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Publicado el 24 Enero, 2021 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

¡Ay, Florentino…, ese es el cuento que no desearíamos escuchar!

Siempre tiene un motivo para entablar conversación. Con frecuencia su esposa, Laudelina, se asoma por el balcón del apartamento para decir: “¡Ya está inventando”! Pero tanto él, como sus amistades, se mantienen indiferentes; mas, cuidando la distancia, en estos tiempos de COVID-19. Lo que cuenta, es el cuento. Y están prestos, el primero a decir, y los demás, a escuchar
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El cuento que no desearíamos escuchar.

Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA.

Por IRENE IZQUIERDO

Como el Rey del cuento y dueño del parque, definen a Florentino en el barrio. Parece que hombre y banco…, banco y hombre nacieron juntos; el lugar es bien amplio y poco frecuentado. Ya es costumbre verlo sentado allí. ¡Sí, en el mismo asiento! ¡En el primero a la derecha, de aquí para allá!

Es tan ocurrente Florentino, que hasta los niños lo buscan. Él les advierte acerca de la necesidad de mantener el distanciamiento social y no salir de la casa sin el nasobuco “¡y bien puesto, eh!”.

Desde que se detectó en marzo del año pasado, el primer caso del coronavirus SARS-CoV-2, nos parece que, en materia de información, después del doctor Durán, él como fuente de primera mano. Porque quien no tuvo tiempo de escuchar la conferencia de prensa, se entera por el “Flore”.

Pero, además, siempre tiene un motivo para entablar conversación. Con frecuencia su esposa, Laudelina, se asoma por el balcón del apartamento para decir: “¡Ya está inventando”! Pero tanto él, como su círculo de amistades, se mantienen indiferentes; mas, cuidando la distancia, en estos tiempos de COVID-19. Lo que cuenta, es el cuento. Y están prestos, el primero a decir, y los demás, a escuchar.

Así, este hombre humilde, septuagenario, que recomienda a todos cuidarse, “porque lo bueno merma”, está en el corazón de cada uno.

Este sábado no se le vio en el banco; los que transitan habitualmente por allí sintieron su ausencia, pero no hicieron comentario. Este domingo faltó nuevamente, y ya hubo preocupación. Entonces un vocero voluntario trajo la noticia tranquilizadora:

—El Flore está bien, pero la doctora le sugirió permanecer en casa; dos vecinos del apartamento continguo  son sospechosos, por haber estado en contacto con un familiar que resultó positivo. Ya les tomaron las muestras para el PCR y están esperando los resultados. Él dice estar muy aburrido, porque echa de menos a su banquito.

Entonces la conversación, en ausencia de Florentino, giró en torno al reporte ofrecido hoy por el Ministerio de Salud Pública, en voz del doctor Francisco Durán.

—Creo que lo mejor es que el Viejo esté allá arriba, comentó el vocero., quien agregó que las noticias de la mañana indican que el foco rojo sigue ahí, al sumar 634 nuevos casos positivos al coronavirus SARS-CoV-2 -324 solo en La Habana-, y se reportan tres fallecidos más. El mes de enero se pone en 48 muertos hasta ayer, superado solo por abril, cuando hubo 57.

Más que una conversación ocasional, el tema sugiere reflexión. Ya el total de contagiados asciendo a 21 mil 261, de los cuales 16 mil 387 han sido arrebatados de las garras de esa terrible enfermedad. Hoy ocupan camas en los hospitales cuatro mil 641 pacientes; cuatro mil 593 con una evolución clínica estable; pero 48 están en las terapias intensivas: 33 graves y 15, críticos.

Lamentablemente, las estadísticas recuerdan que –con los tres de hoy- son 194 los cubanos que han perdido la vida a causa de la COVID-19.

Por eso, mi viejo, ¡cuídese! Con esta epidemia la responsabilidad es garantía. Sabemos que volverá a su parque para contar acerca de lo humano y lo divino. ¡Ojalá no tenga que ser con datos como los que hoy signan la situación epidemiológica del país! Porque, ¡ay, Florentino, ese es el cuento que no desearíamos escuchar!

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Irene Izquierdo

 
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