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Publicado el 17 Mayo, 2021 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

El Pinareño de Las Guásimas

Por DELIA REYES GARCÍA
Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

El sábado 1o de mayo amaneció sin una sola nube. La noche anterior cayó un buen chaparrón y la tierra desprendía un agradable olor a yerba húmeda. Ataviado con ropa de trabajo y sombrero de yarey, Caridad Robaina Fernández comenzó los quehaceres habituales en la finca desde horas bien tempranas. Allí, en el poblado de Las Guásimas, del habanero municipio de Arroyo Naranjo, pocos lo conocen por su nombre, lo llaman El Pinareño.

Las piedras en el camino no detienen a este productor.

Debajo de los arbustos, acompañado por el trinar de los pájaros, nos cuenta con orgullo, “soy campesino de pura cepa, oriundo de San Juan y Martínez, descendiente de los Robaina tabaqueros”. Del Vueltabajo natal llegó a La Habana en 1975 para alistarse en las tropas que cumplirían misión en Angola, pero sufrió un accidente y no pudo viajar. Permaneció en el Ejército siete años, luego trabajó en la industria alimentaria hasta que cerraron los mataderos de la capital.

Desde 1994 volvió a coger la guataca en la mano para dedicarse de lleno al campo. “Cuando salió el Decreto 259 fui uno de los primeros en pedir la tierra en usufructo. Me dieron cuatro hectáreas y, luego con el 300, otras cuatro. Esto lo levanté a pulmón limpio, chapeando la maleza, sacando piedras y sembrando hasta el último pedacito.

“Durante el período especial, el Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (Inivit) fomentó las pequeñas fincas de semillas en la capital. Así surgieron esta, la de Guanabacoa y la de Cotorro. Desde entonces ya no había que ir a Villa Clara a buscarlas. Cuando aquello, las semillas se regalaban a los productores para motivarlos a que produjeran más”, recuerda.

Varios años después, la finca pasó a ser atendida por la Empresa Agroforestal de Arroyo Naranjo, y se enroló en el movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar. Desde su vuelta a la campiña, Robaina se asoció a la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Ñico López de Las Guásimas y comenzó su bregar como miembro de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

En el área de pasto, junto a su buey Azabache.

Además de las variedades de yuca y boniato que siembra para comercializar como semillas, también cultiva hortalizas. En la finca quedan restos de las recientes cosechas de tomate, pepino y ají. Las ocho hectáreas recibidas en usufructo no son homogéneas, algunas tienen suelo rocoso. Frente al campo de maíz recién sembrado, asegura: “Llevo casi dos décadas sacando las piedras de este terreno y cada vez que le paso el arado salen muchas más”. En su infatigable labor no concibe dejar ningún espacio sin aprovechar.

En la finca solo queda una pequeña parcela enyerbada para asegurar la alimentación de los bueyes, aunque está establecido que por cada cabeza de ganado exista una hectárea de pastoreo. Pero él no puede darse ese lujo, ni tiene de dónde sacar más terreno.

Sin embargo, “conozco casos que lo pidieron sin la más mínima intención de sembrar. Cuando comenzó la entrega en usufructo, para abrir un punto de venta el interesado debía tener el certifico de la tierra. Igual sucedía si quería criar una vaca; o comprar dos caballos para dedicarse a botar basura, entonces esa actividad era muy lucrativa. Hay gente que no sabe ni dónde tienen la tierra. Eso pasó en la capital y en otras provincias”.

Viaje a la semilla

Lo principal para obtener mejores rendimientos es la semilla. “Sin eso no hay agricultura”, sentencia el campesino. El plan de producción para el actual año no tiene límites, mientras más, mejor. “Con el llamado a elevar las producciones la demanda será mayor. Acabamos de cortar unos 50 000 esquejes de boniato, que en pocos meses podrán darle comida al pueblo”.

De las 11 variedades de semilla de boniato que cultiva, el yabú es una de las de mejores rendimientos.

A pesar del desvelo, “dentro de la agricultura no se priorizan las fincas de semilla, aunque tienen una importancia estratégica. Todos conocemos la difícil situación del país con los recursos. Pero, de lo poquito que entra a la CCS, no nos llega ni un solo litro de combustible. La tierra la tengo que roturar con los bueyes.

“Antes de la actual crisis, sucedía lo mismo. Cuando eran grandes extensiones a labrar, contrataba un tractor de afuera porque no podía sentarme a esperar por la comodidad de nadie. Con la alimentación de la población no se puede jugar.

“Aunque nos sentimos mal atendidos, seguimos dejando la vida en el surco. Cuando vienen las personas que cultivan patios y parcelas, les regalamos la semilla, igual lo hacemos con los nuevos productores sin posibilidades de comprar”, asegura.

Otro asunto preocupante es la calidad de la semilla. El usufructuario aboga por certificar las producciones “para que el campesino sepa a quién reclamar. El frijol, por ejemplo, que es bien caro, si no germina, no se sabe el nombre del productor, ni de dónde viene, si de Pinar del Río, Villa Clara o Güira de Melena”.

La escasez de fertilizantes y herbicidas importados es otro quebradero de cabeza en el campo. Sin estos insumos, explica, merman los rendimientos, por eso hay que sembrar más, aplicar alternativas de la agroecología y emplear oportunamente los bioproductos hechos en Cuba.

Aún sin aterrizar

El Pinareño nunca imaginó que tendría la posibilidad de intercambiar directamente con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República. “Fui uno de los campesinos que estuvo en las dos reuniones realizadas con la máxima dirección del país, para debatir sobre las trabas que afectaban a los productores y buscar las vías a fin de incentivar la producción agropecuaria.

