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Publicado el 30 Agosto, 2021 por Toni Pradas en Nacionales
 
 

Segundo aviso: aprobado

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Segundo aviso: aprobado.

Foto: W @NHC_Atlantic

Por TONI PRADAS

Casi dos meses después de recibir Cuba a la tormenta tropical Elsa (luego convertida en un huracán a su llegada a la Florida), este 27 de agosto tuvo contacto con el mayor archipiélago antillano un nuevo organismo meteorológico, Ida, nombre mitológico de una ninfa que, junto a sus hermanas Adrastea y Amaltea, crio a Zeus.

Como la griega, que es hija de Océano, la Ida atmosférica brotó días antes sobre las aguas caribeñas y se juró regalarles a los cubanos, como su predecesora Elsa, un fin de semana mojado.

Bien vistas, las dos tormentas no tienen muchas cosas en común. Si la primera sufrió cuantiosas inestabilidades en su organización, la más reciente tuvo un comportamiento más predecible. Pero como si se hubieran repartido los territorios a afectar cada una, Ida eligió la zona más occidental del país, prácticamente olvidada por la tormenta de inicios de julio.

Quizás parezca gentil la naturaleza por no golpear dos veces sobre las mismas víctimas, pero en verdad sabe a malicia pasar precisamente por Pinar del Río, justo cuando sus indicadores de salud están entre los más delicados del país debido a la alta infección por la pandémica covid-19. Elsa, recordemos, incidió en su momento sobre Matanzas, para entonces el territorio más golpeado por la enfermedad viral. ¿Acaso nos estaría poniendo a prueba?

De manera que, una vez más, el peligro meteorológico no fue precisamente lo más temido, sino su conjunción con la urgencia sanitaria. ¿Tendrían capacidades las autoridades y la población para solventar el ultimato sin descuidar la prioridad del momento?

La ida de Ida
Segundo aviso: aprobado.

La entrada de Ida por el sur de Pinar del Río provocó afectaciones en algunas zonas costeras. (Foto: GABDIEL SILVA GONZÁLEZ)

En la tarde del viernes 27, la novena depresión tropical de la actual temporada ciclónica del Atlántico, surgida la víspera, se intensificó y alcanzó la categoría 1 en la escala de graduación perniciosa Saffir-Simpson. Así, se convirtió en el cuarto huracán registrado en la actual temporada ciclónica y, por tanto, obtuvo bautizo certificado.

Minutos después, el cíclope y sus vientos cíclicos entraron en la Isla de la Juventud por Punta del Este, zona donde sus famosas cuevas se consideran la Capilla Sixtina del arte rupestre caribeño por poseer numerosas pictografías aborígenes. Curiosamente, algunos de estos dibujos hacen a algunos investigadores presumir que representan descripciones de ciclones realizadas por los indígenas. La ínsula, se sabe, suele ser escala de muchísimos meteoros.

Sin embargo, hacía 13 años que no recibía un impacto serio. Esta vez se enfrentó –sin consecuencias muy nefastas, aunque quedó por horas casi totalmente sin energía eléctrica por la caída de postes y tendidos– a vientos máximos sostenidos de 120 kilómetros por hora y rachas de hasta 150, mientras se desplazaba Ida hacia el noroeste a poco más de 20 kilómetros por hora.

Desde antes, la Defensa Civil ya había emitido una alarma ciclónica para el municipio especial y su principal polo turístico, Cayo Largo del Sur. También para las provincias de Pinar del Río, Artemisa, La Habana y Mayabeque.

Rápidamente, los Consejos de Defensa locales completaron sus medidas de evacuación de personas y la protección de recursos materiales, a sabiendas de que a medida que el evento natural se acercara a la isla grande, las condiciones del tiempo en esos territorios empeorarían.

Tras salir de la isla de pinos y mármoles por un punto norte de su geografía, aumentó la fuerza del huracán sobre el mar y embistió el sur pinareño, entrando a la isla de Cuba por la playa Cayajigua, en el municipio de Los Palacios.

A diferencia de la Isla de la Juventud, donde no existían pacientes de covid-19, Pinar del Río ese día reportaba nada menos que 872 casos positivos, de los 6 850 que reportó la nación. Con esos truenos, se decidió que las instituciones estatales funcionarían como centros de evacuación de miles de personas y el flujo hacia ellas se haría de forma organizada. En eventos meteorológicos anteriores, más de 80 por ciento de los evacuados en el territorio se refugiaban en casas de amigos y familiares.

La provincia, que desde el huracán Gustav, en 2008, no se enfrentaba a una intimidación importante, tuvo que reactivar sus experiencias para proteger sus recursos económicos, entre ellos más de 36 000 toneladas de tabaco, muchas de estas almacenadas en casas de liviana estructura. Asimismo, en relativamente corto tiempo tuvieron que trasladar 22 000 cabezas de ganado hacia zonas altas. Mientras, seis brigadas quirúrgicas partieron hasta lugares que tradicionalmente se incomunican por inundaciones.

