2
Publicado el 8 Enero, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

SARS-CoV-2, nada es casual

¿Por qué provincias donde el rebrote no sacó cabeza ayer hoy tienden a “enredarse”? ¿Por qué otras, donde el virus azotó sin compasión ahora tienen panorama más favorable? ¿Será que es preciso chocar duro contra la realidad para por fin aprender a hacer bien las cosas?
SARS-CoV-2, nada es casual

La precaución empieza por casa.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Se sabía que para esta fecha podía aumentar la incidencia del SARS-CoV-2. Fue algo así como “una guerra avisada” que bien valía la pena tener en cuenta para evitar –como reza en vieja y sabia frase- la muerte innecesaria.

Estadísticas ofrecidas otra vez con diaria frecuencia por el doctor Francisco Durán García, director de Epidemiología del Ministerio de Salud, me hacen pensar, sin embargo, que no todos ni en todas partes nos preparamos como debimos, frente a aquella oportuna alerta.

Focos que ojalá no deriven en eventos han vuelto a poner en tensión a municipios y provincias.

Que haya sido suspendida la transportación de pasajeros desde y hacia Santa Clara, no es capricho o exageración. Y ni pensar que por casualidad varios municipios de Matanzas hayan retrocedido a fases de transmisión o que La Habana tienda también a enredarse… por apenas citar esos ejemplos.

Los confiados, los descuidados, los absurdamente “audaces” volvieron a bajar de forma negligente la guardia, aun sabiéndose y re-sabiéndose que el mortal virus no desaprovecha grieta, espacio ni tiempo por donde pueda colarse, venga en avión desde fuera o ruede por asfalto interno.

SARS-CoV-2, nada es casual.

¿Se han mantenido en todas partes, con rigor, medidas así?

Pareciera necesario chocar duro contra la realidad para que entonces anide la percepción del riesgo que, bajo cualquier circunstancia, debe prevalecer a escala familiar, institucional, social.

Hace apenas un mes, mientras viajábamos hacia el oriente cubano, mi  esposa y yo quedamos desconcertados al ver la predominante cantidad de personas (incluidas numerosas mujeres embarazadas, padres con niños de la mano o en bicicleta e incluso ancianos) que transitaban tranquilamente por la calle sin nasobuco o con él colgando del cuello, en Florida, Camagüey, Sibanicú, Cascorro, Guáimaro y Las Tunas.

Era, por lo visto, resultado de la injustificada y banal confianza generada allí por meses sin complicaciones como las que sí habían tenido que enfrentar otras ciudades y provincias.  Resultado: hoy el panorama de esas localidades no es el mismo. El “bicho” está haciendo de las suyas.

Por antonimia o comparación invirtamos el asunto. ¿Acaso alguien imagina que es fortuita la situación, mucho más favorable, que hoy están presentando territorios como Ciego de Ávila y Sancti-Spíritus? Me niego a aceptar que sí.

Al margen de descuidos, siempre presentes; de violación de protocolos que debieran tener sagrado cumplimiento, es difícil hallar en espacios públicos de ambas provincias a ciudadanos sin nasobuco o con él incorrectamente portado.

Parte de las razones se las atribuyo a esa autoresponsabilidad que tanto pide el doctor Durán. Es un hecho, también, la posibilidad real de ser multado por incurrir en una irreverencia que puede propagar la epidemia. Pero, a mi modo de ver, hay otro elemento de notable peso sobre la balanza: avileños y espirituanos tienen la reciente experiencia de un brutal rebrote que dispersó al virus como quiso, contagió a su antojo, saturó centros de aislamiento, disparó pérdidas en el orden económico y lo peor: mató, puso fin a vidas humanas.

SARS-CoV-2, nada es casual

En materia de descuidos, llovizna sobre terreno mojado.

¿Habrá que llegar, realmente, a tal punto para que ciudadanos, sociedad e instituciones adquieran conciencia del peligro?

No me parece. Con la vida no se juega. Y tampoco con los recursos de un Estado como el nuestro, que sigue sin escatimar dinero, medicamentos, potencialidades, ciencia… en función de la salud y de la vida humanas, a pesar de estar atravesando uno de los peores momentos en los terrenos de la producción, de las finanzas, de la economía en general y de una política cada vez más agresiva por parte de ese enemigo imperial que -puntero mundial en incapacidad para enfrentar a la pandemia y con renovados records de muertes por el virus- sigue moviendo cielo, mar, tierra y ciberespacio para asfixiarnos.


Pastor Batista

 
Pastor Batista