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Publicado el 2 Abril, 2021 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

JAIME CROMBET HERNÁNDEZ-BAQUERO

Retrato de un hombre de su tiempo

Este 3 abril hubiera cumplido 80 años de edad quien fuera eternamente joven, decidido a hacer Revolución en una Cuba que lo recuerda por su obra, aunque en vida él no hubiera aceptado ningún homenaje
Jaime Crombet en sus primeras andanzas en la UJC y al recibir la Moneda 50 Aniversario de esa organización en 2012. (Tomadas de Archivo BOHEMIA, y Juventud Rebelde. Autores desconocidos)

Jaime Crombet en sus primeras andanzas en la UJC y al recibir la Moneda 50 Aniversario de esa organización en 2012. (Tomadas de Archivo BOHEMIA, y Juventud Rebelde. Autores desconocidos)

Por LISET GARCÍA

Cualquier elogio que se haga de Jaime Crombet podría quedarse a medias, dada su trayectoria. Quienes lo conocieron, desde sus condiscípulos de la Universidad hasta quienes le acompañaron en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en el Partido, en el Gobierno y en la Asamblea Nacional del Poder Popular, hablan de su ejemplo, de la entrega total a cuanto hizo, de sus dones como ser humano…

Sin embargo, era también un hombre al que no le gustaban los honores porque era modesto de verdad, y disfrutaba no sobresalir. Lo dice quien lo conoció en 1962 y compartió su vida durante 50 años, Ofelia Ramos Zamora. “Todo lo que te digan de Jaime, redúcelo a la mitad, porque a él no le gustaría”, advierte en cuanto empieza a evocar al esposo, padre de sus hijas, abuelo de sus nietos…

Se deduce de esa frase lo difícil que será para sus compañeros de entonces y de siempre, reunir testimonios, anécdotas, remembranzas que lo recuerden como fue, y al propio tiempo no lastimar ese rasgo de su personalidad, que definitivamente hace que todos quieran reverenciarlo más a propósito de los 80 años que hubiera cumplido este 3 de abril.

Su historia solo podrían contarla sus propios compañeros y su familia. Casi nada se encuentra en la prensa acerca de él, salvo lo que escribieron sus amigos cercanos tras su fallecimiento en 2013, o lo que dijo en alguna entrevista a medios de nuestra región.

En una búsqueda, unas pocas referencias pueden hallarse en Juventud Rebelde. BOHEMIA es privilegiada, pues le concedió una entrevista en 2012, a regañadientes, al cumplirse el aniversario 50 de la fundación de la UJC. Y lo hizo por esa obra tejida por tantos, que merecía un recuento suyo, al haber sido su primer secretario en años duros –desde 1966 hasta 1972–, durante los cuales también asumió la jefatura de la Columna Juvenil del Centenario (CJC).

Junto a Fidel, por quien se hizo revolucionario desde que entró a la universidad. (copia: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Junto a Fidel, por quien se hizo revolucionario desde que entró a la universidad. (copia: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

La única referencia personal que allí aparece es que se hizo “revolucionario en la universidad, por Fidel, leyendo el Manifiesto Comunista, los Fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca, y muchos otros textos”. Y confiesa que pudo transformarse “en un revolucionario consecuente y definitivo, dentro de la Juventud. Todavía me siento muy cerca de ella”. Lo expresó alguien en cuya hoja de vida constan muchas otras responsabilidades en el Partido, el Gobierno, en la guerra de Angola, en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Movilizador, exigente, responsable, disciplinado…

“Hablar de Jaime es hablar de amor, de alegría, de juventud, de austeridad y de modestia”, dice Remigio Ruíz Vergara, quien asumió tareas en la FEU y en la Juventud cuando Crombet dirigía esas organizaciones y la CJC que movilizó a más de 50 mil jóvenes para realizar tareas agrícolas en Camagüey y otras regiones.

Esa fuerza, creada el 3 de agosto de 1968 en tributo a los cien años de lucha por la independencia, “fue decisiva para impulsar la zafra azucarera, y bajo su incansable  y firme conducción se convirtió en una de las más productivas del país”, recuerda Ruíz Vergara, quien fuera entonces miembro del Comité Nacional de la UJC.

