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Publicado el 17 Mayo, 2021 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Con los pies en el surco

Campesino arando con bueyes, Anap

Foto: Pastor Batista

Han pasado 60 años desde aquella mañana del 17 de mayo de 1946 cuando, por combatir los intentos de desalojo, un terrateniente asesinó al campesino Niceto Pérez en presencia de su hijo de siete años. Ese mismo día, pero de 1959, en la Sierra Maestra, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz firmó la Primera Ley de Reforma Agraria. Dos años después, otro 17 de mayo, fue constituida la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y se instituyó el Día del Campesino.

Así, con la entrega de tierras a quienes la trabajaban y dignificando su existencia, se abría una página de justicia social en los campos cubanos.

Hoy, el campesinado festeja su día de cara a nuevos desafíos. Como han reiterado las máximas autoridades, la producción de alimentos es una cuestión de seguridad nacional. Sin embargo, lo hecho hasta el momento dista de satisfacer la demanda y de obtener los necesarios dividendos por concepto de exportaciones.

Las altas cifras de recursos financieros destinados a las importaciones de alimentos hablan por sí solas. Año tras año se destinan cerca de 2 000 millones de dólares a ese objetivo. Este mal de fondo es necesario cortarlo de raíz y a eso apuntan todas las medidas adoptadas por las autoridades en el empeño de alcanzar la anhelada soberanía alimentaria.

Pero las cosas no se logran por decreto, es necesario romper con viejas e ineficaces maneras de hacer; librar una cruzada contra

la burocracia, el inmovilismo, la morosidad de algunos cuadros y directivos, como señaló el general de ejército Raúl Castro Ruz en el Informe Central al 8vo Congreso del Partido.

En el sector agropecuario es necesario agilizar la implementación de las medidas aprobadas para priorizar a quienes más aporten y elevar el liderazgo de la ANAP. Ante la agudización del cerco económico, financiero y comercial impuesto por la administración de Estados Unidos, y bajo los efectos de la crisis mundial asociada a la covid-19, Cuba está urgida a eliminar las trabas que frenan las fuerzas productivas.

Aunque desde mediados de abril fue suscrito un conjunto de medidas para estimular de manera inmediata la producción agropecuaria, entre ellas: la rebaja de los precios de electricidad, piensos, otros insumos y servicios; así como el acceso directo de las bases campesinas a los puntos de venta del Grupo Empresarial de Logística de la Agricultura (Gelma), hasta la fecha no se concretan.

Con el propósito de sacudir los lastres del paternalismo y el igualitarismo, y sus nocivos efectos en la productividad del trabajo, desde el pasado año se aprobó priorizar a los productores de mejores resultados con la entrega de recursos. Sin embargo, se sigue tropezando con las mismas piedras. Aunque la situación económica y financiera es muy tensa, como consecuencia del bloqueo y la crisis mundial, lo poco que entra al país no siempre llega a quienes más producen.

Los retos de la ANAP son mayúsculos. Movilizar a las bases productivas en aras de incrementar sus aportes a la alimentación de la población no se logra con consignas. La organización tiene que ser capaz de desplegar un liderazgo activo, literalmente con los pies en la tierra, y representar los genuinos intereses del sector campesino. De quienes dejan día a día el sudor en el surco.

Muchas de las insatisfacciones surgidas con la Tarea Ordenamiento, así como viejos y reiterados reclamos de los productores, encontraron certera respuesta con las últimas medidas adoptadas por la máxima dirección del Estado y el Partido. A la ANAP corresponde, como a nadie, bracear para que se apliquen con la inmediatez requerida. De ese liderazgo dependen la credibilidad de los asociados en su organización y el salto productivo que necesita el país.


Redacción Digital

 
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