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Publicado el 7 Febrero, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

SARS-CoV-2 a examen de revalorización

La realidad está demostrando que se puede retroceder, ir a “examen de revalorización e incluso directamente a mundial” cuando se ignora o subestima la más reciente lección en una asignatura tan vital para la vida humana y del país como es esta pandemia que sigue destrozando al planeta entero
A examen de revalorización.

No todo el mundo coopera a la hora de hacer una ¿irremediable? Cola.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Febrero de 2021. Otra vez la ardua tarea de meter a la cabecera provincial y poblados municipales en una especie de muro sanitario virtual,  acaso parecido, en términos de acceso, a los que antaño levantó la mano ingeniera en la fortificada Habana.

Y de nuevo casas, pasos de escalera, cuadras, manzanas enteras y hasta barrios bajo rigurosas restricciones, en medio de cintas, sogas y otros elementos que devienen barricada contra el SARS-CoV-2… como si, ante el descuido, este no se agazapara para pasar arrastrándose, bajeando, cual venenosa víbora, ¡y morder!

De vuelta, también, el cierre de centros recreativos, diurnos, nocturnos, a cualquier hora… no tan doloroso, a la postre, como las aulas, sin un niño dentro ni maestro al frente.

Ha retornado el inmovilismo a los salones de restaurantes y cafeterías, donde la elaboración de alimentos solo tiene un propósito: llevar el producto a casa y consumirlo allá, lejos del peligro que puede penetrar por la nariz o entre labios, minar vías respiratorias y no parar hasta el deceso.

A examen de revalorización.

¿Quién puede asegurar que ahí, dentro de ese conglomerado, no está el virus?

No queda mucho más remedio que volver a concederle espacio al trabajo a distancia y al teletrabajo, o ver cómo asoma cabeza la inactividad de quienes no tienen, o no encuentran, o no quieren encontrar opción lógica de seguir haciendo algo socialmente útil, como si la economía del país fuese un gran mago que mete la mano en un sombrero y, además del legendario conejo, saca milagrosamente arroz, viandas, frutas, vegetales, cerdos, gallinas, reses, ovejos, peces, medicamentos, petróleo, billetes a granel para continuar pagando salarios, seguridad social, jubilaciones…

Hay que recurrir nuevamente a más presencia de hombres y mujeres que trabajan en el Ministerio del Interior y en las Fuerzas Armadas Revolucionarias para que la gente se comporte en los espacios públicos con la disciplina, sensatez y cuidado que demanda esta pandemia… ¿acaso algo distinto de lo que por educación familiar debe hacer cada ciudadano en su propio hogar?

Vuelve a “irse” lo avanzado en el transporte luego de aquel indeseado rebrote (finales de agosto) que se suponía dejara lecciones idóneas para toda praxis futura, mientras, por lo visto, la realidad confirma que no en todos los casos y lugares fue así.

De todo ello y más hay en territorios como Ciego de Ávila, Artemisa, Mayabeque y La Isla de la Juventud, de vuelta todos sobre sus mismos no deseados pasos, luego de haber empezado a dejar atrás los predios que, sin escrúpulo alguno y a una velocidad increíble, suele ocupar la Covid-19… cuando se le permite.

Usted, que ahora lee, puede preguntarse por qué esa involución, en unas provincias sí, en otras no, en determinados municipios.

Consejos de Defensa a diferentes instancias, autoridades y especialistas analizan causas, estudian el terreno, van a las esencias, llegan a consensos y conclusiones, orientan, exigen…

A examen de revalorización.

Tenerlos es muy bueno, y si es llenos… mucho mejor.

Sus puntos de vista convergen con muchas de las cosas que, con ojo clínico y sabiduría popular, la gente preocupada y ocupada ha condensado en estados de opinión pública: baja percepción –otra vez o todavía- del peligro, descuido, indisciplina, exceso de confianza, indiferencia…

Muchísimos ciudadanos –y basta recorrer por breve tiempo el centro de la ciudad o barrios más apartados- continúan como si nada sucediera, como si el SARS-CoV-2 fuera ciencia ficción cinematográfica y no un monstruo real, intangible, invisible, pero omnipresente, que ha contagiado a 106 millones 212 mil 362 personas en todo el planeta, de las cuales cerca de 2 millones 316 mil 095 hoy están incineradas o bajo tierra, sin contar las que se descomponen fuera de control, en países pobres o incluso en naciones ricas como Estados Unidos.

A esta altura, en términos de información y de conocimiento, al menos en Cuba todo el mundo sabe muy bien lo que se puede hacer y lo que no, lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo violatorio.

Ciudadanos sin nasobuco, adolescentes y jóvenes a su libre albedrío en parques y calles, por irresponsabilidad y falta de   exigencia de sus padres, en vez de estar en casa (para lo cual se ha suspendido docencia); grupos de adictos jugando dominó en un portal, acera o bajo alumbrado público, algunos pasándose el mismo vasito de ron, de boca en boca; centros laborales donde el paso podálico no parece preocupar ni ocupar a quien dirige, pesquisa más formal que a fondo, lentitud en el control y tratamiento a contactos de enfermos y sospechosos, insuficiencias en la encuesta epidemiológica…

A examen de revalorización.

Otra vez el aislamiento.

De todo ello, vuelve a haber en las viñas de muchos territorios donde, ni bajando el mismísimo Señor, de los cielos, se va avanzar del modo que necesitamos quienes habitamos y pisamos esta tierra, mientras no hagamos de una vez lo que a cada quien corresponde.

Veamos qué ocurre en las próximas horas, a medida que la ley empiece a mostrar -mediante la imposición de multas en cuantías más elevadas, justas y a tono con la gravedad del momento-  el aro por donde debemos entrar todos, sin excepción, para ver si empezamos a salir, de una vez, y sin retrocesos innecesarios, de esta adversa coyuntura.

La guerra está avisada para que, por su mala o irreverente cabeza, con excepción del perverso virus, no muera nadie más.


Pastor Batista

 
Pastor Batista