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Publicado el 22 Diciembre, 2020 por María de las Nieves Galá León en Nacionales
 
 

COVID-19

Puente a la enfermedad silenciosa

Luego de que disminuyeran los casos positivos del nuevo coronavirus en Cuba, diciembre ha puesto en alerta a las autoridades del país. Incumplimiento de los protocolos establecidos, por parte de viajeros internacionales y familiares, es hoy la causa fundamental del aumento de los contagios

Puente a la enfermedad silenciosa.

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ y DARIEL PRADAS

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

La gran “zona roja” de la covid-19 en Cuba pudiera parecer esa sala vacía y refrigerada a las afueras de La Habana: el lobby de la Terminal No. 3 del Aeropuerto Internacional José Martí.

Abundan pomitos llenos de soluciones de alcohol y agua, y en los suelos, pegatinas con las formas de los pies. Si hace nueve meses este local parecía atollado por el tráfico de maletas y viajeros, en los últimos días atormenta su silencio, a veces suspendido por el chirrido distante y breve de unos tenis cualquieras.

Tras los escáneres de seguridad está el salón de arribo. Allí el personal aeroportuario espera paciente la llegada de algún avión. “Parece que el vuelo de las once y media se adelantó”, le comenta una enfermera a la otra.

Puente a la enfermedad silenciosa.

Luego de la “libre plática”, la doctora Roxana Pérez recibe a los pasajeros en la puerta de la aeronave.

El rumor se materializa de inmediato por el aterrizaje de un Boeing 737-800 de la aerolínea American Airlines, con 136 personas a bordo desde Miami.

De la nada, tres mujeres representantes de tráfico –Andrialys Cuba, Yarilis Santiesteban y Nancy Viera–, salen disparadas empujando sillas de ruedas hacia el piso superior, para recibir a los pasajeros que necesiten, o soliciten, estos accesorios. A la vez, por la escalera automática, bajan decenas de visitantes cubiertos con abrigos y mascarillas; son guiados por el recorrido serpentino pero cuadriculado que lleva hasta la doctora Carmen Ballester, quien recibe la boleta de sanidad que fue entregada en el avión a los pasajeros, y que estos llenaron con datos personales como el del lugar donde residen o permanecerán.

“Es un documento legal muy importante, mediante el cual se determina a qué policlínico pertenece el visitante, adonde luego se envían los resultados de los test de PCR (las siglas en inglés de ‘Reacción en Cadena de la Polimerasa’)”, explica ella.

Realmente, el protocolo de salud para los “nuevos” tiempos pandémicos comenzó desde que el avión aterrizó: en aquel instante, la doctora Roxana Pérez, especialista en Higiene y Epidemiología, realizaba el primer paso del procedimiento:

“Después de abrirse la puerta de la aeronave y el representante entregar los documentos, procedemos a hacer la ‘libre plática’: preguntamos al capitán u otro miembro de la tripulación cómo está la salud de los pasajeros, si detectaron a alguien con algún síntoma febril o tos…”, detalla la joven, con la fluidez que le atañen sus cinco años de experiencia en Control Sanitario Internacional.

Puente a la enfermedad silenciosa.

A los visitantes internacionales se les dan detalles en el aeropuerto sobre el procedimiento a seguir.

“De existir alguna situación –advierte–, se baja al pasajero y ocurre la desinfección. Tenemos un cuarto de aislamiento y posteriormente se traslada en una ambulancia para el centro de salud indicado. Hemos tenido casos así, pero al final han sido síntomas catarrales”.

Luego de la “libre plática”, los viajeros arriban al aeropuerto, se desinfectan las manos, algunos descienden por el elevador mientras la mayoría utiliza las escaleras… siempre hay una maleta que cae y un tobillo que la detiene… y entonces, enfilados ante la doctora Ballester, se atascan, casi amontonados, en el recorrido.

Un pasajero reclama el distanciamiento que orientan los folletines del avión. Sus réplicas son ignoradas y, las pegatinas del suelo, compartidas. A pesar de todo, se impone el orden. La gente saca su boleta de sanidad, espera, se ajusta la mascarilla. Espera.

Puente a la enfermedad silenciosa.

Dentro de la instalación se intenta mantener el distanciamiento social.

Una operadora inspecciona las temperaturas de los caminantes mediante un escáner de termografía infrarroja: Naranja, naranja, amarillo, un poco azul… ningún grado Celsius por encima de lo habitual. Yeni Agüero es su nombre. Recién ha vuelto a trabajar después de meses apartada: tiene un niño de cuatro años y permaneció entonces en casa, al cuidado del menor. Hoy su marido cuida de la criatura mientras ella faena durante las 24 horas que demora su turno. Luego “descansará” tres días enteros.

“Me cuido mucho. Soy asmática crónica y el niño también. Cuando llego a casa, entro por la parte de atrás, me quito toda la ropa, me higienizo y siempre trato de que Kevin (el niño) no me vea, porque enseguida quiere que lo cargue”, relata Agüero.

Puente a la enfermedad silenciosa.

La doctora Carmen Rosa Beyrís, directora del Policlínico Docente Mártires del Corynthia.

Paso a paso, la cola de pasajeros avanza. A pocos metros de la doctora Ballester está Chely Rodríguez, una joven matancera que reside tanto en Miami como en la ciudad de los puentes. Dice que para salir de Estados Unidos no le realizaron ni exigieron el resultado de una prueba de PCR, apenas el ticket habitual del pasaje más un pago extra de 36 dólares y pico para cubrir la tarifa de los exámenes de salud que le harían en La Habana.

Tres cabezas detrás se encuentra Freddy, a secas, sin apellido, un ciudadano estadounidense que sí se hizo el test. Él vive en San Francisco, hogar del famoso Puente Golden Gate. En Miami tampoco le reclamaron pruebas ni nada, pero cada dos semanas se hace de todas formas un chequeo pagado por su centro laboral.

Ambos se quedarán poco tiempo en Cuba. Vienen a visitar a sus familias y luego retornarán al norte. La muchacha no venía desde enero y, el hombre, esposo de una cubana, no lo hacía desde marzo, cuando el funeral de una amiga suya. Cada uno llega repleto de víveres para proveer en tiempos de crisis económica.

Cerca de la fila hay cinco puestos improvisados de enfermería: allí los viajeros se someten a una muestra nasofaringe para PCR. Equipada, de pies a cabeza, con la protección sanitaria pertinente, la enfermera epidemióloga Sayli Collazo introduce un hisopo en la nariz de un paciente. Este se incomoda y cree que, de haber elegido la otra opción, la de una muestra bucal, hubiera sufrido menos.

Puente a la enfermedad silenciosa.

A todos se les realiza la toma de muestra para el PCR.

En el supuesto caso de que el paciente resulte contagiado de Covid, un error en el procedimiento, una partícula de estornudo que cae donde no debe, pudiera resultar fatal. El peligro es, sin lugar a dudas, inminente. “Uno siempre tiene preocupación, porque es una enfermedad silenciosa”, afirma Collazo, quien no veía en el aeropuerto semejante nivel de seguridad sanitaria desde el estallido, entre 2014 y 2015, del ébola en África Occidental, de donde regresaban los grupos de colaboradores médicos cubanos.

Llegados a este punto del protocolo de salud ante la covid-19, solo falta que a los pasajeros los chequeen en la aduana y les tomen, por segunda vez, la temperatura con uno de esos termómetros de pistola. Entonces salen de la Terminal No. 3 para mezclarse con el exterior de la “gran zona roja” de Cuba: un tumulto bullicioso de posibles contactos, de familiares, amigos y taxistas.

