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Publicado el 21 Diciembre, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

La vida no se detiene (+ fotos).

Y aunque falten muchísimas cosas materiales, o la gente se pregunte cómo va a ordenar su vida al compás del macro-ordenamiento que busca la nación… hay detalles de los que la ciudad no puede desprenderse a medida que avanza este diciembre
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La vida no se detiene.

Diciembre suele traer imágenes así, en los ámbitos público y hogareño.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Quizás en las últimas seis décadas nunca un fin de año rodó en medio de tanta expectativa social.

El ordenamiento que busca Cuba en el terreno económico y financiero genera también tensiones en una parte de la población.

Aun así, la ciudad no ha renunciado a esos detalles cotidianos que suman diciembres y años sobre el tiempo.

La vida no se detiene.

Toda la fantasía y felicidad del mundo para nuestras niñas y niños.

He visto, por ejemplo, con cuanta naturalidad un par de obreros pintan el muro de Los Elevados, sobre la carretera central, para esperar con mejor semblante un nuevo calendario; o cómo un grupo de trabajadores reparan el Restaurante Flotante, en el mismo Parque de la Ciudad donde la pequeña Daniela acaricia y conversa con el “ceronte” (todavía no puede articular completamente la palabra rinoceronte), con ese “pollo grande” al que alguna vez comenzará a llamar avestruz, o con el “caballito de palo” (metálico en verdad) que también echa raíces y se empina en forma de sugerente escultura.

He visto a especialistas del sector eléctrico cambiando luminarias, a gente haciendo su colita para comprar pizzas, a los “bazooqueros” ahogando en humo al mosquito, a la gente viajando, desinfectándose las manos y con ellas mismas echando numeritos para ver cómo y dónde le pueden sacar el mayor fruto adquisitivo al dinerito que otra vez han reservado para fines de un diciembre que indolentes y calculadores se empeñan en tornar el más caro de todos…

La vida no se detiene.

Siempre se puede un poco más.

He visto a no sé cuántas personas sentadas en el parque Serafín Sánchez, de Sancti-Spíritus o en el Maceo, de Las Tunas, fumando plácidamente un cigarrillo, sin el más leve rastro, visible, de alteración.

Y me he sorprendido, a mí mismo, tomando imágenes, como hace doce meses y como volveré a hacerlo a punto de extinguirse el venidero 2021… porque el pulso de la vida sigue ahí; no se detiene.

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Pastor Batista

 
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