Se deshace en elogios al rememorar sus vivencias junto a Jaime, como todos lo nombraban. Pero solo mencionaré lo que reiteran varios entrevistados: su manera de criticar a quien hiciera algo mal hecho. “Era exigente, pero no se le oyó a nadie una queja al recibir una de sus críticas. Con su aguda inteligencia, lograba ser tan convincente que solo quedaba admitir la equivocación, y ser mejores, porque sabíamos que actuaba con justicia”, afirma Remigio Ruíz.

Como líder de la Columna Juvenil del Centenario, antecedente de lo que es hoy el Ejército Juvenil del Trabajo, Crombet aunó a más de 50 mil jóvenes, fuerza productiva vital en la zafra azucarera. (Archivo BOHEMIA, Autor desconocido)

Como líder de la Columna Juvenil del Centenario, antecedente de lo que es hoy el Ejército Juvenil del Trabajo, Crombet aunó a más de 50 mil jóvenes, fuerza productiva vital en la zafra azucarera. (Archivo BOHEMIA, Autor desconocido)

También, el cumplimiento cabal de las tareas que fue siempre una obsesión para Crombet. Esa y otras cualidades resaltaron, entre otros, Lázaro Vázquez, quien fue Jefe del Estado Mayor de la CJC, tarea histórica que forjó a dirigentes como Jaime; Néstor del Prado Arza, su “discípulo agradecido”, y compañero en la vida juvenil; y Juan Enrique Gregorich, cercano colaborador desde su etapa en la UJC, y, luego, su jefe de despacho durante años. “A trabajar dedicó su vida”, dice.

Cuentan que hombre tan ocupado, siempre estuvo al tanto de detalles como el de felicitar en su cumpleaños, aunque fuera por teléfono, a todos sus compañeros. “Jaime tenía una lista y los llamaba, sin falta”, confirma su esposa.

El rostro de Gregorich denota tristeza al lamentar que prestara a alguien una tarjeta de felicitación (“nunca me la devolvieron”), enviada por su querido jefe cuatro días antes de morir. Ni siquiera en esas condiciones pasó por alto mi cumpleaños”.

También Remigio guarda como tesoro de sus recuerdos la felicitación que recibió estando en Angola en plena guerra, trasmitida por la radio base de la unidad donde estaba. Fue una sorpresa de Jaime que estremeció a todos, no solo a mí.

Evocación

“Subimos juntos el Turquino para la graduación del primer grupo de médicos formados por la Revolución en el año 1965. Unos días después me trajo las fotos de aquella expedición, una sorpresa que me hizo preguntarme: ¡eh!, ¿y a qué viene esto?”, cuenta Ofelia Ramos. “A partir de ahí empezó todo.

“Eran tiempos de movilizaciones, misiones múltiples, azares, ausencias… Yo era secretaria general de mi comité de base y él de toda la Universidad, lo cual hacía frecuentes nuestros encuentros. Era muy exigente, y nos decía hasta alma mía cuando no hacíamos lo que estaba indicado, experiencias difíciles de olvidar.

“Yo ni sospechaba que pasaríamos una buena parte de la vida juntos. Pero, como su trabajo le absorbía todo su tiempo, pronto decidimos casarnos. No fue mejor después, porque Jaime se empleaba a fondo en sus tareas”.

Ofelia revive el día de su boda y el susto que tenía porque Jaime no llegaba. “Pensé que me iba a dejar plantada. Fue el 4 de mayo de 1966. Él estaba en una reunión en Pinar del Río. Aquella sala estaba llena de invitados, incluidos Armando Hart, que era su jefe en el Partido, y Haydee Santamaría. Todos a la espera.

“Ni fotógrafo hubo allí. Fue una boda bastante agitada, como casi toda nuestra vida juntos”, rememora. Al hablar de él enseguida destaca que fue un buen ser humano, dado al disfrute de su tiempo y de su trabajo al máximo, lo cual implicó un sacrificio para mis hijas y yo, porque lo acompañamos adonde fuera y eso hizo que tuviéramos que mudarnos varias veces”.

Vida en movimiento

Poco después de ser promovido a primer secretario de la UJC en 1966, fue a Camagüey a tareas organizativas de la CJC. Luego, fue elegido segundo secretario del Partido allí, donde estuvo tres años. De ahí volvió a La Habana como primer secretario de esa organización. En 1976 partió a Angola, en plena guerra, como jefe político del Frente Norte, nación donde después fue designado embajador. Al concluir, fue elegido primer secretario en Pinar del Río.

La esposa Ofelia Ramos Zamora, al evocar sus recuerdos junto a Jaime durante 50 años, destaca que le tocó una vida intensa como a un joven de su tiempo, ejemplo para nuestra familia. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

La esposa Ofelia Ramos Zamora, al evocar sus recuerdos junto a Jaime durante 50 años, destaca que le tocó una vida intensa como a un joven de su tiempo, ejemplo para nuestra familia. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

La esposa refiere que las niñas estudiaron parte de la escuela primaria en Camagüey, Angola y en La Habana. “Un día, una de ellas me dijo que donde empezara la secundaria, haría el pre, pues no quería cambiarse más de escuela. Entonces, se quedaron en la casa al cuidado de mi mamá. Entraron becadas a la escuela vocacional Lenin, y yo venía los fines de semana”.

Recuerda que cuando estaba muy avanzado el embarazo de Tania, la hija que es hoy una científica eminente, estuvo con él varios días en el central Haití en la localidad de Amancio, en plena zafra del 70. Allí se dormía en casas de campaña; difícil estar allí en ese estado.

“Días después, al enterarse del parto, Jaime vino a La Habana a vernos en el hospital. Era tan disciplinado que se quedó en la entrada del González Coro a esperar que empezara la visita. Menudo susto se llevó cuando vio que no estábamos allí. Es que yo al día siguiente de parir le pedí al médico que me permitiera ir a casa porque la niña mayor, de solo 14 meses, estaba enferma”.

Otra anécdota salta a la memoria de Ofelia: Una tarde iba con Tania por la acera de la sede del Partido y le dijo a la hija que ahí trabajaba su papá. “En el Partido”, dijo la niña, “¿y mi papá no es pelotero?”.

“Es que Jaime disfrutaba de los deportes, la pelota en especial. Íbamos a menudo a los estadios, y se sentía parte de los equipos de las provincias donde estuviera. Tenía tremenda memoria y sabía mucho de acontecimientos deportivos, récords, jugadores…

“En la casa, casi todos los domingos se armaban tremendos campeonatos de dominó. Empedernido jugador, también enseñó a las hijas y luego a los nietos. Uno de sus hermanos venía y, mesa por medio, a veces los sorprendía la madrugada”.

Una de las pasiones de Jaime era la historia de Cuba, destaca Ofelia. “Fue uno de sus temas frecuentes de conversación porque era un estudioso permanente de ese tema. Además, conocía bien –porque los visitó por su trabajo– todos los rincones de nuestro país. Sentía especial devoción por los fundadores de la nación, y vivía orgulloso de tener a un mambí (Flor Crombet) en sus antepasados. Un retrato de él tenía en su oficina”.

 El trabajo en el Partido, en el Gobierno, en el Parlamento
Tres ser electo vicepresidente del Parlamento en 1993, junto a Ricardo Alarcón, presidente, y el secretario Ernesto Suárez, batalló por la adecuada atención a los planteamientos del pueblo. (Archivo BOHEMIA, Autor desconocido)

Tras ser electo vicepresidente del Parlamento en 1993, junto a Ricardo Alarcón, presidente, y el secretario Ernesto Suárez, batalló por la adecuada atención a los planteamientos del pueblo. (Archivo BOHEMIA, Autor desconocido)

Cuando en mayo de 1983 el VII Pleno del Comité Central lo nombra miembro del Secretariado, cargo que desempeñó hasta febrero de 1990, “nuestra vida fue más estable”, puntualiza Ofelia. También cuando pasó a vicepresidente del Consejo de Ministros, hasta marzo de 1993, y al elegirlo vicepresidente de la Asamblea Nacional del Popular.

De esas etapas, relata Gregorich, es su obsesión por el proceso inversionista, fábricas como las de cervezas en Camagüey y otras, la camaronicultura, las chequeaba con sistematicidad.

Luego, en la Asamblea, “impulsó varias ideas en relación con los trámites de la población, cómo simplificarlos, acortarlos en el tiempo y aliviar a las personas. Oírlas y estudiar por qué se quejaban fue algo que tocó con su mano. Por eso pensó en la necesidad de la digitalización de los registros públicos y fomentó lo que luego fue el Portal del Ciudadano, como vía para hacer efectiva la participación popular”.

Fuerza de voluntad envidiable

“Fue bueno compartir parte de mi vida con él”. Así resume Ofelia, quien desgrana sucesos, anécdotas, impresiones grabadas en su memoria. Y lo hace casi sin pausas, con la experiencia y la seguridad ganadas durante sus 81 años de edad. Conserva lozana su voz y firme la convicción de haber creado una familia junto a Jaime, que sigue reuniéndose como lo hizo siempre.

“Uno de los días más duros que vivimos fue cuando supimos que estaba aquejado de cáncer de pulmón. Pensábamos que duraría seis meses. Al principio no quería ir al médico porque pensaba que era pasajero.

“Para entonces ya Tania trabajaba en el Centro de Inmunología Molecular en los ensayos de la vacuna contra ese mal. Se le suministró, la cual prolongó su vida. Cuando falleció a los 71 años, aún se sentía joven, lleno de ideas y motivaciones por su trabajo. Sufrió muchos dolores y hasta dejó de caminar, pero su fuerza de voluntad hizo que soltara la silla de ruedas y volviera a caminar, a base de fisioterapia y ejercicios. Resistencia digna de admirar”.

Ella prefiere recordarlo de otra forma, durante los años en que no les faltó su sonrisa. “Había un compañero que cada vez que aparecía frente a nosotros decía: aquí está ‘reciedumbre y perra austeridad‘, un título que provocaba risas y algún que otro chiste subido de tono.

“Recuerdo que lo criticaba bastante. Algunas mujeres somos muy críticas con quienes tenemos al lado. Pero igual que sabía cómo llamar la atención sobre algo que estuviera mal hecho y no se lo reprocharan después, él aguantaba cuando le decía que en la casa no disparaba un chícharo. Sonreía diciendo que no tenía tiempo, y eso siempre era verdad.

“Fueron momentos compartidos, algunos duros y difíciles, otros muy buenos, pero siempre fuimos una pareja fraterna, basada en la comprensión, el apoyo mutuo, teniendo en la familia un refugio particular”.

Jaime Crombet

Nacido en La Maya en Santiago de Cuba el 3 de abril de 1941, viajó a capital del país a estudiar Ingeniería Civil. En la Universidad de La Habana fue el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de esa casa de altos estudios y luego en la provincia. De 1966 a 1972 fue primer secretario del Comité Nacional de la UJC y, a la vez, jefe de la Columna Juvenil del Centenario.

Fue sucesivamente segundo secretario del Partido en Camagüey, combatiente internacionalista en Angola, primer secretario del Partido en La Habana, embajador en esa nación africana, primer secretario en Pinar del Río, miembro del secretariado del Comité Central del Partido, vicepresidente del Consejo de Ministros, vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular entre 1993 y 2012. Falleció 24 de mayo de 2013.

Palabras que parecen dichas hoy

En una entrevista al diario chileno Punto Final en 2003, Jaime Crombet expresó: “Nuestra fuerza no está en la cantidad de tanques y aviones, sino en la decisión de un pueblo unido de defender su revolución, su sistema político, su socialismo. Los cubanos tenemos derecho a decidir por nosotros mismos, sin que nadie se inmiscuya, el régimen social y político que nos hemos dado. Contamos con gran solidaridad en el mundo, porque mucha gente entiende nuestra lucha.

Nuestra fuerza depende del apoyo de cada cubano a nuestro proyecto social. Tenemos conciencia de que no somos perfectos. Entre nosotros somos muy críticos, porque hay una lucha por perfeccionar nuestro proyecto político y sistema social”.

 


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez