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Publicado el 13 Abril, 2021 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

AGRICULTURA: para dar un salto productivo

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

Potenciar la agroecología y abrir las puertas a la inversión extranjera directa son alternativas que pueden aplicarse en el sector. (Foto: PASTOR BATISTA).

Por DELIA REYES GARCÍA

Durante más de tres décadas, el doctor en Ciencias Económicas Armando Nova González, Profesor Titular del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional (CIEI) de la Universidad de La Habana (UH), le ha seguido el rastro a cuanto acontece en el sector agroalimentario cubano. A propósito de las urgentes transformaciones que se requieren en el campo, el experto comparte con BOHEMIA criterios y sugerencias.

Para comenzar el diálogo, Nova González advierte: “la seguridad alimentaria nutricional (SAN) es una cuestión estratégica para cualquier país, pero mucho más para Cuba porque sufrimos el hostigamiento del bloqueo de los Estados Unidos, recrudecido en los últimos años por las medidas de su administración. Y ahora, además, bajo los impactos de la crisis mundial por la pandemia.

“La SAN significa que las personas, en todos los momentos, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro, nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y preferencias, con el objetivo de llevar una vida activa y sana. Casi siempre que se habla de esto, aparece al unísono la vulnerabilidad alimentaria. Ahí es donde Cuba muestra una debilidad importante por la alta dependencia que tiene de la importación.

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

Con larga experiencia en temas agropecuarios, el doctor en Ciencias Económicas Armando Nova González aboga por transformaciones que permitan dar el salto necesario. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

“En los últimos años se ha manifestado una tendencia decreciente en la producción de alimentos, en los de origen vegetal ha sido de tres por ciento y, en el resto, un 5.4. En esta situación inciden varios factores. Por un lado, el bloqueo. Por el otro, la resistencia interna a cambios de fondo dentro del sector.

“En la agricultura se ha efectuado desde 2008 una veintena de transformaciones; una de las más importantes, la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo a quienes quieran trabajarlas. Sin embargo, este proceso que lleva una década desde que se aprobó la primera normativa –el Decreto-Ley 259– ha estado impregnado de burocracia y lentitud. La última regulación, el Decreto 358, mejora algunos aspectos como la prolongación del tiempo y la cantidad de hectáreas a recibir. Pero hemos tardado 10 años y todavía siguen pendientes los principales problemas, en un país que necesita producir alimentos. ¿Cómo las decisiones administrativas, la burocracia y la centralización han conspirado contra esa urgencia?”.

Si bien el experto considera que algunas cuestiones comienzan a destrabarse, todavía resultan insuficientes. “El productor necesita una estabilidad y permanencia en la agricultura porque de lo contrario le crea inseguridad, incertidumbre. No son suficientes los 20 años que establece la regulación. Debe ser un período más prolongado para que pueda dedicar todo el empeño y el de su familia a producir.

“Hay que cambiar radicalmente el modelo de gestión económica en la agricultura para resolver tres problemas fundamentales. El primero, la realización de la propiedad. Se puede tener o no el título de propiedad de la tierra, pero si al entregarla tienes que producir esto o aquello, contratar la mayor parte con Acopio, consultar las decisiones que quieras tomar, adquirir los insumos a través del mecanismo aprobado, vender a los precios establecidos… Entonces, salta la interrogante: ‘¿soy o no dueño?’. Lamentablemente, eso sucede por la estructura vertical que todavía existe y cercena el sentido de pertenencia.

“El segundo aspecto que debe ser resuelto es el de la complementariedad entre planificación y mercado. Algo muy polémico. Pero no se trata de contraponer uno con respecto al otro. El mercado es una realidad objetiva, existe independientemente de la voluntad de los seres humanos y mientras perduren las relaciones monetarias mercantiles. Y no se puede ignorar.

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

“Esta relación de complementariedad hay que verla desde el punto de vista de los niveles donde actúan la planificación y el mercado, especialmente en los territorios que son el espacio determinante para la búsqueda de soluciones. Aunque siempre habrá indicaciones económicas y sociales que deberán tenerse en cuenta, no puede ser que el productor tenga que vender el 90 por ciento de sus producciones a Acopio. Debe ser el mínimo requerido para abastecer el destino social como círculos infantiles, hogares de ancianos, hospitales. Pero no puede ser la mayor cantidad, porque eso va desencadenando una serie de violaciones, precios topados que nadie cumple, ni el carretillero, ni los mercados estatales, y mucho menos los de oferta y demanda.