El pasado año aportó más de 250 000 esquejes, y comercializó una cifra superior al millón.

“Las medidas que se anunciaron allí fueron recibidas con beneplácito por todos. Sin embargo, las que debían implementarse de manera inmediata todavía no han aterrizado. La electricidad de abril llegó con la misma tarifa incrementada que se aprobó después de los inicios de la Tarea Ordenamiento. Son más de 4 400 pesos solo por el uso de la turbina para el riego. Los meses anteriores ya había pagado facturas similares. Si las sumo todas, andan por encima de los 17 000 pesos”.

Los números para él no son difíciles de calcular, porque además de ser usufructuario es licenciado en Matemática. A punta de lápiz lleva las cuentas. Sus ingresos en enero fueron de 26 000 pesos y, después de restar los gastos de electricidad, agua, bioplaguicidas, los salarios de los tres trabajadores contratados y demás, quedó empeñado en 1 800 pesos. Luego de apretar el bolsillo, recortar algunas cosas, en febrero le quedaron solo 700 pesos de ganancia y en marzo volvió a quedar con deudas.

Aunque en la finca hay un pozo, el agua de la cuenca es del Estado y hay que pagarla. “La CCS nos la cobra trimestralmente y la factura fue más de 4 000 pesos”. La nueva tarifa de este servicio tampoco había llegado para refrescar los costos.

Sobre la oportunidad de comercializar directamente sus producciones en puntos de venta arrendados, asegura: “tendría que dejar de trabajar la tierra para dedicarme a eso o poner a alguien a vender allí. Entonces los gastos serían mayores porque nadie quiere hacer eso si no le pagas más de 4 000 pesos”.

En cuanto a la posibilidad de comprar directamente los insumos en los puntos de venta de la Empresa de Logística de la Agricultura (Gelma), valora: “eso nos va a beneficiar enormemente, hasta ahora la solicitud de insumos hay que hacerla a través de la CCS y un mes después los recibes. Si le cae, por ejemplo, una plaga al pepino, en ese tiempo se chivó la cosecha. Además, la cooperativa cobra un 10 por ciento del importe total, lo cual encarece el costo de los productos”.

Antes de concluir el mes de abril y en los primeros días de mayo, Robaina se dirigió al punto de venta de Gelma, en Las Guásimas, allí le aseguraron que no tenían autorizado atender directamente a ningún productor, no había sido aprobada la rebaja de precios de los insumos y desconocían la fecha de implementación de la medida.

Igual andaba flotando el seguro a los cultivos. “Si te aseguran las producciones, en caso de enfermedad por plagas o cualquier otra inclemencia del tiempo, tienes la garantía de recuperar los gastos y el valor de la cosecha. Esto nos quita de encima la incertidumbre de perder la inversión y nos estimula a hacer mucho más. Pero esta medida sigue en veremos”.

El sol aguijonea la tierra. Cubeta en mano, entra al campo de tomate. Desde esa sabiduría acumulada en sus genes campesinos advierte: “Si no engrasamos bien los ejes de esta carreta, de poco valdrá el sudor dejado en el surco o el dinero en el bolsillo de la gente”.

Buena sombra de cobija

Al lado de un hombre extraordinario, hay una familia unida. Maritza y Alexandra le dan muchas alegrías.

Las agujas del reloj se aproximan al mediodía. Es hora de descanso. En el ranchito trasero de la casa, mientras degustamos un exquisito batido de mamey hecho por las diligentes manos de Maritza Gutiérrez Ávila, esposa de Robaina. La charla se anima con las ocurrencias de Alexandra, la nieta de siete años. “Ya me peiné, ahora sí me pueden tirar una foto con mi abuelo”, ordena risueña la niña.

Él la abraza con cierto rubor en las mejillas. “Esta chiquilla es la candela, si usted le da un dedo, se coge la mano entera. Si la deja, ella misma tira las fotos”.

“Abuelo, abuelo, no le has enseñado a los periodistas tus diplomas”, lo interrumpe Alexandra, y acto seguido corre como una flecha para la casa. Detrás de ella sale disparada Maritza: “Ay, mi madre, capaz que rompa los cristales de los cuadros…”.

Segundos después llegan las dos, más el padre de la niña, cargados de diplomas, certificados, reconocimientos… hasta un cuadro inmenso con una foto del día que Caridad Robaina Hernández estuvo en la Mesa Redonda de la televisión para hablar de sus experiencias agroecológicas.

Por siete años consecutivos, El Pinareño de Las Guásimas ha sido acreedor de la condición de Vanguardia Nacional del Trabajo; distinguido dentro de la ANAP por sus sostenidos aportes a la alimentación del pueblo en el municipio de Arroyo Naranjo; y reconocido con la Corona de la Triple Excelencia, que otorga el movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar.

Los arbustos del cerezo están a la sombra del platanal. Con una tacita de aromático café, los anfitriones despiden al equipo de reporteros. “Aquí tienen las puertas siempre abiertas”, dice el campesino, mientras Alexandra le tira del brazo y le susurra: “¡que me manden las fotos!”.

Felicidades con mayúsculas

A propósito de cumplirse el aniversario 60 de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños este 17 de mayo, la presidencia de la organización envía afectuosas felicitaciones a todos los productores y a sus familiares; a las direcciones provinciales y municipales, a los cuadros, especialistas; organismos e instituciones que participaron en las actividades en saludo a la jornada por el día del campesino cubano.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia