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Publicado el 25 Junio, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

DE RAÚL EN MÍ

Sentido de la vida

Se puede ser mucho más útil y feliz asumiendo lo que se hace como razón de ser y no como un modo o un medio de vida
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Millones de cubanos se han identificado con él durante más de sesenta años, e incluso desde mucho antes (foto GILBERTO RABASSA)

Por PASTOR BATISTA VALDÉS

Muy por encima de todas las falacias que desde niño echó a rodar o puso en órbita el enemigo externo e interno contra Raúl, de él conservo un verdadero montón de enseñanzas que no van a arder junto a la parte material de mi cuerpo o a descomponerse bajo la que muy bien definió Cristóbal Colón como “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”… porque las he ido legando, poco a poco, en herencia, a mis retoños genéticos.

Pienso en esa irrenunciable manía que me ha quedado, de no dormirme, por muy extenuado que me sienta, sin antes repasar y evaluar cuidadosamente lo hecho durante el día y apuntar, en orden cronológicamente priorizado, lo que debo hacer en las próximas 24 horas.

De él me quedará por siempre la certeza de que, si bien los cañones (armas) son fundamentales para garantizar la defensa de este pequeño y a la vez inmenso país, no menos importantes son también los frijoles: en cubanísima alusión al valor estratégico que, bajo cualquier circunstancia, cobra la producción de alimentos, en sentido general.

Imposible no incorporar al torrente sanguíneo personal y al sustrato cerebral la extraordinaria y envidiable capacidad de mi eterno Ministro de las FAR, no solo para sobreponerse a las circunstancias más adversas, sino también para sembrar en quienes le rodean y escuchan esa misma convicción, condensada, para todo tiempo futuro, en tres aleccionadoras palabras: Sí se puede.

De Raúl, por intermedio de quienes mejor lo conocen o del contacto directo –sobre todo durante los años en que la vida me concedió el privilegio de ejercer el periodismo militar– guardo recuerdos de un humor tan espontáneo, criollo, respetuoso y elegante como el que pueda brotar del más jaranero guajiro en la Sierra Maestra o en cualquier otro lugar del archipiélago.

Es una lástima que, 90 calendarios más acá del día en que Lina lo trajo a este mundo, haya quienes no conozcan mucho más acerca de la tremenda sensibilidad humana que lleva dentro, a menudo desprendida y entregada a los demás, en frases, acciones y gestos muy concretos.

Aunque sé que hay cientos, miles, tal vez más elocuentes y estremecedores, como acabado de ocurrir llevo en memoria aquel instante, en la sureña comunidad costera de Guayabal, provincia de Las Tunas, adonde él acudió personalmente tras el azote del huracán Paloma.

Casi a punto de abordar el helicóptero para retornar a la capital cubana, y luego de haber dialogado e infundido su habitual ánimo entre los pobladores del lugar, Denisbel, una niña muy pequeña, lo llama desde el compacto grupo de personas congregadas allí. ¡Cómo no atenderla! “Yo quiero que le lleves un beso a Papá Fidel” –dice segundos después la parvulita, feliz de estar cargada ya en sus brazos. Entonces, tras asegurar que cumpliría tan bella encomienda, Raúl le obsequia una pluma de fuente para que le haga una carta a Fidel cuando ella vaya a la escuela y aprenda a leer y a escribir.

Por esas y por muchísimas razones más (como la proverbial virtud de ir al grano y de llamar cada cosa por su justo nombre o de tener siempre en la palma de mano la oportunidad que no todos ni siempre conceden), millones de cubanos se han identificado con él durante más de sesenta años e incluso desde mucho antes.

Pero la más profunda enseñanza que he asumido de Raúl está asociada a la recomendación o consejo que un buen día nos ofreció, al afirmar que las Fuerzas Armadas Revolucionarias no pueden ser un modo de vida, sino un sentido de la vida.

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Convicción condensada para todo tiempo pre-sente y futuro: “Sí se puede” (foto VERDE OLIVO)

No sé cuántos años han transcurrido desde que escuché o leí esa frase por vez primera. Muchos, sin duda. Tampoco sé cuántas veces más accedí a ella. Con una sola hubiera sido más que suficiente para incorporarla, en lo individual, para sugerírsela a colegas y amigos o para trasladársela en esencia a mi hijo, cada vez que le reiteraba: “Estudia lo que de verdad más te guste, para que ese sea el sentido, la razón de ser de tu vida y no la calculada vía de obtener ingresos; pero sobre todo para que disfrutes lo que hagas, te sientas útil y nunca te pese trabajar cuántas horas sean necesarias en días habituales, feriados o fines de semana…”

Hace poco, conversando con mi compañera de vida, tan o más empedernidamente laboriosa que yo, nos preguntábamos por qué ver como destinatarios o receptores de aquella frase de Raúl únicamente a los combatientes y trabajadores civiles de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

A la luz del momento actual, y de todos los por venir, muy bien nos entalla a médicos, maestros, ingenieros, artistas, deportistas, agropecuarios, periodistas, intelectuales, constructores, transportistas, pescadores, geólogos, trabajadores por cuenta propia, técnicos, especialistas, científicos, dirigentes… interpretar y asumir como un sentido de vida nuestro oficio, profesión o responsabilidad y no verlos como el modo, el medio o la vía para vivir mejor.

Ejemplos acerca de cuán saludable resulta actuar así, hay más allá del ámbito de la defensa, entre surcos, tornos, oficinas, herramientas y también bajo el techo –no importa si de placa, teja criolla, zinc o guano– que cubre a miles de hogares cubanos. Al menos yo, no tengo la menor duda. Sumemos muchos más, en particular sobre terrenos etariamente vírgenes. Tal vez sea el mejor regalo a Raúl, camino a su también muy merecida eternidad.

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 90 cumpleaños de Raúl)

LECCIONES
Sentido de la vida (pdf pág. 58-61)

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Pastor Batista

 
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