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Publicado el 11 Enero, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Rosa y Aurora de todos

Tú partes, guardaremos tu huerto, seguros de que regresarás despierta y habrá luceros nuevos.
Rosa y Aurora de todos.

Así la vi, atenta, delicada, fuerte.

PASTOR BATISTA VALDÉS

Y ahora, mientras sitios, redes, voces… dan a conocer la noticia de su fallecimiento, no puedo evitar que el tiempo lleve otra vez mi mano a la de ella, la misma que estreché un cálido mediodía en la sede provincial del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en Las Tunas.

Recuerdo que  cuando llegué al lugar, Rosa Aurora Freijanes, esposa entonces de Fernando González Llort, uno de los Cinco Héroes cubanos que permanecían encarcelados de manera injusta en Estados Unidos, estaba rodeada de niños que habían acudido allí con un bulto de propósitos envueltos en ternura, aunque uno emergía  recurrentemente como el más ansiado por todos: darle y recibir un beso.

Rosa y Aurora de todos.

Incansable fue su lucha en esos años, por el retorno de los Cinco.

Sonriente, con la dulzura de un mar tranquilo en el azul de su mirada, ella  quemaba millas de cariño, ajena al tiempo en fuga, mientras dedicaba  libros, cuadernos, afiches, libretas, hojas sueltas y cuanto pergamino hallaban niñas y niños, empeñados en retornar luego a casa y guardar en el lugar más seguro e importante un pedazo de linda historia.

“Claro que sí”, me dijo cuando ya no quedaban chicos pidiéndole autógrafos, besándola, sintiendo la caricia de sus manos o escuchando consejos que hoy, casi 15 años después, tienen el mismo sentido, con multiplicada estatura.

Yo -conocedor a medias del “respeto” que ella sentía  por lentes y micrófonos, incluyendo, supongo, hasta agendas para apuntes, como la que yo llevaba- solo le había suplicado un par de minutos , a lo sumo, para hacerle no más de dos preguntas.

Era 14 de febrero del año 2006. ¡Qué día! ¡Pero también qué mujer! Cero lágrimas al sur de los azules ojos por donde muy bien pudieron fluir… o en torrente. Tal vez hasta lo hubiera necesitado, pero no era de ese tipo de humedad el regalo que más ansiaba darle a su Fernando el día de amor, por excelencia, dentro del calendario.

Rosa y Aurora de todos.

Tierna como una Rosa y más dura que lo adverso.

Fueron los años de incertidumbre para muchos aunque, casi inexplicablemente, de esperanza y de seguridad para ella junto a  esposas, madres, hijas y demás familiares de los restantes cuatro héroes antiterroristas, por encima del tiempo, de la injusticia, de veredictos, de rejas y de cadenas eslabonadas por la perpetua  maldad imperial.

Gerardo Hernández, uno de los Cinco, sabe muy bien por qué  llamó y llamará siempre Guerrera a la Rosa Aurora de todos.

Que alguien me busque el día en que ella no compartió espacio en el centro de aquel combate, escalando podios, foros, encuentros, diálogos, cartas, visitas, recorridos, mensajes…  dentro de Cuba, en el exterior y sobre todo en lo más interno de su pecho, a toda hora de todos los días.

Y Guerrera no dejó de ser, después, frente a esas otras emboscadas que a veces tiende la vida contra sí misma. Te arrodillas o andas. ¡Lo segundo; siempre lo segundo: andar! Hay tanto camino, tanto cielo azul como tus ojos por delante, que ni aun sabiendo cierta tu partida hacia eso que llaman sueño eterno dejo de imaginarte Aurora de cada día, Rosa abriendo pétalos, Amada aquí  en la cima y allá trepando el dulce abismo, como dijo en acordes el poeta, de donde regresarás despierta, con un lucero nuevo.


Pastor Batista

 
Pastor Batista