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Publicado el 12 Enero, 2021 por ACN en Nacionales
 
 

De la pandemia, el dinero y otros demonios

La pandemia ha trastornado al mundo, la paralización del movimiento de personas entre países detuvo el turismo, el cierre de empresas y la disminución del comercio han incidido de manera que en 2020 la producción de riquezas y servicios en el mundo se contrajo entre el 5% y 10% respecto a 2019. En Cuba, específicamente, el decrecimiento alcanzó el 11%
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Pandemia, economía y responsabilidad individual

El Estado puede invertir cuantiosos recursos para frenar el rebrote de la pandemia, pero si no prevalece la responsabilidad individual, es como arar en el desierto. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por CARLOS ALBERTO GONCE SOCÍAS

Dos procesos centran las principales preocupaciones de los cubanos hoy: la pandemia provocada por el SARS-CoV 2 y la unificación monetaria y cambiaria, esta última con las necesarias transformaciones que la acompañan. Dos fenómenos muy diferentes con un punto de contacto vital: la economía.

La pandemia ha trastornado al mundo, la paralización del movimiento de personas entre países detuvo el turismo, el cierre de empresas y la disminución del comercio han incidido de manera que en 2020 la producción de riquezas y servicios en el mundo se contrajo entre el 5% y 10% respecto a 2019. En Cuba, específicamente, el decrecimiento alcanzó el 11%.

En medio de este panorama, el Proceso de Ordenamiento de la economía cubana ha elevado en varias veces los salarios y los precios, al tiempo que cambia radicalmente el entorno económico de la actividad empresarial estatal y privada.

Transformaciones que a mediano y largo plazos deben estimular la producción nacional, incrementar las exportaciones y disminuir la dependencia del mercado foráneo.

Tales medidas han permitido prever un crecimiento económico para 2021 de un 7%, pero recordemos que en el año que culminó ese mismo indicador decreció en 11%, por lo que, de lograrse la meta prevista, se mantendría un 4% por debajo de los resultados de 2019.

Entonces el año que se vive se caracteriza por la incertidumbre propia de una radical transformación, que cambia mucho de lo que ha sido nuestro entorno social y genera la necesidad de trabajar y producir mejor, de controlar con acierto el presupuesto doméstico y ahorrar, en bien de la sociedad y de sí mismos.

Claro que todo eso está matizado por el optimismo que genera el saber que nadie queda desprotegido, y que se escuchan y valoran las opiniones y propuestas que expresan las inquietudes populares.

Pero también está presente la influencia de la COVID-19, que ya se ha dicho tiene un alto significado económico.

En tal sentido, según se incrementan los contagios con el nuevo coronavirus crece el costo para las menguadas arcas estatales cubanas.

Cada contacto que se aísla es alguien que deja de producir o presar servicios, deja de generar riqueza social.

Cada persona que se ingresa significa alimentos, electricidad, agua, lavandería y otros servicios en los hospitales, atención médica que incluye especialistas altamente cualificados, miles de pesos en medicamentos y equipos si llegara a requerirlos, transporte… Y todo durante esa etapa en que no está produciendo ni generando servicios, y sin pagar nada, porque todo eso es gratis, pero como se puede apreciar, cuesta.

Entonces la epidemia genera enormes gastos y afecta los procesos productivos, de lo que resulta que evitar los contagios no sólo preserva la salud, sino que ayuda a la economía.

Piense en esto antes de violar el aislamiento o permitir que otros en su entorno lo hagan, quitarse el nasobuco, meterse en una aglomeración o deambular innecesariamente por las calles.

Cuide su salud, cuide a los suyos, porque como bien se dice, si usted gana, ganan todos. (ACN).

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