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Publicado el 24 Mayo, 2021 por ACN en Nacionales
 
 

¡Más amor por la vida que por un pedazo de tierra!

El panorama está condicionado por el impacto real que ya provoca el fenómeno medioambiental y se pronostica que empeore con el tiempo, pues se reporta un incremento de las inundaciones costeras ante la influencia de eventos meteorológicos y la ocupación del nivel del mar en las zonas bajas de estos dominios ya cubre 39 kilómetros cuadrados
¡Más amor por la vida que por un pedazo de tierra!

Uno de los municipios de mayores riesgos por la elevación del nivel del mar es Manatí. (Foto: tiempo21.icrt.cu).

Por DANIELLE LAURENCIO GÓMEZ

Un extraño vínculo físico y emocional une a la gente de mar con ese espacio geográfico del cual están negados a separarse, quizás por eso no hace falta mucha experticia para saber que de las prioridades de la Tarea Vida en Las Tunas, posiblemente el traslado de los asentamientos costeros resulte entre las más complejas, pero al mismo tiempo, la más necesaria porque define la preservación de las vidas humanas.

Así lo recoge el Plan del Estado para el enfrentamiento al Cambio Climático en esta provincia del oriente cubano, un territorio que tiene identificadas 480 viviendas en peligro por el ascenso del nivel del mar distribuidas en los municipios de Manatí, Puerto Padre, Jesús Menéndez y Amancio, las cuales se han clasificado en legales, ilegales, permanentes y de veraneo.

El panorama está condicionado por el impacto real que ya provoca el fenómeno medioambiental y se pronostica que empeore con el tiempo, pues se reporta un incremento de las inundaciones costeras ante la influencia de eventos meteorológicos y la ocupación del nivel del mar en las zonas bajas de estos dominios ya cubre 39 kilómetros cuadrados.

En tal sentido, varias entidades y organismos con el liderazgo de la Delegación Provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) siguen de cerca la implementación de la Tarea Vida y al cierre de su primera etapa (2017-2020), analizan cuáles son las deudas en aras de concientizar y accionar sobre la base de que el cambio climático no es un salto brusco que ocurrirá en el futuro, sino un proceso continuo y paulatino.

Reynol Pérez Fernández, especialista del Citma en Las Tunas, es un estudioso de los peligros, vulnerabilidades y riesgos, un tema clave a la hora de establecer pronósticos y alertar a las estructuras gubernamentales y a las familias que residen en estas zonas, si de implementar planes que materialicen la introducción de resultados científicos y ejecutar nuevas construcciones ajustadas a las tipologías establecidas se trata.

Pero la cosa no es sencilla para ninguna de las partes, lo demuestra el hecho de que hasta la fecha solamente se han trasladado algunas viviendas de Puerto Guayabal, en Amancio, y los próximos impactos hablan de traslado forzado y definitivo de los lugares de residencia, debido a la pérdida de áreas por el ascenso del nivel del mar y el incremento del riesgo de desastres de origen hidrometeorológico.

Pérez Fernández explicó que en un escenario favorable hasta el año 2030 se deberán aumentar las construcciones de viviendas de tipologías I y II, estrategia que se complejiza en el contexto de enfrentamiento a la COVID-19 y el gasto de recursos que esto supone para el país.

Las Tunas se proyecta hacia la construcción de asentamientos humanos resilientes, programa que incluye la reducción de viviendas amenazadas o las que violan el Decreto Ley 212 de Gestión de la Zona Costera, lo que deberá acometerse por etapas y priorizando las que obstaculizan las zonas de playa y su recuperación.

Por ejemplo, en esta primera etapa de la Tarea Vida se logró retirar todas las instalaciones del sector estatal de la primera línea de costa, lo cual ha permitido una notable recuperación del terreno arenoso, esfuerzo que se combina con la siembra de plantaciones autóctonas de la zona como es el caso de la uva caleta, puntualizó el experto.

No obstante, la voluntad política no basta cuando se trata de las raíces de quienes tienen el mar como principal escenario para sustentarse, quienes prefieren la piel curtida por el salitre con tal de ver cada amanecer y anochecer esa línea del horizonte que enamora y provoca temor en iguales dimensiones.

Cuando se acerca la temporada ciclónica, etapa que se extiende en Cuba del primero de junio al 30 de noviembre, el peligro se hace más inminente para estas casi 500 viviendas, pues aunque el ascenso del nivel del mar se prolonga en el tiempo, las penetraciones del mismo ante la ocurrencia de eventos hidromoteorológicos es cada vez más alarmante.

¡El agua ha llegado a lugares donde nunca antes había subido!, es la frase de pobladores del Puerto de Manatí, quienes a pesar de los riesgos, se aferran a ese pedazo de tierra en el mar, ese gigante azulado les intenta arrebatar. (ACN).


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