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Publicado el 4 Junio, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

TRANSPORTE RURAL CUBANO

La magia del karata sobre rieles

Consciente del multiplicado valor de uso que, hasta en las circunstancias más adversas, tiene ese medio de transportación ferroviaria, Las Tunas mantiene con vida 17 equipos a favor del bienestar de la población

La magia del karata sobre rieles

Texto y foto: PASTOR BATISTA VALDÉS

Sin ánimo de triunfalismo alguno, a la provincia de Las Tunas, en el oriente de Cuba, le corresponde el mérito de haber mantenido a lo largo de tantos años y en medio de agudas dificultades materiales, un parque de karatas cada vez más arraigados en la gratitud de la población, rural sobre todo, por la enorme cantidad de problemas que diariamente resuelven esos medios de transporte.

Estadísticas, como las referentes a las 681 600 personas que en el año 2020 se beneficiaron mediante esa alternativa, pueden ilustrar el alcance social del karata en el mencionado territorio.

Pero hombres como Luis Cabrera López, director técnico de la Empresa Provincial de Transporte, otros representantes de ella, maquinistas y miles de familias asentadas en recónditos parajes de la geografía tunera, saben que el asunto va mucho más allá de lo cuantitativo.

Hay que ver cómo se ponen los caminos rurales en época de lluvia (totalmente intransitables muchos de ellos) para saber el alcance humano y social de esos coches que continúan transportando sobre rieles a pobladores residentes en zonas tan intrincadas como las del sur chaparrense (en el municipio de Jesús Menéndez), Picane y Guinea Adentro, en Manatí; todo el sur de Amancio Rodríguez, Puerta Prieta en Colombia, Brigada 7 en Majibacoa y otros donde incluso la tracción animal se resiste cuando las lluvias aprietan.

No es ese, sin embargo, el único servicio que aseguran los karatas tuneros. Desde hace décadas, víveres y otros productos de la canasta básica comparten seguro espacio con pasajeros dentro de los coches, rumbo a muchas de las bodegas que conforman la red en áreas rurales.

Tampoco extraña ver sobre ese útil medio de transporte a médicos y a la enfermeros que garantizan atención y cobertura en dichas zonas, al lugareño que es preciso trasladar en medio de la noche o de la madrugada, a la usanza de una “ferroambulancia”, por algún imprevisto que requiera emergente acción, o a viajeros cantando alegremente en dirección a playas como La Jíbara, al norte, en tiempos normales de verano.

SECRETO A VOCES Y MANOS

A esta altura del presente texto, usted, amiga o amigo lector, debe estar pensando en la misma interrogante que he visto a modo de comentario en espacios digitales o que me han hecho no pocas personas, en directo: ¿Cómo Las Tunas ha logrado mantener activos sus karatas?

Para entenderlo habría que dar un pequeño salto al pasado reciente y ubicarse a inicios de este siglo cuando, en medio del reordenamiento que experimentó la industria azucarera cubana, fueron desactivados numerosos centrales azucareros y dejaron de tener uso productivo ramales ferroviarios asociados al quehacer de esa legendaria industria.

No es secreto que en muchas zonas del país rieles y traviesas emprendieron “otros rumbos”.

En lógica combinación de “luces cortas y largas” los tuneros siguieron aferrados a la defensa y uso de sus viejos e incondicionales raíles.

De otro modo hoy no pudieran rodar sobre ellos los 17 karatas o coches motores que conforman el envidiable parque de la provincia.

“Durante todos estos años no hemos renunciado al propósito de mantener 15 funcionando y dos en la reconstructora de ómnibus, donde se les realizan trabajos de reparación general” –explica Luis.

Decirlo lleva segundos o un par de líneas a golpe de teclado. Lograrlo es otra historia, en la que el principal recurso no es el conocido recurso material en sí, sino la perseverancia humana decidida a cualquier cosa… menos rendirse.

Lo saben mecánicos, chapisteros, electricistas, los mismos operadores o maquinistas y hasta delegados de base del Poder Popular, quienes no solo “chillan trenes de rodamiento” cuando sale de circulación un karata, sino que, además, mueven cielo, tierra y traviesas en busca de una solución.

Quienes sostienen de pie y en movimiento esa provechosa experiencia, así como sus beneficiarios directos, deben preguntarse cómo otras zonas del archipiélago perdieron una alternativa así, “viable bajo cualquier circunstancia, entre otras razones por tratarse de un medio de transporte muy práctico, noble y agradecido, que acepta y funciona con lo que tú le pongas” –al decir del propio Luis Cabrera.

Por ello, muchos años atrás, cuando Salvador Sariol Vistorte, entonces presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Manatí, le explicó a Fidel la cantidad de personas beneficiadas allí y las ventajas de mantener activos esos coches, el Comandante indicó, de inmediato, realizar un estudio concreto de cada lugar para no cometer errores.

Cuentan que para algunos (conocedores de la anécdota) Salvador le hizo honor a su nombre y se convirtió en salvador de los karatas. De preguntárselo hoy, seguramente largue una  humilde sonrisa y renuncie al mérito. Lo cierto es que, desde antes y después, esos curiosos medios han sido “la salvación” para miles y miles de personas.


Pastor Batista

 
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