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Publicado el 2 Mayo, 2021 por Dariel Pradas en Nacionales
 
 

Los perros de Tras la huella

A sus 60 años de fundada, la Especialidad de la Técnica Canina cuenta con una experticia en el adiestramiento de canes altamente capacitados

Los perros de Tras la Huella.

Por DARIEL PRADAS

Fotos: ANARAY LORENZO 

Aquello en nada se parecía a una perrera. La casona pintoresca y bien cuidada, sin jaulas a la vista ni ruidos de animales, sumado a un césped podado y cromáticamente uniforme, recordaban más bien a como debió lucir esa finca mientras aún pertenecía al antiguo profesor de la Universidad de La Habana, José Madrigal de León.

El inmueble llevaba 36 años de construido cuando, en 1964, su dueño vendió la propiedad al Estado. Desde entonces, allí lo mismo se han supervisado proyectos relacionados con el Cordón de La Habana, que se han preparado cuadros de la Escuela Nacional Avícola; en 1993, la instalación pasó al Ministerio del Interior (Minint) y un año después se convirtió en el Centro de Entrenamiento del Departamento Nacional de la Técnica Canina; a partir de 2011, también se volvió la jefatura de dicho órgano.

En esos terrenos aledaños al poblado de Calabazar, el pasado 24 de enero se celebró el aniversario 60 de la Especialidad de la Técnica Canina en Cuba.

Retrospectiva de los perros policías

Dentro de la mansión, al fondo del pasillo en la planta baja, está el sitial histórico-museo. Allí, en vitrinas y cuadros se resume el legado de la institución: muestras de bozales de cuero y plástico, fustas, correas, “mordedores” e incluso botas para canes, útiles en caminatas sobre –casual sintaxis– el diente de perro en las costas, una práctica habitual de los guardafronteras; medallas de las competencias nacionales entre “unidades cinófilas”, junto a diplomas triunfales en las categorías de defensa, rescate y salvamento, y droga.

Justo en el centro de la sala, gruñe en rígida pausa el famoso Brek, un perro “naturalizado” por taxidermistas en honor a su flamante carrera en la Sierra del Escambray. El canino nació en la vieja Checoslovaquia. Vino a parar a Cuba junto a otros pastores checos a raíz de un intercambio entre ambas naciones.

En 1961, en el mencionado 24 de enero, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, convocó a 20 jóvenes con sus respectivos canes importados y, en la finca San Juan, de Santiago de las Vegas, fundó la primera unidad canina.

Después de entrenar con especialistas checos, las 20 unidades cinófilas de perros y guías fueron enviadas a participar en la conocida Limpia del Escambray, de apoyo en las misiones de rastreo, principalmente.

“Brek prestó importantes servicios en la lucha contra bandidos”, apunta la tarja, y “concluyó su histórica labor en las Tropas Guardafronteras”. Allí falleció el valiente can, dejando a su dueño con gran pesar.

Un cuadro en la pared expone la relación de nombres de los guías fundadores con sus mascotas: Nelson con Fran, Juan y Kissa, Ramón y Arno, Félix con Aranca, y más, muchos dúos más.

Aunque la técnica canina se creó para contrarrestar las bandas armadas que brotaron en los años 60, luego se extendió esta especialidad hacia otros sectores de las fuerzas del interior.

Por ejemplo, en 1964 surgió el Departamento Equino-Canino de las Tropas Guardafronteras. Cuatro años más tarde se empezó a aplicar canes en la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) para rastrear esencias en delitos de asesinato y robo; después, se usó también en la detección de drogas y en labores de defensa personal. A partir de 1974, los perros comenzaron a emplearse en la custodia de establecimientos penitenciarios.

En esa década del 70, las unidades caninas se propagaron hacia otros importantes sectores como la aduana, la contrainteligencia, criminalística, las brigadas especiales, empresas de servicios de seguridad, etcétera, etcétera… Hasta que en 1990 se institucionalizó la especialidad y finalmente se creó el Departamento Nacional de la Técnica Canina (DNTC).

Actualmente, el DNTC se encarga de supervisar metodológicamente –y de gestionar– todo lo relacionado con esos perros “policías”, dígase los procesos de crianza, servicios de atención veterinaria, el entrenamiento de las unidades cinófilas…

Los perros de Tras la Huella.

El trabajo en la técnica canina requiere de sacrificios tanto por parte del perro como de su guía.

Para alcanzar semejante meta, el Minint tiene un sistema de infraestructuras creadas a lo largo del país, que incluye seis centros de reproducción y cría; otro de preparación y adiestramiento en La Habana, con filiales en Villa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba; la Clínica Veterinaria Central especializada y cuatro policlínicas regionales que trabajan sobre la base de cinco programas técnico-veterinarios: de alimentación, inmunización, reproducción, de enfermedades recurrentes y el programa epizootiológico.

Cinco razas se emplean hoy en el Minint: el springer y el cocker spaniels, adiestrados en la detección de sustancias (drogas, pólvora, divisas, incluso celulares); el labrador retriever, muy capaz en tareas de rescate y salvamento; el pastor belga malinois, en defensa y rastro; y el pastor alemán, considerado por los guías como el perro insignia en el trabajo operativo, por su versatilidad en todos los campos.