La comunidad decide

El Policlínico Docente Mártires del Corynthia, del Vedado habanero, atiende dos consejos populares, 23 consultorios médicos y a más de 23 000 habitantes. En su jurisdicción se hallan más de 1 000 casas de renta, y una de las poblaciones más envejecidas del país: un destello de la alta vulnerabilidad que le acaece en el actual contexto pandémico, sobre todo cuando los viajeros, o “casos importados”, constituyen la mayor fuente de contagio de Covid en Cuba.

Sin embargo, Carmen Rosa Beyrís, directora del centro médico, asegura que los principales vectores de la enfermedad continúan siendo los cubanos emigrados que se hospedan en casas propias o de familiares. En el caso de quienes permanecen rentados, el propio casero debe garantizar que el visitante cumpla con los estándares de restricción de movimiento. Pero en el resto de los casos, el calor y la nostalgia familiar provocan que se violen las normas.

“Normalmente, nos enteramos de que el viajero está en el área por las bases de datos que llegan del aeropuerto o por las pesquisas que hace a diario el médico de familia, quien muchas veces se adelanta”, revela la doctora Beyrís.

Puente a la enfermedad silenciosa.

El doctor Raymon Sosa y la enfermera Milagros González comprueban el estado de salud de Javier Blanco y Lourdes Álvarez.

Existe un encuentro inicial entre las autoridades sanitarias y el recién llegado, donde este, el casero o los familiares firman una Diligencia de Inspección, documento legal que indica las medidas de aislamiento que deben cumplirse hasta saberse el resultado del PCR del aeropuerto y el del quinto día (en caso de que el invitado venga por más tiempo). Después de eso, el médico de la familia consulta diariamente al recién llegado y, en caso de presentar este algún síntoma –o dar positivo el test– lo trasladan a un hospital.

El Decreto 14/2020 constituye la principal persuasión para que se acaten las normas, que de violarse significarían 2 000 pesos (CUP) de multa al viajero y al anfitrión. Por su parte, los consejos populares también colaboran en dicha tarea.

Pedro Lizardo Garcés, delegado de la Circunscripción No. 6 y representante en el área de salud del consejo Rampa (uno de los dos dentro de la zona del policlínico Corynthia), cada día fiscaliza y controla el flujo de viajeros junto a la doctora Beyrís: Cuántos arriban al barrio, cuántos están en aislamiento, etcétera, etcétera…

“Cuando nos dan esos datos, nosotros implicamos, además de al médico de la familia, a organizaciones de masa como los CDR y la FMC, por ejemplo”, señala Garcés, quien agrega que son dichas entidades las que, principalmente, se ocupan de velar por la obediencia de la restricción de movimiento.

Una llamada anónima, una denuncia verbal de los vecinos… en un barrio donde la mayoría de edad impera, la preocupación de contagiarse es lógica. Hasta ahora, dice Garcés, a los cubanos no les han aplicado multas: con ellos él recurre al convencimiento.

Por el mismo reparto, una pareja septuagenaria que recién llegó a Cuba espera el resultado del PCR. Javier Blanco y Lourdes Álvarez no pensaron nunca estar ocho meses lejos de su hogar, pero la pandemia arreció con ellos en la otra orilla y, lo que era una visita de dos meses a sus hijas en Miami, terminó cuadriplicándose.

Las plantas del portal murieron todas. También lo hicieron los peces, excepto un Nemo sobreviviente que aguantó –sospechamos cómo– más de medio año de hambruna.

Desde que llegaron, están limpiando la casa. Cada día vienen del consultorio el médico de familia Raymon Sosa y la enfermera Milagros González a chequear sus estados de salud. La segunda lleva 25 años en ese puesto; el primero, apenas un mes, lo que le ha impuesto el reto de ganarse la confianza de sus pacientes.

El mayor desafío para ambos ancianos no reside en cuidarse de la covid –que precaución no falta, pues Javier padece de cardiopatía isquémica y Lourdes, de diabetes–, sino en la espera que los mantiene inertes, en vela de esos días que le quedan de aislamiento, sin poder abastecerse de provisiones.

