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Publicado el 21 Febrero, 2021 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Coronavirus SARS-CoV-2, los peligros de la osadía

Sería muy provechoso en los propios hogares donde hay bebés evaluar qué medidas han incumplido para que ellos y las mamás se hayan contagiado. Nadie duda que alguna violación se ha cometido, porque el SARS-CoV-2 no camina si antes no ha encontrado alojamiento en un cuerpo
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Coronavirus SARS-CoV-2, los peligros de la osadía.

En el parte ofrecido por el Minsap este domingo se refleja que, entre los mil 039 nuevos casos de COVID-19, hay 125 menores de 20 años. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por IRENE IZQUIERDO

Todos sabemos de nuestra intrepidez, cubanos somos. Y como tales “guapeamos”, pero sin dejar de lado la sensatez, el sentido común. No obstante, a un año de vivir en un ambiente caldeado por la COVID-19, los acontecimientos me han puesto a dudar de la cordura de mis congéneres.

Parto de hechos relacionados con la aparición del mal y sus rebrotes. La pandemia parece no tener fin, y mientras muchas personas observan de manera precisa cada medida, hay  quienes parecen estar en una nube. Pero sin que así lo queramos, la COVID-19 marca las acciones de nuestras vidas.

Marca nuestras vidas por el simple hecho de que no podemos hacer lo habitual; esto de un lado; y por el otro, que cuando somos irresponsables, osados e insensatos reunimos todas las condiciones para convertirnos en propagadores de la enfermedad, provocada por un virus tan oportunista, como transmisible y letal; un virus que aprovecha cualquier descuido para perpetuarse.

En la comunidad donde vivo he visto a personas debidamente protegidas llamar la atención a adolescentes y jóvenes que violan constantemente los protocolos, las medidas epidemiológicas establecidas, y son penosas las respuestas que reciben: “¡Ah, señora, cuídese usted, que ya está bastante mayor; usted sí se puede contagiar!”… “¿Y a usted quién le preguntó, viejo metido? ¿Usted es policía?”. Otras veces optan por callar, pero detenerse y lanzar miradas como rayos fulminantes.

Con estas actitudes, además de quebrantar lo establecido, devienen agentes capaces de  llevar el virus a sus casas y contagiar a toda la familia, incluidos niños y ancianos.

Cuando era pequeña y había algo problemático en la familia o en el entorno, mi abuelo –he dicho muchas veces que para mí era un sabio- decía ‘no es lo mismo tentar al toro que verlo venir y sobre nosotros meter sus cornadas’. Algo similar, salvando el tiempo transcurrido, sucede con esta enfermedad. Quien no respeta las normas de conducta a seguir y le está dando luz verde al virus, ha de atenerse a las consecuencias.

En el parte sobre el comportamiento de la COVID-19 la víspera –cuando se reportaron mil 039 positivos, la segunda más alta para un día-, aparecen menores de 20 años 125, de los cuales 109, están en edades pediátricas, incluidos tres lactantes. Preocupa que en estos momentos haya activos 764, con dos graves.

Lamenta cada mañana el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Minsap, el anuncio de los casos de fallecimientos. Desde marzo de 2020 el mal ha segado 296 vidas; específicamente en febrero suman 80 los decesos, para el 27,02 por ciento del total. No resultaría ocioso que en cada hogar tuvieran claro, cómo llegó el virus a esas personas que ya no están, y no olvidar cuánto daño ocasionan los asintomáticos.

Sería muy provechoso, también, evaluar en qué medidas han incumplido en los hogares donde hay bebés para que ellos y las mamás se hayan contagiado. Nadie duda que alguna violación se ha cometido, porque el SARS-CoV-2 no camina, si antes no ha encontrado alojamiento en un cuerpo.

¿Le ha interesado en algún momento cuánto cuesta la atención a un paciente contagiado? Tal vez sí. Aunque la mayoría sale del hospital sin preocupaciones, porque el servicio es gratuito. No obstante es bueno mencionar un despacho de la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina, citando al diario The New York Times, el siete de octubre último, que dice: “el precio total por una hospitalización para un paciente mayor de 60 años es de 61 mil 912 dólares”.

También destaca que, en general en todo Estados Unidos, los pacientes hospitalizados reciben facturas superiores a los 400 mil dólares, según la investigación realizada por el Times.

Los cubanos atendidos, tanto en hospitales como en centros de aislamiento, saben por la atención recibida, que las cifras de gastos ocasionados a causa de la pandemia al país están ahí, las arcas se las sienten. Lamentablemente hay personas a las que eso no les interesa, como tampoco les duele culpar al Estado de los efectos económicos de una crisis que es global.

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