Como un serrucho en un solo sentido y constante, atravesó Ida, diagonalmente, la parte más ancha de la provincia, con vientos máximos sostenidos de 130 kilómetros por hora. Su mayor impacto se sintió más en los municipios del oriente pinareño, Consolación del Sur, Los Palacios, La Palma y Viñales.

Notables acumulados de lluvias y árboles derribados en toda la región fue un resultado destructivo de Ida, que cubrió con sus kilométricos alerones nubosos, prácticamente a toda Cuba. Su efecto más abrumador fue la rotura de los sistemas de transmisión eléctrica, no solo en Pinar, sino también de Artemisa (sobre todo en los municipios expinareños, si bien quedó totalmente a oscuras unas horas la provincia) e, incluso, en circuitos de La Habana.

Tras su salida al mar, ocurrida sobre las 9:30 de la noche por las inmediaciones de Puerto Esperanza –entre los municipios de Viñales y La Palma–, sus bandas de alimentación con chubascos y lluvias continuaron afectando la región occidental de Cuba durante el sábado, disminuyendo, eso sí, en cobertura e intensidad.

Al alejarse sobre el golfo de México, el meteoro daba por concluido su capítulo cubano. Pero no se rendía. Todo lo contrario: prometía fortalecerse al transfundirse lotes de energía contenidos en las cálidas aguas marinas. Y así, convertida Ida tras su ida de Cuba en una tormenta extremadamente peligrosa, entró con furia por el sur de Estados Unidos, como mismo hizo el huracán homónimo de noviembre de 2009.

Solo que esta vez no sería por Alabama, sino por la Luisiana, dejando escalofríos en el cuerpo de solo recordar el poder destructor de su similar de agosto, pero de 2005: el huracán Katrina.

Las pruebas por venir
Segundo aviso: aprobado.

La pronta reversión de los desastres provocados permitirá estar mejor preparados para posibles eventos de mayor poder catastrófico. (Foto: LUIS FELIPE RIVES RUIZ).

Rápida y poco molesta, podría resumirse la aventura de Ida por estos lares. Su incursión, afortunadamente, no dejó saldos negativos humanos.

Aun así, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez llamó a estar “atentos a las secuelas de su paso por Cuba; mostremos la eficacia de la Defensa Civil de un estado que protege a su pueblo”.

Además de los daños ocasionados en el fluido eléctrico –el cual fue restableciéndose con la mayor rapidez posible–, la agricultura sufrió algunos golpes de baja gravedad, con mayores consecuencias en los cultivos de plátano, maíz y yuca.

En otro orden, tanto la Isla de la Juventud como Pinar del Río cuantificaron algunos ligeros daños en su planta habitacional.

Gran cantidad de represas se vieron obligadas a aliviar su contenido. En general, el acervo no era crítico gracias a las amables lluvias previas a la llegada de Ida. Por suerte, diversos eventos meteorológicos ocurridos en la región –y hasta una malhumorada onda tropical, que es una rareza a la altura del país– dejaron abandonas algunas bandas sobre Cuba, favoreciendo el acopio.

Algunos datos resultan elocuentes: En 24 horas, este sistema generó numerosas lluvias en gran parte del país, que solamente fueron aisladas en Santiago de Cuba y Guantánamo. Estas precipitaciones llegaron a ser fuertes e intensas en algunas localidades, con los mayores acumulados por la red de estaciones meteorológicas en Bahía Honda, Artemisa, con 157.1 milímetros; Playa Girón, Matanzas, con 153.4 milímetros; la ciudad de Pinar del Río, con 116.1 milímetros; y Jagüey Grande, Matanzas, con 98.4 milímetros.

Mientras, por la red del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, 29 pluviómetros registraron valores por encima de 100 milímetros y, de ellos, tres por encima de 200 milímetros, con los más significativos de 266.2 milímetros en Pedro Betancourt, y 245.5 milímetros en Torriente, ambos en Matanzas; seguidos de 233.3 milímetros en el embalse Bacunagua, en Pinar del Río.

Sirvió Ida entonces, como mismo Elsa, para afinar las maniobras de resistencia y resiliencia del país ante un ciclón, en medio de una adversidad epidemiológica y, sobre todo, en territorios con mayor vulnerabilidad sanitaria.

A pesar de las buenas calificaciones alcanzadas, las más recias pruebas podrían estar por venir: Estas tormentas recientes no se formaron en la etapa correspondiente a los organismos más destructivos de la temporada. Y aunque Ida coincidió en fecha con el inicio del pico tradicional, son los ciclones de septiembre y principalmente octubre, los más preocupantes.

Para ese mañana, la pandemia estará vigente todavía, aunque se espera que los gráficos de enfermedad hayan cedido su altura y que la mayoría de los cubanos estén vacunados sobre esa fecha.

En cualquier caso, otra vulnerabilidad acompañará a los hipotéticos desastres de octubre: una economía resentida.

Tiene el país que prepararse para escenarios más adversos, previendo variables no experimentadas. No solo para salir victorioso, sino para que no hayan sido en vano los esfuerzos realizados.

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Toni Pradas

 
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