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Publicado el 24 Enero, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Qué canten los niños

En nuestras manos, desde el fondo del pecho, está la posibilidad de impedir que niñas y niños sigan contagiándose con el SARS-CoV-2, y de sustituir llanto o dolor por esa sonrisa a la que ningún economista, ni el mejor tasador del mundo, podrían ponerle precio, bajo el techo de cada familia
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Qué canten los niños.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

No conozco su nombre. Tampoco me resulta indispensable. Solo sé que, según el parte con cierre 21 de enero, reside en Cerro, La Habana, tiene apenas siete meses de nacido, vino al mundo con una transposición de grandes vasos, está pendiente de tratamiento quirúrgico, dio positivo a la Covid-19 y está reportado de grave… razón más que suficiente para sentir una angustia extrema, capaz de nublarme la mirada.

No es el quirófano lo que más me preocupa. Conozco el caso, similar, de un niño tunero (todo un joven hoy) que nació con igual patología, fue llevado al salón con solo diez meses de edad y la operación devino todo un éxito de nuestra medicina, en el cardiocentro pediátrico del hospital William Soler.

Qué canten los niños.Me martilla lo otro: el maldito virus alojado dentro de tales “angelitos”: como solía definir mi tierna abuela a esas personitas en miniatura, a quienes nadie puede atribuirles ni la más mínima responsabilidad en situaciones como esta.

No es aquel bebito del Cerro el único lactante cubano víctima de contagio con el SARS-CoV-2. Otros 77 han sido igualmente blanco del nuevo coronavirus, desde que el peligroso germen  irrumpió en la palestra nacional, en marzo del pasado año.

Ascendente sigue siendo la cifra de niños de otras edades, adolescentes y jóvenes menores de 18 años infectados por la pandemia.

¿Acaso lo pidió así alguno de ellos?

Usted -que lee estos apuntes, que tiene bajo su techo uno o varios niños o que sigue considerando como tal a ese retoño suyo ya empinado, no importa con qué edad hoy- piense bien una respuesta en la que todo adulto sensato coincidirá: Absolutamente ninguno de los infantes que han resultado positivos a la Covid-19 pidió enfermarse. Ninguno tampoco es responsable de ello.

Nos duela o no, la culpa fue, es y continuará siendo totalmente nuestra, por la probada incapacidad, como adultos, para protegernos y de hecho proteger lo más grande e importante que hay bajo todo techo familiar y digo más: bajo el techo común de esta nación: los niños.

No sé ya la cantidad de veces que el doctor Francisco Duran, Director Nacional de Epidemiología, ha recalcado y vuelto a recalcar la necesidad de no descuidar la seguridad de los más pequeños del hogar, en medio de riesgos muy válidos para todos.

Qué canten los niños.Confieso que siempre he considerado entre las cosas más tristes de este mundo el llanto de una niña o niño. Tal aflicción se multiplica solo de ver, o de imaginar, el mustio semblante de esas criaturitas, aquejadas por indeseables síntomas asociados a determinada enfermedad.

Por antonimia, también he dicho que ningún placer roza al de escuchar a un niño cantando o tarareando una canción, muchas veces solito, mientras juega, se entretiene o camina de la mano de un adulto, alternado sus cortos pasos con pequeños saltos sobre uno y otro pie.

Llenemos las 24 horas del día con imágenes reales como esa y reduzcamos a cero, en nuestro radio de acción, toda posibilidad de contagiar a hijos, nietos, sobrinos y vecinos, con un virus totalmente huérfano de sentimientos, que no respeta edades, capaz de perjudicar con igual impunidad y agresividad vías respiratorias, órganos internos e incluso causar alteraciones cardiovasculares en pacientes de edades pediátricas.

Por la precaución que, en sentido general, ha prevalecido en la familia cubana, por la primerísima prioridad que el Estado le sigue concediendo a la niñez y por el rigor de nuestra medicina, el país no ha tenido que lamentar el deceso de ningún niño como consecuencia del SARS-CoV-2. El mundo, lamentablemente, sí.

No esperemos, en lo individual, a que sea demasiado tarde para hacer lo que por pasión natural y por esa gratitud enraizada desde lo más fértil de nuestra cubanía, nos corresponde a cada padre, madre, abuelo, abuela, tío, hermano, amigo, vecino…

Qué canten los niños.Convirtamos –en el contexto nacional e internacional de este momento- más en himno todavía aquella romanza que para toda posteridad nos regaló el cantante español José Luis Perales desde que inundó el éter con una melodía apta para nacer y renacer día tras día, llamando a un inmenso coro, de paz y en paz, por parte de todos los niños… para evitar que sufran dolor o que dejen de cantar mañana porque hayan apagado su voz.

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Pastor Batista

 
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