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Publicado el 4 Febrero, 2021 por ACN en Nacionales
 
 

ACOPIO Y COMERCIALIZACIÓN

En busca de lo que la mesa demanda: ¡Más!

Al margen de lo que pueda mediar entre escépticos y optimistas, la experiencia que tiene lugar en dos mercados agropecuarios estatales de Ciego de Ávila parece “entonar” más con lo que en el contexto actual siguen buscando productores, placitas y consumidores
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En busca de lo que la mesa demanda: ¡Más!

Poco a poco mejora la presencia de productos en el Mercado La Malanga.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

La anciana Aracely Cruz se asoma a la puerta del Mercado Agropecuario Estatal  (MAE) # 3, La Malanga, en Ciego de Ávila y, al advertir la presencia de otros ciudadanos escogiendo yuca, calabaza y col, a ras de anaqueles, se anima a entrar.

Parece ser cierto lo que le ha escuchado decir a algunos vecinos, acerca del “cambio que últimamente se está notando en esa placita, con más volumen de productos y mayor variedad de ellos”.

En efecto, si usted visita otras instalaciones similares tal vez no encuentre el mismo nivel de oferta, aun cuando la empresa de Acopio se esfuerce por surtir en el mayor grado posible todas sus unidades.

El joven Yoelio Rodríguez Aróstegui, director de desarrollo en la referida empresa,  reconoce  algunas razones en  torno a la diferencia real que, con respecto a los demás, comienzan a marcar ese mercado y el Número 1, La Naranja, en la norteña ciudad de Morón.

“Por iniciativa de la provincia, explica, desde hace algunas semanas hemos iniciado una nueva experiencia de comercialización en ambos, con el propósito de lograr más eficiencia en la gestión y funcionamiento de esas estructuras, así como mayor satisfacción de las necesidades de la población, sobre la base de una oferta superior y más variada.

“Para ello, hemos descentralizado funciones, les hemos concedido una mayor autonomía a esos dos mercados, de manera que no dependan de la gestión de la Unidad Empresarial de Base o de lo que les llega únicamente por el balance territorial.”

Dicho en otros términos, La Malanga y La Naranja han comenzado a funcionar como una especie de pequeña empresa, con nivel propio de gestión y con facultades incluso para firmar contratos e interactuar de forma directa con bases productivas y productores.

Añade Yoelio que en ambos casos se asignó un medio de transporte de carga, con su correspondiente chofer, quien junto a un gestor tienen a su cargo ese tipo de actividad, de acuerdo con los intereses del mercado al que pertenecen.

BENEFICIO COMÚN
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Gestor y chofer, con su correspondiente medio de transporte, agilizan la búsqueda, acopio y traslado de productos hacia el mercado.

Aun cuando la experiencia está en despegue, ya enero demostró que, por su concepción y primeros resultados, ese experimento puede resultar provechoso para todas las partes.

“Nosotros, por ejemplo, hemos tenido una mayor presencia de productos –reconoce Abel LLanes, administrador del MAE # 3. Y cita el caso de la yuca, col, calabaza, fruta bomba, guayaba, coco de agua, plátano fruta, huevo de codorniz, primeros envíos de tomate…

“Todo eso, desde luego, contribuye a satisfacer un poco más las necesidades de las familias que habitualmente acuden a nuestro mercado en busca de soluciones para su alimentación”, añade Abel, sin obviar que también el productor sale “mucho mejor ahora.

“En primer lugar, sabe que tiene un destino seguro para sus cosechas, que no corre peligro de que se le echen a perder producciones, porque la verdad es que aquí se vende todo lo que llega. A eso hay que añadirle una gran ventaja, y es que podemos pagarle directamente; tenemos facultad para emitir el cheque y agilizar el pago en banco, algo que durante años ha generado preocupaciones e insatisfacciones”.

Incluso, si el productor lleva parte de lo cosechado hasta la placita, por sus propios medios, esta puede pagarle a mejor precio lo recibido y, de hecho, estimularlo a continuar fortaleciendo el vínculo.

A PEDAL EN CALLE Y REMO VIRTUAL
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El biciagro: alternativa que acerca la placita al entorno comunitario.

Una variante que gana aceptación es la del llamado “biciagro”.

Consiste en un triciclo, convenientemente diseñado para el traslado y venta de los mismos productos que expende la placita pero… fuera de ella, en el entorno comunitario donde  está enclavada. Eso es: un servicio a la puerta del hogar o al alcance de quienes transitan por la calle.

Según explican Abel y Yoelio, esta variante tiene la peculiaridad de ofrecer los productos envasados en una jaba o un bolso de nailon,  cerrado, con peso y precio identificados, en un intento por evitar engaño al consumidor y que este sienta mayor confianza y seguridad al efectuar la compra.

Por cierto, en opinión de directivos, trabajadores del sistema y clientes, la inserción de experiencias como las que hoy se aplican en los mencionados mercados, y de alternativas como el biciagro (previsto para su progresiva extensión) pudieran restarles terreno y posibilidades a carretilleros y otras figuras que han proliferado durante años, intermediando entre quienes sudan y producen bota en tierra y aquellos que ven desangrarse sus bolsillos, al adquirir luego esas producciones a precios por lo general elevados e irracionales.

Entre tanto, el MAE# 3 crea condiciones para iniciar también la venta de jugos de frutas naturales, concebidos para llevar a casa, e incursionar en la experiencia de venta online, sobre la base de una tienda virtual (válida también para la referida unidad moronense) que, además de facilitar la gestión a distancia, sobre todo entre clientes sujetos a un horario laboral más rígido, prevé porcientos de rebaja a favor de quien compra.

Que en apenas tres semanas de enero, el mercadito avileño haya cerrado con más de un cuarto de millón de pesos vendidos no es, quizás, la mejor referencia si se tiene en cuenta el incremento de precios que comenzó a regir en todo el país para productos del agro.

Que en estantes y anaqueles se esté apreciando un gradual ascenso de viandas, frutas y vegetales, con una paralela presencia, también superior, de personas arribando a comprar, sí puede devenir indicador primario de que el experimento avileño comienza a surtir efecto.

De quienes tienen el deber de supervisarlo al dedillo, de defenderlo y de enriquecerlo, dependerá que a la vuelta de un tiempo no corra la misma suerte de otras experiencias que a la postre han terminado retorcidas, no por voluntad de la tierra, sino por la mente y la mano de oportunistas, intermediarios y burócratas.

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