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Publicado el 22 Marzo, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

A PUNTA DE OJO

Véase la luz

… porque ella sigue ahí, ocupando espacios y horarios que suelen quedar sumidos en tinieblas cuando a un país pobre y bloqueado se le afectan los volúmenes de petróleo que intervienen en sus procesos económicos y sociales
Véase la luz.

Foto: PBV

Por PASTOR BATISTA VALDÉS

Como si fuese poco (con las impertinencias de la pandemia) el país ha vuelto a presentar situación difícil, por carencias, en el terreno energético.

Transporte y no pocas actividades realmente estratégicas o de gran importancia para la nación, han sido blanco de tales afectaciones durante varios días.

A pesar de todo el empeño y voluntad del país, la zafra azucarera también ha estado entre los procesos perjudicados.

No es la primera vez que enfrentamos esa adversidad. Si bien la crucial década de 1990 puso a prueba la capacidad de resistencia de la economía y de la sociedad cubanas, determinados momentos del presente siglo han estado igualmente sujetos a la presión con que funciona un país, cuando no dispone de los niveles habituales o imprescindibles de combustible.

Pero como solía decir Arsenio Leyva, un viejo y optimista amigo tunero, ya fallecido, “aquí estamos, aquí seguimos”.

En el infinito sentido de  gratitud que siempre llevó dentro ese humilde obrero pensaba yo hace unos minutos mientras acudía a mi mente algo que no siempre, ni todos, meditamos en coyunturas así. Me refiero a cómo, en medio de esa insuficiente disponibilidad de petróleo, al menos en el entorno social donde vivo no recuerdo ni un solo apagón eléctrico.

He conversado con amigos y familiares que residen en geografía tunera y espirituana. Tampoco en esos territorios, por lo  visto, la gente se ha quedado a oscuras, a merced de un candil o de “la lucecita del teléfono celular” en medio de la noche, o a golpe de penca para aliviar el calor durante estos días que ya empiezan a pedir poros en la piel por donde bañar ropa en sudor.

No quiero imaginar un repentino apagón en medio de los encuentros que protagonizaron recientemente leñadores y cocodrilos,  y ni hablar de lo que se avecina entre estos últimos y los alazanes de Granma en fraternal disputa por el título nacional.

Véase la luz.

Foto: PBV

Las ocurrencias de Pánfilo, la ambición de ciertas mujeres por intermedio de la televisión brasileña, la tranquilísima neurona, la sagacidad natural de Hércules Poirot, del comisario Montalvano o del Doctor Bull; el noticiero estelar de la televisión cubana convertido en brújula para miles de hogares, el doctor Durán llegando cada mañana a viviendas de donde nunca se ha ido, la posibilidad de remar visualmente hacia Telesur para encontrar el norte informativo… todo eso ha continuado ahí.

Si usted no discrepa a ultranza, puede tener en cuenta, además, las comodidades del alumbrado, el aire del equipo acondicionador o el de las aspas girando, la conservación de los alimentos en el vientre del refrigerador, la hornilla eléctrica convertida en “opción orquesta”, la turbinita eléctrica halando el agua que por sí misma no sube al tanque elevado…

Lo curioso es que, para la gran mayoría de los cubanos, en particular las generaciones más jóvenes, nada de eso es extraordinario o meritorio, aunque en una situación similar ciertas sociedades no puedan accionar o reaccionar con igual sentido de protección para el sector residencial.

Por cierto, acerca de ello nada suele escribir la gran prensa que con intencionada ceguera política parece estar todo el año en apagón humano y mucho menos quienes, dentro del país, brillan hablando (cobrando y hasta ganando pírricos premios) acerca de las sombras y de los lunares, aun viendo y habiendo tanta luz y tanto sol a su alrededor.


Pastor Batista

 
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