“Estamos esperando a que terminemos el encierro para incorporarnos a la lucha”, estalla animoso el marido, con las obvias y tremendas ganas de salir a la calle.

Contención necesaria

Puente a la enfermedad silenciosa.

Duele retener los abrazos y los besos después de haber estado tantos meses separados de un ser querido; a veces da rabia no compartir de inmediato un almuerzo de bienvenida o pasear con la madre, los abuelos o hijos al llegar a Cuba.

Todo eso es cierto, pero la covid-19 ha impuesto reglas que son ya universales. Lamentablemente, no todos lo comprenden. En la actualidad, el incumplimiento por viajeros internacionales y familiares de los protocolos establecidos es la causa fundamental del aumento de casos del nuevo coronavirus en el país, luego de haberse reducido considerablemente los índices de contagio.

En cuestión de regulaciones, todo está claro. Y más allá del poco distanciamiento entre personas que en determinado momento percibimos dentro de la Terminal No. 3 del aeropuerto internacional José Martí, es en los hogares cubanos donde surgen las principales grietas que han puesto en alerta a las autoridades cubanas.

Las violaciones han generado transmisión de la covid-19 en provincias que durante meses no habían reportado nuevos contagios, a pesar de que por diferentes vías se han dado a conocer las normas de convivencia que deben establecerse. Estos mensajes se han repetido en el aeropuerto, en los espacios televisivos, en los barrios, por los médicos y las enfermeras de familia y los inspectores de control sanitario.

“Todo viajero internacional que arribe al país y vaya hacia la comunidad deberá permanecer en aislamiento estricto en la vivienda hasta que llegue el resultado negativo del PCR realizado al quinto día”, expresó el doctor Carmelo Trujillo, jefe del Departamento de Control Sanitario Internacional del Ministerio de Salud Pública, en el sitio web del Ministerio de Salud Pública.

Igualmente, dijo, la familia deberá estar en aislamiento con el viajero durante ese período de tiempo y respetar las medidas higiénico sanitarias establecidas: el uso de los medios de protección dentro de la vivienda, el distanciamiento social y solo una persona del núcleo familiar podrá salir a realizar las diligencias correspondientes en aquellas comunidades donde no se le garantice los servicios básicos al domicilio.

Sin embargo, las violaciones cometidas han conllevado a que, en La Habana, hasta el 7 de diciembre, según las autoridades gubernamentales, existan 131 controles de focos activos, y de estos, 120 están asociados a casos positivos de viajeros. De acuerdo con lo expuesto por el gobernador de la capital, Reinaldo García Zapata, a inicios del último mes del año se visitaron 66 controles de foco y detectaron cinco con violaciones.

Entre los mencionados estuvo uno ocurrido en el municipio de Cotorro: un viajero visitó a vecinos del edificio, se impuso multas, tanto al viajero como al propietario. Las otras cuatro infracciones fueron en San Miguel del Padrón, una persona salió antes de que estuviera el resultado del PCR del quinto día, y dos están vinculados con individuos que fueron a ver al visitante antes de cumplir el período de aislamiento. En estos casos se aplicó multas por 2 000 pesos, tal como lo expone el Decreto 14/2020.

En reunión del Grupo de trabajo para el enfrentamiento al nuevo coronavirus, el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, continuó insistiendo en la necesidad de incrementar la responsabilidad familiar y el respeto estricto a los protocolos establecidos ante la covid-19, dentro y fuera de los hogares.

Si bien se ha reforzado a todos los niveles el control sanitario internacional, desde la dirección provincial de salud hasta el propio policlínico, –y fueron creados equipos de atención inmediata, que también están encargados de dar un seguimiento al viajero en la comunidad–, no hay dudas de que es la familia quien debe tener claras las reglas del juego, pues no arriesgan solo sus vidas, sino la de los demás.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León