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Publicado el 14 Febrero, 2021 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Esas miradas que un día se cruzaron

Son muy felices, se ayudan mutuamente. Todavía no han definido qué especialidad les apasiona más, porque están esperando que se cumplan todas las rotaciones, pero Sheila se inclina por la Cardiología y él, por la Medicina Interna, gustos que pueden cambiar a lo largo de la carrera, pues ahora están en segundo año
Esas miradas que un día se cruzaron.

El compromiso es de amor y respeto mutuos, en lo personal; en lo social, velar por una adecuada atención de cada paciente, pues lo principal es la vida.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Es amor. De ese que se siente como el suave perfume de la violeta. Un amor tranquilo, sereno, muy tierno y respetuoso.  Me di cuenta cuando los vi en su cotidiana misión de la pesquisa. Sheila y Cristian, así se llaman. Se ayudan mucho en la realización de la tarea.

“Qué lindos”, pensé, porque no es fácil encontrar, en los tiempos actuales, a una pareja así. Y la conversación fluyó, la empatía fue mutua…El momento en el cual me adentré en la amorosa historia. Como Sheila Roldán Geronés es más espontánea y conversadora que Cristian Perera Valdés; comenzó ella:

—Fue amor a primera vista. Aunque el curso abrió en septiembre de 2019, en agosto habíamos recibido una semana de preparación, como parte del proceso organizativo. El tercer día, en una conferencia en la que participamos todos, él llegó después que yo. Al entrar nuestras miradas se encontraron y, sin decir palabra alguna, ni habernos presentado, siempre que miraba algún lugar, lo veía.

Esas miradas que un día se cruzaron.

Los descubrí mientras realizaban pesquisa del coronavirus SAES-CoV-2 en uno de los edificios de Nuevo Vedado, el área de salud del policlínico 19 de Abril.

Al iniciar la carrera en la Facultad de Ciencias Médicas Comandante Manuel Fajardo trabajaron juntos en la pesquisa del dengue –todavía estaba distante la aparición del coronavirus SARS-CoV-2- y hablaban mucho más, lo cual les permitió identificarse mutuamente.

La declaración de amor fue sui géneris. Cristian la invitó a la fiesta de una amiga; Sheila rehusó porque los que irían no eran sus conocidos, pero él le explicó: “Me dijo que fuera con mi novia, ¿vas conmigo?”. Y, claramente, aceptó.

Desde entonces, van de manos, unas manos donde exhiben anillos confeccionados por ellos, artesanamente, con mucho simbolismo. El de Cristian es azul, porque él le llama Pitufina y el de Sheila es amarillo, porque ella le dice Pollito.

Esas miradas que un día se cruzaron.

Desde entonces, van de manos, unas manos donde exhiben anillos confeccionados por ellos, artesanalmente, con mucho simbolismo.

¿Cómo surgió la iniciativa?

— Cuando nos disponíamos a realizar los primeros exámenes parciales, dice el joven. —Lo había hecho y lo tenía en mi habitación. Entonces le dije: “Es para ti; cuando te sientas tensa en la prueba, lo tocas y sabrás que estoy ahí, contigo”.

Ante la iniciativa de Pollito, Pitufina también confeccionó el suyo. Ello demuestra que muchas veces, lo simbólico tiene más valor que lo material.

Son muy felices, se ayudan mutuamente, y dan continuidad a la tradición de ambas familias, porque todos están vinculados al sector de la Salud. Todavía no han definido qué especialidad les apasiona más, porque están esperando que se cumplan todas las rotaciones, pero Sheila se inclina por la Cardiología y él, por la Medicina Interna, gusto que puede cambiar a lo largo de la carrera, pues ahora están en segundo año.

Como les comenté anteriormente, los vi por primera vez realizando la pesquisa en áreas del policlínico 19 de abril, trabajando por amor a la vida, que es también una manera de homenajear este 14 de febrero, porque cada pesquisa que se realice con calidad enaltece al ser humano con uno de sus principales derechos: el de la vida.

Esas miradas que un día se cruzaron.

Un momento para ponerse de acuerdo acerca de los apartamentos por donde van a continuar la pesquisa.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo