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Publicado el 11 Febrero, 2021 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

COVID-19: la vivencia del miedo

Un estudio realizado en niños y adolescentes recuperados de la infección por el nuevo coronavirus revela la aparición de conductas y trastornos que significan un riesgo para la salud mental de los infantes
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COVID-19: la vivencia del miedo.

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIA.

Por MARIETA CABRERA

¿Cómo un menor de edad diagnosticado con la covid-19 afronta la enfermedad? ¿Qué impacto emocional puede causarle este evento inesperado? En busca de respuestas a esas y otras interrogantes, especialistas en Psiquiatría y Psicología del Ministerio de Salud Pública realizan el estudio titulado “Caracterización de la salud mental de los niños y adolescentes cubanos convalecientes de covid-19”, el cual forma parte de la atención integral a estos pacientes.

“Ante desastres naturales, en este caso un evento epidemiológico de alcance global, se producen alteraciones en la salud mental de los seres humanos, ya sea por conductas de riesgo o por trastornos, y niños, niñas y adolescentes forman parte de una dinámica familiar que se altera con la enfermedad”, explica a BOHEMIA la doctora Tania Adriana Peón Valdés, especialista en Psiquiatría Infantil, autora principal y coordinadora del estudio.

Alrededor de 1 200 infantes de todo el país, que estaban de alta epidemiológica al cierre del 18 de diciembre, fueron evaluados hasta finales de enero, puntualiza la especialista. El propósito es incluir en la investigación a la totalidad de los enfermos en edades pediátricas (18 años y menos), según van egresando de las instituciones hospitalarias.

Lo primero que realiza el equipo de expertos es una historia social psiquiátrica en la que evalúan con quién vive el niño y en qué condiciones, cómo se sustenta económicamente esa familia y cómo funciona respecto a las necesidades del menor. También exploran si esta es permisiva o autoritaria, si maltrata, si estimula el desarrollo del pequeño, e igualmente valoran los juegos de este, su rendimiento escolar y el consumo de materiales audiovisuales.

“Estamos hablando de una enfermedad con un componente social importante en su transmisión y los niños han sufrido eso. No pasa igual la pandemia el que vive en un apartamento pequeño, con un espacio muy reducido, comparado con aquel cuya vivienda tiene quizás un patiecito para jugar”, ilustra Peón Valdés.

Con esa visión integral, los investigadores detectan conductas que significan un riesgo para la salud mental de los infantes y diagnostican los trastornos que han aparecido como consecuencia de haber padecido covid-19, refiere la también especialista en Medicina General Integral y segunda jefa del Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil.

COVID-19: la vivencia del miedo.

“La covid-19 es una enfermedad con un componente social importante en su transmisión y los niños han sufrido eso”, afirma la doctora Tania Peón. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Entre las conductas de riesgo encontradas menciona el exceso de apego al familiar, el insomnio, las pesadillas, y el sobreconsumo de medios tecnológicos. Además, alteraciones del apetito (unos han incrementado su ingesta de alimentos y otros se han vuelto inapetentes), irritabilidad, voluntarismo, y rebeldía dentro de la casa, sobre todo en los adolescentes.

“También hemos visto la tristeza, una respuesta normal ante un evento anormal que es la pandemia y el haber enfermado. El niño no está deprimido, sino triste, pero eso constituye un síntoma que es preciso atender porque de no hacerlo sí pudiera aparecer un trastorno depresivo, o de ansiedad”, alerta la doctora.

Respecto a los trastornos diagnosticados en los infantes de este grupo, la entrevistada destaca los llamados de adaptación ansiosos (ansiedad que se produce en respuesta a un evento agudo), que ponen al niño preocupado y aprensivo. “Es el que ya no solo se come las uñas, por ejemplo, sino que repite: ‘¿Y si enfermamos? ¿Y nos vamos a morir?’ Comportamiento que excede el estar asustado e interfiere con su funcionamiento normal.

“Hemos determinado además trastornos de pánico, sobre todo en los adolescentes. En los más pequeños ha aparecido con mucha frecuencia la enuresis de regresión, alteración que se presenta en el menor que había dejado de orinarse en la cama y luego de enfermar de covid-19 vuelve a hacerlo”.

Añade la psiquiatra infantil que entre los más chicos han visto asimismo el trastorno de ansiedad por separación -expresión patológica del exceso de apego-. “El niño no quiere separarse de su mamá, hay que acompañarlo para ir al baño, dormir, y tiene temores además”, ejemplifica.

Por lo general, resume la experta, los trastornos observados en estos pacientes son temporales, no necesariamente tienen que afectar su salud mental para toda la vida.

Trazos reveladores

Muchos de los sentimientos experimentados por los pequeños desde que enfermaron están plasmados en sus dibujos. “Son muy reveladores y constituyen para nosotros lo que para otros especialistas puede ser un ultrasonido o un electrocardiograma”, afirma la doctora Tania Peón.

Explica que como parte del protocolo de evaluación pidieron a los pacientes hacer un dibujo inicial de tema libre, otro sobre su familia, y el tercero acerca de sus experiencias luego de haber enfermado de covid-19. En este último, cuenta la psiquiatra, afloran las emociones, preocupaciones y ansiedades que han tenido.

“Lo que hemos visto en estos niños es sobre todo la vivencia del miedo. Expresan sus temores por los procederes médicos a los cuales son expuestos. Se dibujan acostados y detrás de la cama pintan los equipos médicos que normalmente no forman parte de la vida de un niño. También es significativo el color que utilizan para cada figura y la fortaleza del trazo. En ocasiones la jeringuilla está pintada de rojo y remarcada, lo cual es expresión de cómo perciben la agresividad de ese entorno adverso para ellos”.

Por otra parte, manifiestan inquietud por la familia, cuyos miembros no enferman a la vez. “Puede ocurrir que ingresen a la madre en un hospital y el niño vaya para un centro de aislamiento con el padre, la abuela o el abuelo. Luego, si se confirma que el pequeño tiene covid-19, lo cual es muy probable por su cercanía con la mamá, él es trasladado en compañía del papá u otro familiar para una institución hospitalaria pediátrica.

COVID-19: la vivencia del miedo.

Foto: cubaperiodistas

“Entonces, ese menor enfermo está preocupado por él, por la mamá, y también por la abuela porque quizás supo que la llevaron igualmente para el hospital. Ahora no sucede lo que ocurría cuando el niño tenía asma, por ejemplo, y la familia entera estaba a su lado. La covid-19 los enferma a todos y generalmente a los más pequeños los contagia alguien cercano”.

Comenta la especialista que algunos niños enfermaron con abuelos que luego fallecieron y hay que manejar el duelo de manera que las consecuencias emocionales no se conviertan a largo plazo en males mayores.

“Cualquiera puede presentar durante su niñez una reacción de duelo ante la muerte de un ser querido y la familia acude a un profesional para que la oriente o enfrenta la pérdida por sí misma. Pero en estos pacientes que evaluamos no estamos esperando que alguien nos pida ayuda porque ya conocemos al que se halla en esa situación e intervenimos de inmediato”.

Rasgos familiares

Al ahondar en el interior de las familias de los infantes recuperados de la infección por el nuevo coronavirus, los investigadores encontraron -en un primer corte del estudio realizado en septiembre- que cerca del 40% de estas eran monoparentales, compuestas solo por la madre, apunta la doctora Tania Peón, integrante además del grupo de expertos de Ciencias Sociales del Ministerio de Salud Pública que trabaja en el enfrentamiento a la pandemia.

Apreciaron además que en el 52,5 % de dichas familias los ingresos económicos estaban por debajo del promedio. En tanto, la evaluación de las condiciones de las viviendas arrojó que en el 51,2 % eran regulares y malas, y que el 34% estaban hacinadas, lo cual favorecía la transmisión de la enfermedad.

“Tales indicadores corresponden a los casos que hubo en la primera ola de contagios y parte de la segunda, cuando muchos de los que enfermaron en La Habana (provincia con una alta incidencia) eran de los municipios de San Miguel del Padrón, Arroyo Naranjo y Centro Habana, cuyo componente social se corresponde con las características mencionadas”, relaciona la especialista.

COVID-19: la vivencia del miedo.

El creciente número de niños y adolescentes con la covid-19 reportados en Cuba evidencia la falta de percepción de riesgo que prevalece en la población. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Otro resultado interesante del estudio es que, del total de familias estudiadas, un número considerable admite haber menospreciado la enfermedad y, después de ver sus consecuencias, reconoce que debieron protegerse mejor. Algunas, sin embargo, opinan que cumplieron con las orientaciones e igual contrajeron el virus.

Los 1 200 niños y adolescentes incluidos en la investigación serán evaluados nuevamente por este equipo de trabajo a los seis meses de haber enfermado de covid-19, al año, a los dos, y a los cinco años. “Aunque todos tienen un seguimiento por los servicios de salud mental municipales”, aclara Peón Valdés, y adelanta que los menores ingresados en los hospitales a finales de diciembre e inicios de enero serán incorporados al estudio y evaluados en el transcurso de febrero.

Cuando crece la cifra de infantes con la covid-19 en Cuba, la psiquiatra recuerda que en la niñez está en formación la personalidad y todas las vivencias que tiene un pequeño van a formar parte de esa persona que será en el futuro. “Por eso es tan importante evitar trastornos que pongan en riesgo su salud mental, pues algunos pueden dejar marcas para toda la vida”.

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Marieta Cabrera

 
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