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Publicado el 8 Septiembre, 2021 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

En pandemia algunos prefieren casarse

La llegada del nuevo coronavirus condujo al aplazamiento de más de un proyecto de vida, incluido el de celebrar nupcias, aunque muchos decidieron hacerlas a pesar de todo
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COVID-19: algunos prefieren casarse.

El vestido inglés. (Foto: DAVID PARRY/La Vanguardia).

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ y LISET GARCÍA

Cuando en julio pasado, la modelo Jemima Hambro paseó con su llamativo vestido de novia por el Puente del Milenio y los exteriores de la catedral londinense de San Pablo, muchos transeúntes se sorprendieron. Se trataba nada más y nada menos que de un atuendo elaborado -con 1 500 mascarillas quirúrgicas recicladas- por el diseñador Tom Silverwood, según informó el sitio web de Hitched, empresa organizadora de bodas que encargó el traje.

Fue esa la forma especial en que quisieron agasajar en Reino Unido la celebración de bodas sin tantas restricciones. Más allá del impacto mediático causado por la original creación, el traje quedará en la historia de la alta costura como recuerdo de un momento complejo de la humanidad, obligada a readaptar hábitos y costumbres para sobrevivir ante la virulencia de la covid-19.

Con diversas formas y tradiciones, la ceremonia nupcial parece ser un momento único para la mayoría de las parejas. Sin embargo, la llegada del nuevo coronavirus llevó a que muchas aplazaran sus proyectos o decidieran arriesgarse a realizar la unión, y someterse a las medidas sanitarias impuestas en cada nación.

Mascarillas de por medio, escasos invitados, distanciamiento físico y uso de gel para las manos han estado más de moda que los propios cocteles o tirar puñados de arroz, esa milenaria práctica que simboliza fertilidad, abundancia y augurios de prosperidad.

En Reino Unido, como en otras naciones, el coronavirus obligó a dilatar la llegada del gran día. Pero, a mediados de 2021, la desescalada de las medidas llevó al aumento en la actividad nupcial, en la modalidad de las llamadas micro bodas, con ceremonias más pequeñas e íntimas.

Según la revista Drapers, en 2020 el gasto en este sector disminuyó 85 por ciento respecto a 2019. En el actual año las búsquedas en Internet relacionadas con ropa para bodas aumentaron 44 por ciento y se reprogramaron nuevas fechas entre abril y agosto.

En España, de acuerdo con datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, en 2020 decrecieron los casorios en 60,8 por ciento en relación con el año anterior. Ante el virulento panorama, los más cautelosos prefirieron esperar al año 2022 o 2023 para no verse obligados a acatar tantas prohibiciones. No obstante, pese a los riesgos, gran número de españoles realizó sus festejos.

Cuba tampoco ha estado al margen del impacto de esa enfermedad, en cuanto a matrimonios se refiere. Estadísticas del Ministerio de Justicia dan cuenta que en 2018 se celebraron en el país más de 64 000 nupcias y el año siguiente fueron unas 65 000.

A pesar de la pandemia, las restricciones sanitarias y la limitación de esos servicios en notarías, palacios y registros civiles, en 2020 se formalizaron unas 39 000 parejas, casi un tercio de las realizadas el año anterior. Sin embargo, en los primeros meses de 2021 la cifra ronda ya las 22 000, un crecimiento que demuestra la decisión de quienes no están dispuestos a esperar.

Boda dividida en dos
COVID-19: algunos prefieren casarse.

Aylén Pérez y Roger Trasancos primero se hicieron las fotos y tres meses después se casaron y se comieron los dulces. (Foto: CHAVELA TORRES).

Desde finales de 2019, Aylén Pérez Charbonier y Roger Trasancos Torres habían fijado su boda para el 13 de abril siguiente, por lo que exactamente un mes antes –el 13 de marzo– dieron la primera firma en el habanero Palacio de Matrimonios de Playa.

Previamente tenían separado turno para una sesión de fotos, señalada para el 29 de marzo, fecha en que ya sonaban las primeras alarmas por la aparición de la covid-19 en Cuba. Obedecer las restricciones sanitarias era la opción si querían atesorar esas imágenes. Todavía el nasobuco no era tan habitual como parte del vestuario; sin embargo, no les faltó porque con rapidez los confeccionó Chavela Torres Jiménez, artesana de profesión y madre del novio.

