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Publicado el 26 Junio, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Cambios en el agro

Nuevas medidas buscan encaminar el uso más eficiente de la tierra en el ámbito cooperativo, aparentemente estrecho, pero en verdad decisivo
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Cambios en el agro.

El verdadero campesino nunca le ha fallado a Cuba.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Con la visión dialéctica que siempre ha tenido la Revolución –apta para valorar asuntos, ajustar procesos y adoptar decisiones según el momento histórico– se abre una nueva oportunidad para la red de cooperativas agropecuarias. Con un sentido innovador, se trata de fortalecer y consolidar ese sector en aras de una mejor explotación de las potencialidades que tiene la tierra para la alimentación humana, y para lograr la tan ansiada y necesaria soberanía alimentaria.

El tema trascendió recientemente, en el contexto de un intercambio que mantuvo a científicos y expertos en línea directa con la más alta dirección cubana, encabezada por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República, y el primer ministro Manuel Marrero Cruz.

Sustentada en el parecer de 17 instituciones y llamada a enriquecerse más cuando –a modo de consulta– retorne a las bases productivas, la propuesta no parece ser un simple “pase de grada” a ras de capa vegetal.

La alternativa de disolver a un grupo de cooperativas, unificar otras, crear un instituto para el fomento y desarrollo de esas estructuras de producción agropecuaria a fin de contribuir al fortalecimiento de las existentes, promover el nacimiento de entidades nuevas y robustecer el sustento legislativo necesario en materia de cooperativismo, indica que esta vez la intención va mucho más allá de lo epidérmico para profundizar, sacudir, fertilizar el terreno.

Nada de eso obedece a una simple inspiración. Durante el propio encuentro, el doctor en ciencias Alcides López Labrada, director de la Escuela Ramal del Ministerio de la Agricultura, hizo clara referencia a un ramillete de razones harto conocidas por directivos, productores, obreros, campesinos, consumidores y hasta por esa figura que un “buen” día surgió –como la mala hierba– para seccionar la mejor tajada, desde un rol intermediario.

Si el hombre sirve…

Cambios en el agro.

Es inimaginable todo lo que la tierra puede aportar cuando se aprovechan bien sus potencialidades.

Todo el mundo conoce, en fin, la existencia de un grupo de cooperativas que mantienen situación económica desfavorable: no explotan la tierra con eficiencia, no están adecuadamente insertadas en las cadenas productivas, lo que les impide cerrar ciclos, o no acaban de lograr la estabilidad y la preparación en sus dirigentes, tal como demandan procesos de esa índole.

Si a eso, como consta en la reseña sobre el tema publicada por el periódico Granma, se suma que, “hablando en plata” y por los motivos que sean, hasta ahora no ha sido suficientemente valorado el asunto de la autonomía de las cooperativas, hay vacíos y contradicciones legislativas en la interacción de esas entidades con los actores económicos de su entorno, y también carencia de programas de formación, desarrollo y educación cooperativa, entonces se torna cada vez más obvia la necesidad de hacer algo.

Trillar bien el camino (mediante la disolución donde haga falta, la unión si fuera necesaria, la creación de nuevas unidades) puede ayudar a revertir poco a poco el desfavorable panorama.

Ideas en estudio, como la de incursionar de forma experimental en una especie de cooperativas de segundo grado o lo que es igual: la fusión de varias cooperativas primarias en una organización superior, podría conducir a mejores resultados, siempre que medie una valoración de factibilidad objetiva, de rigor, libre de improvisaciones, para no cometer errores ni tener que recoger a la vuelta de un tiempo, el mismo cordel que antes se ha soltado.

Expertos opinan que esa forma de integración podría asegurar servicios para las cooperativas, fortalecer la colaboración entre ellas o con las autoridades y organizaciones locales, además de contribuir a mejorar las condiciones de vida de los cooperativistas, de los campesinos, de las comunidades, atender problemas específicos, como los de orden logístico, de capacitación, de comercialización y necesidades de las juntas directivas.

Cambios en el agro.

¿Se habrán estado aprovechando, a la vez, las posibilidades del entorno productivo en función de renglones como estos?

Nadie osaría poner en tela de juicio que todo eso hace falta. Un hecho no menos real es que, en medio de restricciones y medidas cada vez más brutales contra Cuba por las sucesivas administraciones estadounidenses y, como consecuencia también de insuficiencias de orden interno, se hace imprescindible elevar el volumen de productos que no requieren de una cesárea en el vientre del comercio exterior porque pueden llegar, perfectamente, mediante el parto natural de la tierra, si se le aprovecha bien y si se organizan eficientemente los procesos.

Infinidad de ejemplos, en todo el archipiélago, confirman la certeza de que si el hombre sirve la tierra sirve. Ha transcurrido más de un cuarto de siglo y todavía me parece inaudito lo que entonces estaba sucediendo en las afueras de Las Tunas, donde, bajo condiciones similares, separadas apenas por unos pelos de alambre, en igual suelo, el mismo régimen de lluvia… las vacas de una unidad productora daban un buen promedio de litros de leche per cápita y las de al lado daban… prácticamente, lástima.

Pero si del verdadero potencial que anida en la tierra se trata, basta tener en cuenta lo que, como norma, ha estado sucediendo durante décadas en todas las provincias, donde renglones como la propia leche, el tabaco, el café, muchos frutales y otros productos son asegurados de forma mayoritaria y, a veces, casi total, por un sector cooperativo y campesino cuyos verdaderos y más genuinos exponentes, justo es decirlo, nunca le han fallado al país.

No son estos tiempos de miedo, sino de encomios a la tierra, al campesino, a los cambios; a las medidas concebidas para un segmento, pero con la transparente intención de beneficiar a la sociedad y a la economía nacional en su conjunto, sin perjuicio para los actores directos o sujetos activos de esas transformaciones, siempre estratégicos por demás. Nadie olvide ese último “detalle”.

Los vagos no progresan

Confianza en que todo puede salir bien… desde luego que sí. A nada bueno han conducido, nunca, el miedo, la inseguridad, la incertidumbre.

Que ninguna medida, cambio, revolución en el ámbito agrario es fácil lo razonó, explicó y demostró Fidel desde que al referirse a las cooperativas en los años 60 del pasado siglo sentenció que “la revolución del sistema de producción industrial es siempre mucho más sencilla que la revolución en el campo”.

Cambios en el agro.

Con una integración efectiva entre cooperativas se puede hacer un mejor uso de los medios y recursos disponibles.

¿Y qué es lo que se pretende hacer, si no lo que el general de ejército Raúl Castro Ruz ha reiterado en innumerables ocasiones para destrabar todos los nudos que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas, conscientes por demás de que eso es perfectamente posible y de que, como también él ha dicho: “los frijoles son tan importantes como los cañones”?

Lo lamentable es que, por la razón que sea, haya miles y miles de hectáreas sin uso productivo, perdidas muchas veces entre malezas y marabú, mientras hay lugares de este mundo carentes de suelos donde, sin embargo, se siembra y se cosecha sobre la roca o el diente de perro.

Inadmisible es que permanezcamos impasibles o que –teniendo, además de la razón, todos los instrumentos institucionales, humanos y jurídicos– no enfrentemos a quienes, como también dijo Fidel, le roban al pueblo vendiendo diez veces más caro lo que producen o lo que ni siquiera han producido.

Sigue siendo hora de hacer una reverencia real, práctica, tangible frente al trabajo, tal y como también llamó el Comandante en Jefe al expresar en aquel encuentro con cooperativistas:

“[…] los vagos no progresan.  Los vagos no nos ayudarán jamás a liberarnos de las necesidades, ni de las miserias.  Por eso, hay que rendirle culto al trabajo; ver el trabajo como lo que es y no como un castigo.  Era en el pasado instrumento de explotación del hombre.  Hoy es instrumento de la redención del hombre, de la superación del hombre, del progreso del hombre”.

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Pastor Batista

 
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