“El pastor checo fue el iniciador. Y después se introdujo el resto de las razas hasta llegar al pastor belga, que es la última que hemos traído hace diez años”, precisó el coronel Manuel García Mendive, jefe del DNTC desde 2013.

Ante la vista de Brek, en una pared del sitial, hay una placa conmemorativa que cita ejemplos de las 241 misiones cumplidas por las unidades caninas del Minint en Angola en 1983, así como de sus misiones tras el terremoto de Ecuador, en 2016, y el huracán María en Dominica, en 2017. Ahí también se mencionan operaciones ocurridas en Cuba: “Lucha contra bandidos (1962), hechos del 5 de agosto de 1994, desactivación de bombas en hoteles (1997), Operación Coraza Popular (2003)” –dirigida a contrarrestar el comercio ilegal de drogas dentro del país.

“El trabajo del can en el Minint es vital”, dijo el coronel. “Tampoco puedes decir que es determinante. El Minint está sustentado por la PNR, la Seguridad del Estado… El can es un instrumento, como la pistola o el bastón. Pero uno muy efectivo”.

¿Quién sabe cómo suda un perro?

Recostado en el pavimento, junto a la entrada de la casona, jadeaba un pastor alemán. Tenía un arnés que combinaba con su pelaje.

Un oficial evadió esa acera. Luego, otro:

–¿Ese perro salió en Tras la huella?, preguntó un teniente coronel.

–Sí. Se llama Noé, dijo el guía orgulloso.

El capitán Frank García Heras conoció a Noé cuando este era apenas un cachorro de medio año. Lo entrenó hasta que, nueve meses después, pudo certificarlo operativamente en las especialidades de rastreo y detección de armas de fuego. Según él, Noé siempre ha sido un perro muy intranquilo, más allá de que ahora reposara pasivamente bajo una sombra. El 31 de marzo cumplirá cuatro años de vida y casi tres de servicio. Ya es un can adulto, con vasta experiencia en la Dirección de Criminalística.

Noé pertenece a una camada con “N”: todos los nacidos de ese parto comparten la misma inicial en su nombre, como es costumbre en los centros de reproducción y cría. Sus datos están en un expediente que registra desde el pedigrí de su estirpe hasta la descripción de su aspecto, aptitudes, gustos e incluso de la pata que cojea, si tuviera alguna. Lógico. Es tan costoso preparar a un perro de esos que lo mejor es “echarle todos los hierros encima”, dirían los jefes.

Todo el proceso queda documentado: el pronóstico de crías en la hembra preñada, los esquemas de desparasitación y de vacunación durante los primeros meses de los recién nacidos, los indicadores físicos y temperamentales… el resultado de la selección a los 90 días, en la cual se decide si un cachorro está apto, o no, para ser entrenado.

Los perros de Tras la Huella.

“Todo el mundo está claro de que hay que esforzarse, porque es una pérdida tremenda que te presentes y no apruebes”, sentenció el coronel Manuel García Mendive.

“La determinación de la aptitud está dada por ciertos indicadores: un perro que no muestra motivación o relación con el hombre, que es entretenido, que no se concentra… Te llegas a percatar de que hay canes que no sirven para esto. Por lo general, en la actualidad, casi todos los perros son aptos”, afirmó el coronel García Mendive, quien explicó que esto último sucede gracias al basamento genético que se ha ido consiguiendo paulatinamente.

Los cachorros “no aptos” son destinados a proteger instalaciones. “A lo mejor no son útiles para lo que necesitas desde el punto de vista operativo, pero pueden hacer otras cosas”, advirtió el coronel. “Por ejemplo, aquí (en el DNTC) tenemos canes custodios. Son “no aptos” todos, pero no te acerques, porque te van a morder”.

Por otra parte, los caninos seleccionados continúan el recorrido del adiestramiento. Se deciden sus especialidades y luego, a los tres meses de vida, son enviados a sus destinos en los órganos del Minint.

A partir de entonces, empieza a formarse la relación cooperativa entre el guía y el can: la llamada unidad cinófila. Se materializa mediante un entrenamiento que suele durar 11 meses –Noé terminó a los nueve–, hasta la graduación en el Centro Nacional de Preparación y Adiestramiento, frente a un tribunal que evalúa la ejecución de ciertos ejercicios.

“Todo el mundo está claro de que hay que esforzarse, porque es una pérdida tremenda el que te presentes y no apruebes”, aseveró el jefe del DNTC. “Quizás puedes repetir el año y esperar, pero el perro… ese no puede esperar por ti”.

El socorro de un lamido

Noé jugaba a atrapar la soga. O el cinto, quién sabe. Su guía lanzaba la “cosa” y él la perseguía, la mordía, la regresaba y todo se repetía. Era incansable. Luego levantaba la patita. Se dejaba acariciar. Volvía a correr. Cumplía las voces de mando: “quieto”, “échate”, “busca”. La recompensa era otra caricia.

