0
Publicado el 16 Julio, 2021 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Nuestras calles de Martí y Fidel

Compartir

Nuestras calles de Martí y Fidel/ Montaje de fotos en RD

Cerca de la media noche del martes 27 de enero de 1953, una marea de jóvenes y pueblo, iluminada con antorchas, descendía por la calle San Lázaro para reivindicar la memoria del Apóstol en el año de su centenario bajo un régimen oprobioso. En aquella marcha patriótica estaban quienes, junto a Fidel y Raúl, se entrenaban para asaltar en nombre del pueblo los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, con las ideas de Martí.

Otros antes habían tomado las calles para reclamar libertad, justicia, contra intervenciones yanquis y gobiernos corruptos, entreguistas y dictatoriales en la República neocolonial. Mucha sangre generosa se derramó sobre los mismos adoquines y asfalto, luego también escenarios de las marchas del pueblo combatiente victorioso.

En días recientes, la jefatura imperial de turno, sus operadores de terrorismo mediático, que no reparan en derroche de las más costosas tecnologías, y la escoria mafiosa miamense, pretendieron profanar nuestras calles, con el macabro y nunca engavetado plan Mallory, que Trump revitalizó a máximos extremos, de asfixiar por hambre y enfermedad al pueblo insumiso para provocar su estallido contra el Gobierno revolucionario. Esta vez lo puso en práctica el gobierno republicano de la Florida, con el apoyo de la administración de Biden, como ha sido diáfanamente demostrado en las reiteradas denuncias de Cuba.

Trataron de eclipsar el sostenido y creciente rechazo mundial a la política de bloqueo y sanciones, extremadas, como pinza letal, en medio de los máximos rigores de la pandemia. El reconocimiento internacional al desempeño eficiente y solidario de los cubanos contra la covid-19, dentro y fuera de fronteras, y la virtuosa capacidad de sus científicos para crear vacunas propias, únicas en un país de América Latina. Tampoco por casualidad, cuando se anunciaba una muy demorada definición de la actual administración demócrata en relación con Cuba.

Se lanza entonces la ofensiva anticubana, desde territorio y con financiamiento y medios estadounidenses, apoyada en la ya ensayada eficacia de las redes sociales para crear falsas realidades y seguir el disfrazado esquema bélico vigente de la guerra no convencional. Pero una vez más fracasó.

No hubo aquí el despliegue de las fuerzas represoras antimotines que vemos todos los días en otros lugares, sino pueblo en las calles junto a sus dirigentes revolucionarios. Tampoco lograron estallido social alguno, sino disturbios con lamentables episodios de violencia, vandalismo y ataques a fuerzas de seguridad.  Hechos anticonstitucionales, penados por la ley, ante la que deberán responder sobre todo los principales responsables. Participaron elementos que actuaron conscientemente conforme a designios extranjeros, ciudadanos con antecedentes y actuales conductas delictivas, otras personas insatisfechas, confundidas, y jóvenes, cuya actitud contrasta con las de una mayoría vinculada destacadamente a las principales tareas del país.

Al analizar estos acontecimientos, Díaz-Canel orientó sacar experiencias, para que no puedan repetirse, y llamó a reforzar la unidad, la paz, la concordia, el respeto y los sentimientos de solidaridad, sensibilidad y responsabilidad social, para buscar soluciones entre todos. También, sin ánimo excluyente alguno, nos queda claro que la orden está dada para defender el patrimonio común, porque  nuestras calles de Martí y Fidel, serán siempre de la Patria y su Revolución.

Compartir

Redacción Digital

 
Redacción Digital