“La mejor manera de actuar sobre el mercado es de manera indirecta. Observar en los municipios cómo se mueven los productos, los precios, para orientar las decisiones. La única forma de que bajen los precios es que haya suficientes productos. En la economía cubana, desde hace más de medio siglo, la demanda está limitada por la oferta, lo cual es más sensible en la agricultura porque se trata de la alimentación del pueblo. Entonces eso obliga a mirar hacia afuera y crece la dependencia externa. Casi el 21 por ciento de las importaciones totales del país es de alimentos. Y se destinan más de 2 000 millones de dólares anuales.

“Por lo tanto, hay que estudiar más al mercado, incorporar los criterios de los productores, que las universidades se sumen a los estudios, y dejar que se tomen las decisiones en los territorios y que no sean respuestas burocráticas que lleguen tres o cuatro meses después. La agricultura requiere agilidad, de acuerdo con sus ciclos productivos.

“El tercer problema, y no menos importante, es el enfoque sistémico. En Cuba, generalmente, las decisiones se toman de manera unidireccional, sin ver las interrelaciones entre los diferentes factores, hacia adelante, los lados, incluso atrás. Sobre este asunto, me gusta poner un ejemplo para ilustrar. Aunque la economía no es un tablero de ajedrez, cuando los grandes maestros se sientan frente al tablero tienen que pensar no solo en el próximo movimiento de cada una de sus piezas, sino en el de sus contrincantes.

“De manera similar sucede con el enfoque sistémico. Si se instala una minindustria, perfecto. Quiere decir que se consiguió el crédito y demás. Pero antes no se pensó en el envase, en el tratamiento de los residuales o en la sostenibilidad tecnológica. No debe suceder así. La economía está conformada por un sistema complejo de relaciones productivas, sociales, con implicaciones políticas. Por tanto, no se trata solo de tomar la decisión inmediata, sino de ir más allá”.

Soltar amarras

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

En las actuales condiciones urge flexibilizar los mecanismos bancarios que propicien créditos blandos y seguros al productor. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

En el agro conviven diferentes formas productivas: la empresa estatal, las diversas formas cooperativas (CCS, CPA, UBPC); los campesinos privados y los usufructuarios. Sin embargo, todavía la cadena de suministros a las bases productivas sigue atada a la concepción vertical, centralizada. Los campesinos no pueden acceder a los insumos de manera directa, dependen de las empresas estatales y de las formas cooperativas a las que están asociados.

“La práctica ha demostrado que así no funciona. La agricultura depende de factores biológicos naturales y el productor debe tener la posibilidad de decidir dónde, en qué momento, comprar sus insumos. Y se le deben crear las condiciones para eso.

“En los territorios conviven esas formas productivas y se interrelacionan, quiéranlo o no, aunque la verticalidad instituida provoca que sean pocas las relaciones horizontales. Por eso creo pertinentes algunas consideraciones sobre las prioridades en el sector. Las CCS y el sector privado producen 79 por ciento de la producción de origen vegetal del país. Si le sumas el aporte de las CPA, alcanzan 82 por ciento. En el caso de los cárnicos (vacuno, cerdo y otras) aportan 36 por ciento. Aunque esta última cifra tiene sus sesgos, pues estas formas se lo venden al sector estatal, quien lo reporta como producción terminada. Pero aun así, resulta más de la tercera parte del total.

“En el caso de la leche, que es un punto muy neurálgico, aseguran 70 por ciento de la producción nacional. Si estas formas de gestión cooperativa y privada son las que tienen el mayor peso de la producción nacional de alimentos, entonces hacia ellas deben orientarse los principales recursos, las inversiones. Abrir el diapasón a la inversión extranjera, que es una manera también de romper el bloqueo, lograr los encadenamientos con ese capital foráneo para exportar y garantizar no solo un retorno de divisas que permitan reaprovisionar la producción, sino de tecnologías y métodos de gestión”.

A juicio de Nova González el tema alimentario en el país debe estar conformado por una tríada inseparable: producción, industria transformadora y agroindustria azucarera. “Así lo hemos recomendado, la situación alimentaria no puede ser tratada a partir de uno solo de esos elementos. Por lo tanto, como se trata de un tema estratégico para la nación, no puede ser de un único ministerio que actúe como juez y parte. Deberá existir una autoridad superior que tome las decisiones correspondientes. Sin crear más estructuras burocráticas, sino que sean ágiles y decisivas.

“Algunos pudieran preguntar por qué la agroindustria azucarera forma parte de esa tríada. Sencillamente porque tiene un efecto multiplicador invaluable para el resto de los sectores de la economía y cierra su ciclo productivo al consumir energía limpia”.

