaleo mambí llevando vianda del surco a la ciudad, y campeonatos de dominó entre cederistas y entre productores, y –sobre todo- voces que, como la de él, llamen las cosas por su nombre y pongan el apellido de la solución desde los podios que nadie puede callar: los del pueblo.


Pastor Batista

 
Pastor Batista