Pronto recibieron el aviso de que el acto nupcial previsto para el 13 de abril no se celebraría, ante el cierre de los servicios. O sea, estaban casados a medias, pero comprendieron que en cuanto las condiciones sanitarias lo facilitaran consumarían el matrimonio.

Una semana antes del 13 de julio los llamó la notaria, quien les previno de que debían presentarse ese día sin acompañantes. Así lo hicieron. Mas, sin los dos testigos, el acto jurídico no podría concretarse. Una persona que pasaba por allí y el bodeguero de la esquina estamparon su firma para que estos jóvenes vieran los cielos abiertos y pudieran decir “por fin estamos casados”.

Con mascarilla espero…

También, a finales de 2019, Elaine González Pírez y Mauricio Chala González tenían casi todo coordinado para su boda. “Faltaba comprar alguna bebida y el buffet para los invitados, y la decisión fue posponerla”. Acordaron casarse en abril de 2020, sin saber “lo que nos iba a deparar la vida”, expresó ella a BOHEMIA.

“Cuando en La Habana empezaron los primeros casos, mi novioy yo nos preocupamos, pues todo lo coordinado para la celebración se desbarataba. Comenzaron las medidas de restricción para evitar la covid y no fue hasta diciembre de 2020 que intentamos retomar los planes, pero nuevamente decidimos esperar pensando que las cosas iban a mejorar”.

Habían soñado efectuar la ceremonia en un local con una bonita decoración, con casi toda la familia presente, así como los amigos más cercanos. Y hacer una fiesta en la que todos se divirtieran.

COVID-19: algunos prefieren casarse.

Luego de aplazar tres veces la boda, Elaine González y Mauricio Chala no quisieron seguirlo dejando para después. (Foto: HERIBERTO GONZÁLEZ BRITO).

Con el inicio de 2021, al ver que la situación no había cambiado, sino que empeoró, los jóvenes decidieron no esperar más. “Realmente era yo la que no quería esperar. Él hubiera preferido muchos invitados. Conversamos y llegamos a la conclusión de no dar más largas por algo que no estaba al alcance de nuestras manos. Este virus terrible parece no tener fin”.

Y así fue que el 11 de junio contrajeron matrimonio en el Bufete de 15 y 10, en el Vedado, en azarosa y agobiante jornada de espera y contratiempos. La joven afirma que no abandonaron allí mismo su propósito porque era un sueño largamente acariciado.

Persistieron aunque se privaron de comodidades y de la presencia de seres queridos. “No pudieron estar personas importantes para mí como mi hermano y mi amiga del alma, y eso me dio una infinita tristeza. Cuando uno piensa en casarse (al menos yo) imagina algo bonito y poder pasar un buen rato”, dijo Elaine.

Como anillo al dedo

El pasado año, Daniela Tellería Otero y Alexander Cruz Vargas comenzaron a hablar sobre oficializar su relación. Querían una ceremonia en el Palacio de los Matrimonios, con un traje de novia bonito, junto a los padres y amigos.

“Iniciamos los preparativos”, comentó Daniela. “Cuando lo teníamos todo listo comenzó la pesadilla, el cierre de muchas actividades, y tuvimos que posponer la boda”. Alexander opinó que aun así querían unirse. “Le dije: nos casamos de todas, todas. Previmos que fuera el 6 de agosto de 2020.

“Contactamos de nuevo con quienes habíamos encargado antes el buffet, el traje de novia, el ramo de flores y otras cosas más. Cambiamos la idea inicial y optamos por un brindis pequeño, como una reunión familiar, con pocos invitados, en un lugar al aire libre y todas las medidas higiénico-sanitarias exigidas. Nos casamos el día previsto en el palacio habanero de Mayía Rodríguez, pero solamente pudieron estar allí nuestros padres y los testigos”.

COVID-19: algunos prefieren casarse.

Daniela Tellería y Alexander Cruz siempre anhelaron una boda en un amplio salón. (Foto: Cortesía de los entrevistados).

Uno de los momentos más agradables de la luna de miel en un hotel de Varadero, recordó Alexander, fue que “nos hicieron una cena romántica. Regresamos un lunes y ese día habían anunciado el cierre del acceso a La Habana. Entonces, maravillado, le comenté a mi esposa: Nos casamos en el momento justo”.

¿Amor con fecha de caducidad?

Cuando José López Martínez tuvo tiempo para pensar un poco en sí mismo y pronunció por primera vez una frase que jamás pasó por su cabeza: “soy un hombre viudo”, dejó atrás la idea de que el techo se le vendría encima. Tras más de cinco décadas de matrimonio, y de asumir la larga enfermedad de la esposa, a quien mimó y cuidó con paciencia de budista, decidió aceptar su nueva condición con otro estado de ánimo.

Confiesa que estar solo nunca fue una opción para su vida y, aunque no se casó en pleno verdor de su mocedad, desde que vio el rostro apacible de la que fuera su cónyuge, luego madre de sus dos hijos, se trazó la meta de conquistarla… hasta que le dio el sí que abrió el camino a una unión que ambos creyeron eterna.

Pero a los 81 años de edad, cuando sobran muchas cosas menos tiempo, volvió a aferrarse a la fe cristiana que le ha aportado herramientas para entrenar la voluntad de esperar, sin desesperarse, y tras meditarlo bien, se enfrentó a un papel en blanco y anotó los nombres de unas 30 viudas conocidas, con “el propósito de animarnos, llamarnos por teléfono, tenernos presentes en los cumpleaños”, afirmó López.

Entre ellas estaba Mery Tejeda Moreno, una “pepilla” de 66 años que podría ocupar sitio en su corazón desierto. Decidido volvió a la liza en busca de otro sí. La suerte estaba echada y ni siquiera el azote del virus, que muestra picos sin precedentes en el país, iba a inhibirlo de ir más allá.

COVID-19: algunos prefieren casarse.

José y Mery tienen planes de amarse mucho y tejer los cuidados que ambos necesitan. (Foto: JORGE LUIS SANCHEZ RIVERA).

“Fui a verla varias veces. La paz, tranquilidad y sonrisa que manifestaba en todo momento me resultaban sorprendentes. Me hicieron un gran bien que se transformó en admiración y en el andar de los meses en un mutuo atractivo… hasta que finalmente iniciamos un noviazgo” con la idea de recomponer sus vidas, un derecho que ambos estuvieron de acuerdo en defender.

Para su agrado, fue inmediata la anuencia de hermanos, hijos, nietos y sobrinos respectivos. “Mamá, qué bueno. ¡Al fin!”, dijo una de las hijas de Mery. “Veo lo que me cuentas como la respuesta a mi oración y doy gracias a Dios que sea con Mery. Les deseo muchas felicidades y bendiciones”, escribió a José uno de sus hijos.

Amor en tiempos de Covid

Para ellos había llegado el momento de madurar la idea de casarse, un acto que muchos en Cuba declinan por creer que “firmar un papel” es innecesario. Hoy son varias las parejas que apuestan por las uniones consensuales, o sea, el matrimonio no formalizado.

Contra esa considerable tendencia se afilian unos cuantos enamorados que aun en pandemia han insistido en su voluntad de unirse legalmente. Tanto lo añoraron los jóvenes médicos Marcos Iraola Luques y Laura Durañona Álvarez que decidieron hacer una boda de mentirita en el patio de su casa, “oficiado” por una jurista jubilada, frente a dos testigos y algunos familiares, suceso que consta en un acta guardada para las memorias de la pareja.

Otros, como Manuel Otero León y su novia Yeleny Utra Gómez, o Sergio Miguel Alonso e Isabel Rodríguez García, prefieren aguardar que la tormenta pase pues aspiran a “tirar la casa por la ventana” y celebrar su alianza en un salón lleno de gente alegre.

En tiempos de covid-19 es obvio que casarse ha sido una meta poco fácil de llevar a cabo, pues la mayoría de las notarías y otras instituciones donde se brindan esos servicios están cerradas o laboran para un mínimo de prestaciones insoslayables.

Tales obstáculos no existen para José y Mery porque consideran que el matrimonio es sagrado y, si amarse es la esencia de una unión, es importante que sea auténtico, con todas las de la ley. Otros como ellos creen en la efectividad de contraer nupcias porque aprecian que es un vínculo más estable y seguro, con efectos jurídicos que suponen derechos y deberes de y para las personas.

Este 9 de agosto, en acto legal conducido por la notaria Alena Barbier, cumplieron su deseo. Ahora sus días transcurren “en silencio como dos viejos esposos escaldados por la vida, más allá de las trampas de la pasión…” cual si fueran Fermina Daza y Florentino Ariza, personajes garcíamarquianos de El amor en los tiempos del cólera. Como todos los que deciden estar juntos ellos “fueron sin más vueltas al grano del amor”, que es así “en cualquier tiempo y en cualquier parte”.

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Liset García Rodríguez

 
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