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Publicado el 29 Junio, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

DEL SARS-CoV-2, Delta mortal

Más de 15 meses después, el nuevo coronavirus sigue infectando, propagándose, mutando… entre el combate sin tregua de la ciencia médica cubana y la indiferencia de muchas personas: las mismas que mañana pueden ser víctimas letales de cepas cada vez más resistentes y agresivas
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DEL SARS-CoV-2, Delta mortal.

Con su mortal efecto, la cepa Delta se ha extendido ya a más de 80 países. (Foto: elmundo.es).

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

En más de 35 años ejerciendo, día por día, el periodismo, jamás he escrito algo con la intención de intimidar, atemorizar, crear incertidumbre, inseguridad o desconfianza.

No es ese, por tanto, el propósito de las líneas que seguirán a este párrafo, relacionadas con un asunto que, como dicen algunos, “ya se está pasando de castaño oscuro” y sí merece la preocupación y la ocupación de todos, sin excluir absolutamente a nadie: la persistencia del nuevo coronavirus, la aparición de nuevas cepas.

Quienes tienen el don de archivar fechas y estadísticas coincidirán conmigo en que ya han transcurrido más de 15 meses desde que fueron detectados los primeros casos de la enfermedad en Cuba (Trinidad, 11 de marzo de 2020).

DEL SARS-CoV-2, Delta mortal.

El Estado cubano no ha escatimado recursos para enfrentar la pandemia.

Posiblemente todos coincidamos también en que, por aquellos días y los que siguieron, no solo imaginábamos, sino también anhelábamos, que para el 2021 ya el mortal virus estuviese más enterrado que sus víctimas directas anteriores y sucesivas.

La realidad, sin embargo, no se ha enmarcado entre las dimensiones del deseo. En medio de altas y bajas –no tan trazadas por el SARS-Cov-2 como por el insuficiente comportamiento institucional, social, familiar y humano- el panorama se ha complicado. Basta ver las cifras que con profundo dolor informa por estos días el doctor Francisco Durán García, director nacional de epidemiología. Nuevos contagios, casos graves, críticos y fallecidos son como para no dormir muy tranquilos que digamos, sobre todo si despiertos no todos hacemos lo correcto en casa o en nuestro radio de acción laboral y social.

No pretendo escribir esta vez acerca de la ingratísima flema con que muchos ciudadanos siguen “viviendo por vivir”,  ignorando de dónde el Estado cubano saca dinero, alimentos, medicamentos, equipos, insumos y recursos en general para atender en hospitales, centros de aislamiento y otras instituciones a las miles y miles de personas que continúan siendo blanco del contagio en todo el archipiélago (2 698 al cierre de este 26 de junio).

Y no es que deje de ser importante ese razonamiento. Es que desde hace mucho tiempo y sobre todo en coyunturas como esta, Fidel nos enseñó que, a diferencia de otros sistemas socio-económicos, para nosotros lo verdaderamente cardinal no es el dinero, no es la riqueza material: es la vida, es el ser humano.

Solo que 15 meses después, usted que conserva ese don de analizar fechas y estadísticas, pero que además ama a este país como a usted mismo,  coincidirá conmigo también en que ninguno de esos recursos, o de los que como por arte de magia continúa asegurando y distribuyendo nuestro Estado para alimentarnos, caen del cielo.

DEL SARS-CoV-2, Delta mortal.

La red nacional de laboratorios de biología molecular permiten realizar las pruebas para detectar el virus.

De la parte mala del cielo (si es que existe) sí parecen estar cayendo las cepas de ese indeseable virus que ya ha infectado a más de 180 millones de personas en todo el mundo y aproxima a los cuatro millones la cifra de fallecidos.

Muy por el contrario de lo que todos hubiéramos deseado, la cepa original detectada en  China (Wuhan) no se conformó con ser única, exclusiva y dio paso a una cadena de mutaciones, prolongación, “reencarne”, readaptación, como usted desee llamarle, para dar preocupante paso a otras. Por eso oímos hablar de las Alfa y Beta, detectadas en el Reino Unido y Sudáfrica; la Granma (en Brasil) y en fecha más reciente la Delta: con pañales y documento de inscripción en la India.

No hay que ser experto para darse cuenta de que una vez en órbita, el virus no está dispuesto a desaparecer o dejar que el ser humano lo extermine así como así.

¿Se ha puesto a meditar usted hacia dónde transita la humanidad si la ciencia médica, con la indispensable participación de la sociedad completa, no logran cortarle paso ya a las cepas existentes y a cuantas puedan seguir multiplicando contagio, transmisión de la enfermedad y muerte irremediable?

¿Ha razonado usted que el nuevo coronavirus no es la rubeola que conocieron nuestros padres y abuelos (con pequeñas erupciones de color rosáceo en la piel), ni el sarampión con su típico salpullido, ni la papera con su visible inflamación de las glándulas parótidas, a ambos lados de la cara, entre las mandíbulas y las orejas…?

Este germen no tiene rostro visible. Se torna, para colmo, cada vez más asintomático. Y aun así, muchos negligentes e irresponsables, continúan violando las orientaciones que emiten las autoridades sanitarias, expertos y especialistas de la salud.

DEL SARS-CoV-2, Delta mortal.

En todo el país se adoptan medidas para evitar la transmisión del SARS-CoV-2

Como mismo, a lo largo de la historia, otros virus y enfermedades mutaron, se readaptaron e hicieron resistencia a medicamentos originalmente efectivos contra ellos, así parece estar haciéndolo el SARS-CoV-2, a una velocidad demasiado rápida para nuestro gusto.

No por casualidad la llamada cepa Delta (con una muy reciente variante Delta plus) preocupa a la comunidad científica internacional y a la Organización Mundial de la Salud. Informaciones de prensa dan cuenta de su presencia ya en más de 80 países y le atribuyen no solo mayor transmisibilidad que otras, sino también más unión a los receptores de las células pulmonares y una posible reducción de la respuesta por parte de los anticuerpos monoclonales.

Si usted no acostumbra a ver la emisión estelar del noticiero nacional de televisión, si no entra en contacto con sitios oficiales, serios, de nuestra prensa; si no se preocupa por estar informado de verdad, tal vez no sepa entonces que, lamentablemente, ya tenemos aquí, en Cuba, a la repulsiva cepa Delta y que, como ocurre con las restantes, toda precaución familiar y social frente a ella será poca.

Los cubanos tenemos una gran ventaja en comparación con personas de otros muchos países donde quizás hay muchos recursos, pero falta voluntad, integración y un sistema de salud prestigioso, organizado, del pueblo y para el pueblo.

DEL SARS-CoV-2, Delta mortal.

Si en todas partes hacemos lo correcto, el virus pierde terreno.

Lo que sucede, también, es que ni el Estado ni el Ministerio de Salud son el ánfora que usted y yo frotamos cuando nos vemos en aprietos, sale el señor genio y le pedimos solución mágica para el problema. ¡No! Este virus no cree en realidades ni en milagros.  Está a la caza, ataca, se aloja, infecta, mina, se propaga y sigue matando. Suena crudo, pero es así.

Dejemos por tanto el estado de contemplación en que algunos continuamos flotando y pongamos los pies en la tierra, nasobuco donde va, distancia prudencial, hipoclorito en manos, así como toda la prudencia y cooperación posibles para no lamentar, tal vez mañana mismo,  el contagio y la pérdida de ese ser querido, bajo nuestro mismo techo, después de cuya irremediable ausencia –evitable hoy- no vamos volver a ser los mismos. ¿Será que no acabamos de entenderlo y de, en consecuencia, actuar?

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Pastor Batista

 
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