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

El monopolio en la comercialización de los productos agropecuarios ha demostrado con creces su ineficacia. (Caricatura: JAVIER).

Asignatura pendiente

Aunque fueron reconocidas en los Lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido, y luego en la Conceptualización del modelo, la creación de cooperativas de segundo grado sigue siendo una asignatura pendiente en el entramado socio-económico.

“Como parte del proceso descentralizador para darle a los productores facultades de decisión, hicimos la propuesta de crear las cooperativas de segundo grado, pero a partir de sus propias necesidades y no de manera impuesta. Que pudieran formarse, por ejemplo, para brindar servicios de maquinarias, riego, procesamiento industrial o comercialización. Y cerrar el ciclo de producción, distribución, cambio y consumo. De manera particular, estas cooperativas pudieran tributar a reducir las pérdidas.

“Según estimaciones de la FAO, en los modelos de centralización monopólica se pierde el 30 por ciento de la producción por los intríngulis que generan. Eso es una tercera parte de los alimentos que se producen. Expertos del propio Ministerio de la Agricultura de Cuba aseguran que en ocasiones ha llegado hasta el 50 por ciento. Entonces, por qué tener ese nivel monopólico. No estoy a favor de que desaparezca Acopio, pero sí de limitarle su accionar a la cuestión social. Es lo único que debe contratarle al campesino”.

Por lo tanto tiene que haber un proceso descentralizador. Facilítese la senda a los productores primarios para que alcancen la mayoría de edad y formen la cooperativa comercializadora de segundo grado.

“¿No hay dinero en la economía? Ah, entonces hay que abrirse a la inversión extranjera en el sector agropecuario, sin reticencias. Aunque siempre exista un ojo observador para que las cosas funcionen bien, que sea facilitador, no restrictivo.

“También en la agricultura agroecológica se pueden encontrar alternativas a la carencia de financiamientos para adquirir los insumos que necesitan las bases productivas. Y esas producciones no solo serían para el consumo interno, ellas tienen un mercado importante en el exterior y altos precios. ¿Por qué no insertarnos en las cadenas de valor externas interesadas en las producciones orgánicas?

“El país tiene una alta dependencia de los combustibles. Pero el alcohol que se produce en la industria nacional puede ser mezclado y sustituir hasta 15 por ciento del petróleo. Las fuentes renovables de energía pueden disminuir las férreas ataduras a los hidrocarburos. Los biodigestores con excretas animales y desechos de cosecha pueden ayudar a cerrar ciclos y dan electricidad. Hay que cambiar la mentalidad.

AGRICULTURA: Para dar un salto productivo.

Un nuevo modelo de gestión en el agro presupone complementariedad entre planificación y mercado. (Foto: PASTOR BATISTA).

“No se trata de sustituir la agricultura convencional por otra agroecológica, sino de convivir con ambas. Pero tenemos que desarrollar la agroecología, porque brinda múltiples beneficios. Hoy vas al mercado y puedes encontrar productos agroecológicos que ni siquiera se anuncian. No puede ser que tengan el mismo precio, debe existir una diferenciación para que el productor se sienta estimulado.

“Por todas estas razones estamos abogando por ir a un nuevo modelo de gestión económico productivo en la agricultura”.

 

Dar en la diana

Con la nueva estrategia económico-social para enfrentar la crisis global provocada por la pandemia comenzaron a desatarse algunos de los nudos gordianos que impedían el avance de la agricultura cubana. En particular, la necesidad de transformar profundamente el modelo de gestión agropecuario, propuesta hecha por el doctor en Ciencias Económicas Armando Nova González y otros expertos.

A tenor con ese cambio, se implementan más de una veintena de medidas, entre las cuales están: flexibilizar la contratación de fuerza de trabajo, incentivos fiscales y comercialización mayorista de insumos a las bases productivas en moneda libremente convertible. A principios de noviembre, el Consejo de Ministros aprobó la nueva Política de Comercialización de Productos Agropecuarios, junto a la Industrial y a la de Seguros y Reaseguros, que impactan a este sector primario de la economía.

Entre los principios que rigen la política agraria se destacan: la contratación de la producción agropecuaria y forestal tendrá como destino todas las formas de comercialización existentes, posibilidad de obtener créditos revolventes con bajos intereses, promover e incentivar las exportaciones, todas las formas de comercialización operarán con autonomía en su gestión, entre otros.

 


Delia Reyes Garcia

 
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