El capitán Frank García Heras trabaja en turnos de 24 horas y descansa 48: “Llego a la guardia. Saco al perro; lo peino; lo reviso; aprecio su comportamiento; lo pongo al sol un rato y ahí es que empiezo a trabajar con él”.

Además, entrena cada miércoles con Noé. Ejercicios de rastreo, de selección de personas, de objetos; registro de terreno; búsqueda de armas de fuego.

A la par de los casos que se presenten durante la guardia, el equipo va saliendo a la calle. Siempre que se necesite de la canina, Noé estará olfateando objetos y suelos:

“Todo lo que sea delito de robo con fuerza, con violencia, asesinato, hurto, personas desaparecidas… Hemos trabajado con Rescate y Salvamento, con personas enterradas… Mientras que el indicio del delito tenga relación con la búsqueda de un olor, ahí estaremos”, aseguró el capitán, entusiasmado. “En esos dos años y pico de vida operativa, Noé ha trabajado en muchos casos y en unos cuantos ha esclarecido”.

El teniente coronel Osvaldo Hernández Pedroso, jefe de la Unidad Especializada de la Técnica Canina y Odorología de la Dirección de Criminalística –y oficial superior del capitán Frank García–, recuerda que, en sus 45 años de experiencia, muchos crímenes se han esclarecido gracias al hocico de un perro.

Los perros de Tras la Huella.

“Uno llega a tenerle tanto cariño a estos perros, que se vuelven prácticamente tus hijos”, confesó el guía de Noé, el capitán Frank García Heras.

En 2000 o 2001 –no define cuál año–, ocurrió un caso que se convirtió en anécdota. “Había una pareja en ‘desacuerdos matrimoniales’ –narró Hernández– el hombre, en venganza por esta ‘discrepancia’, se llevó a la niña de la casa. Nueve meses tenía”.

Al momento, la madre denunció el secuestro y la policía llamó a la técnica canina para seguir el rastro desde el corralito donde jugaba la bebé hasta donde llevaran los pasos del hombre, pues era su olor el que había captado el perro. La casa quedaba por 19 y 70, cerca de la funeraria de Playa. La esencia del criminal bajó por la misma avenida 70 hasta la zona de Monte Barreto, “que no era lo de hoy, sino un monte de verdad”. Cayó la noche y nada. Desespero. Rabia. Finalmente, se decidió esperar al amanecer. Entonces nadie imaginaba lo que se encontraría al día siguiente.

“Temprano, a las primeras luces del alba, se volvió a dar la fuente de olor al perro. Entró en el monte y, al poco rato, se sintieron sus ladridos. Te podrás imaginar que ahí el monte desapareció: todo el mundo entrando y corriendo. Y cuando llegamos ahí, estaba el perro echado, al lado de la niña que ya tenía cierto nivel de deshidratación. Y le estaba lamiendo la cara. Ladraba y le lamía la cara”.

La voz del teniente coronel esbozaba una mezcla de tristeza y admiración. No recordaba el final de la historia, de cómo atraparon al secuestrador de una criatura que dejó a su suerte en el bosque; eso sí, no dejaba de fascinarlo aquella escena oscura y tierna:

“Fue una cosa superimpresionante: no solo porque el perro haya llegado a la niña, sino por su acción de echarse al lado de ella, empezar a ladrar y pasarle la lengua. Vio que la niña sufría y entonces intentó consolarla. Ese perro no estaba entrenado para hacer esas muestras de afecto. Ese perro estaba entrenado para seguir rastros”.

Ocho años jurando bandera

“¿Peligro? Peligro tenemos desde que salimos a la calle. Por mil cosas. Lo mismo estamos en un monte trabajando, en Artemisa, Mayabeque, la Isla de la Juventud… Uno puede encontrarse cualquier cosa”, confesó Frank García, quien habló de una vez que trabajó en Cayo Largo, donde por la presencia de cocodrilos la correa de Noé se mantuvo a lo cortico.

El guía recuerda la preocupación de esos días. Temió por la vida de su perro. Antes ya había padecido de pérdidas similares. Después de todo, Noé es su tercer can en sus 13 años de carrera.

Recibió a Deisy cuando ni grados militares poseía, recién graduado como estaba del tecnológico Villena Revolución (la escuela de veterinaria). Nada más optó por ser técnico canino, ya tenía a la perrita lamiendo su cara. Pasaron cerca de ocho años y Deisy murió debido a una fístula que se trasformó en cáncer.

Después llegó Wifi, un can adulto que se había quedado sin guía. El capitán lo reentrenó aún con un lustro de vida y, tres años más tarde, con el retiro –porque sus facultades para estas labores suelen durar ocho años aproximadamente–, lo pudo llevar a su propio hogar, donde este falleció un año después.

Noé se arrojaba sobre su guía a quitarle el cinto-juguete. Frank lanzaba el accesorio y el pastor parecía un cachorro de repente, embocado detrás de este como un loco. Por un momento, Frank relajó su trato marcial y no pudo contener una sonrisa. Su mirada denotaba ternura cuando dijo: “Llegas a tenerle tanto cariño a estos perros que se vuelven prácticamente tus hijos”.

El springer spaniels es esencial en la detección de explosivos.

 


Dariel Pradas

 
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