0
Publicado el 6 Agosto, 2021 por Mariana Camejo en Nacionales
 
 

VIOLENCIA DE GÉNERO: sobrevivir al abuso

¿Qué hacer si somos víctimas de violencia sexual o conocemos a alguien que lo fue? ¿A dónde acudir en busca de ayuda?
Compartir
VIOLENCIA DE GÉNERO: sobrevivir al abuso

Ilustración: G.Rei

Por MARIANA CAMEJO

Roxana acostumbraba a salir de su casa a la misma hora: poco antes de las seis de la mañana; todavía con el manto de la oscuridad sobre la ciudad y el rocío. Siempre tomaba el mismo camino de luces y sombras, a buscar la misma guagua para ir al trabajo.

Uno de esos tantos amaneceres, Roxana cerró la puerta de su casa y empezó a caminar entre los edificios. En un tramo oscuro, donde avanzaba a tientas esperando que se dilataran las pupilas, un hombre le salió al paso, le cruzó un cuchillo al cuello, la mandó a desvestirse de la cintura para abajo, se puso un preservativo y la violó. Allí la dejó. Viva, pensó ella; sin saber si regresar a casa o seguir a la guagua. Nadie vio nada. Roxana nunca fue la misma.

Cuando la volví a ver, ya había superado el miedo que la paralizaba cada vez que tocaban su puerta. La ansiedad por cualquier ruido había disminuido, pero seguía poniendo la reja en la casa. Sentía que debía protegerse todo el tiempo.

Si alguien aún se pregunta por qué últimamente se habla tanto de violencia de género, ahí tiene la respuesta: para que historias como la de Roxana dejen de repetirse.

Nos queremos vivas y seguras

La violencia sexual encarna de manera brutal la no autonomía de los seres humanos sobre sus cuerpos y la vulneración de sus derechos; a la seguridad de la persona, por ejemplo, o al mayor estándar posible de salud física y mental. Vivirla –o mejor dicho, sufrirla– es experimentar en carne propia la subordinación impuesta al poder y control. Nadie lo dude, es también una forma de privación de libertad.

No hay que ser versado en nuevas tecnologías para hacer una simple búsqueda en Google sobre el tema y hallar, una y otra vez, estadísticas preocupantes: una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja o expareja. Se dice fácil pero no lo es.

VIOLENCIA DE GÉNERO: sobrevivir al abuso.

Postales: G.Rei

Algunas formas de agresión son más visibles o identificables como la que inicia este texto, pero otras no, porque no incluyen dominación física sobre los cuerpos o porque se han convertido en cotidianas, en lo socialmente aceptado que se instaura en el espacio más privado de nuestras vidas: en las cocinas, en los baños y en las camas.

Estoy segura de que los lectores coincidirían conmigo en la importancia de trabajar la violencia de género desde la prevención. Eso incluye hablar del tema con los miembros de la familia, sobre todo mujeres, niñas –y niños, por qué no–; y no solo pensarlo desde el hogar, sino también desde las escuelas y los medios de prensa. Incluye desaprender hábitos, cuestionar creencias y educar en relaciones no tóxicas, entre iguales y sin violencias.

Aunque el caso de Roxana pueda parecer “común”, lo cierto es que la violencia sexual (sobre todo hacia niñas y niños) es ejercida por un adulto cercano al entorno familiar o perteneciente a él. Saber cómo actuar cuando esto ocurre debe convertirse en conocimiento compartido y ampliamente socializado.

Con esa pregunta me acerqué a Lilian Rosa Burgos, psicóloga e investigadora feminista, especialista en Psicología Clínica, colaboradora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Su primera recomendación para quienes conozcan a alguien que haya sido víctima de cualquier tipo de violencia de género es que crean en su testimonio, que no le juzguen ni responsabilicen por los hechos. “Cuando una persona sufre violencias, puede llegar a sentirse muy vulnerable. La violencia, de cualquier tipo, tiene un impacto notable en la psiquis. Es importante sentir que las personas cercanas afectivamente nos apoyan y están con nosotros en un momento tan difícil”.

Con énfasis, Rosa Burgos remarca la importancia de facilitar que la persona agredida reciba atención médica y psicológica de inmediato, así como orientación legal.

Menciona aquí un punto clave de la recuperación de las víctimas, porque buscar justicia en el terreno jurídico se entronca directamente con la restitución de derechos que merecen y necesitan las violentadas. Si bien la ayuda psicológica es primordial para recibir un acompañamiento efectivo del proceso –dirigido al empoderamiento de la víctima y a la reelaboración del efecto psicológico de la situación traumática– el asesoramiento legal es imprescindible.

Un proceso jurídico para sanar

Ginett del Solar, abogada penalista con experiencia en el área, explica que a partir de que se hace la denuncia se pone en funcionamiento la maquinaria de instrucción para la investigación. “Desde el punto de vista técnico, para nosotros como juristas, mientras más tiempo transcurra entre el hecho y la formulación de la denuncia, más evidencias irán desapareciendo”.

Aunque se han dado casos en los que el hecho aconteció hace años, sostiene ella, igual se ha radicado la denuncia, se ha investigado e incluso se ha sancionado al presunto culpable del hecho. Pero señala la necesidad de prontitud para formular la denuncia porque mientras más cerca esté del hecho, más elementos físicos van a estar presentes en la víctima.

VIOLENCIA DE GÉNERO: sobrevivir al abuso.

Postal: G.Rei

“Sobre todo porque estamos hablando de delitos de soledad, o sea, por lo general, no hay testigos de una violación. Entonces a la instrucción se le hace más complicado demostrar que los hechos acontecieron tal y como la víctima lo relata; o quizá no fue exactamente como se narra, pero sí se trató de una violación. Esa es la importancia de la prontitud”.

La abogada comenta que en varios casos, el certificado de Medicina Legal afirma no identificar huellas que puedan acreditar la existencia de una violación; sin embargo, continúa el proceso, llega al tribunal y se sanciona al agresor porque se encuentran otros elementos de convicción que, según el fundamento del tribunal, los hace razonar que la persona ha de ser responsable.

Esto se debe a que en el proceso penal cubano no existe prueba tasada –cuando es la Ley la que establece o prefija la eficacia de cada prueba para crear convicción en el juez–; por tanto, este certifico no tiene un valor superior. Se valora todo en conjunto y pueden encontrarse otros factores que demuestren que sí hubo una violación.

Sin embargo, el proceso penal puede tardar varios meses y el acompañamiento psicológico debe procurarse lo más rápido posible. ¿Desde qué presupuestos se trabaja esa ayuda? Rosa Burgos lo explica como un camino a recorrer: el proceso terapéutico debe ir conduciendo a que esta persona primeramente se reconozca como víctima de una situación de violencia, con todas las implicaciones y responsabilidades asociadas y, luego, pueda ir convirtiéndose en una superviviente: una mujer que ha construido sus resiliencias y fortalezas en función de lograr su bienestar integral.

“El trabajo de exploración, diagnóstico, evaluación y tratamiento psicológico de una mujer violentada se sostiene desde el interés superior de la persona afectada, pero en algunos casos debe ser capaz de trascenderlo. Por ejemplo, en aquellos casos en que la persona no está convencida de hacer la denuncia, no ha podido romper el ciclo de violencia con su agresor y es necesario trabajar en función de que comprenda que su vida corre peligro y que esas violencias pueden seguir perpetuándose e intensificándose, si la ley no funge como barrera de detención a estas agresiones”.

Según Lilian Rosa, la psicóloga, la acción profesional en casos de violencia sexual es variable. En dependencia del tiempo de sometimiento a tales violencias y abusos, la magnitud de los hechos, las secuelas físicas, el tipo de vínculo sostenido con la persona agresora y otros factores de consideración, se podrán implementar los recursos terapéuticos. “En ocasiones, además de la atención psicoterapéutica, las víctimas necesitan atención sexológica para atender algunos malestares sexuales que pueden resultar de la agresión”.

No hay recorrido fácil o sencillo para pasar de víctima a superviviente y asumirse como tal, mas sí existe la posibilidad de transitarlo con la ayuda especializada. Roxana sabe lo que implica ese proceso, ella que encarna el ejemplo como tantas otras mujeres que lograron superar el miedo y el momento de profunda vulnerabilidad. Si un mensaje nos transmite sus experiencias es que hay vida más allá de las violencias, pero nos debe seguir moviendo el ideal de un mundo sin ellas.

Compartir

Mariana Camejo

 
Mariana Camejo