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Publicado el 26 Septiembre, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Los samuráis de la carretera

Tal vez, por su cotidianidad, miles de conductores y pasajeros les pasen por el lado, sin percatarse de que al vaivén de sus guadañas van dejando no solo un entorno más limpio y atractivo, sino también mayor seguridad para la vida de quienes transitan por nuestras carreteras
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Los samuráis de la carretera.

Como Julio… muchísimos ahí, de enero a diciembre, a ambos lados de la carretera.

Texto y foto PASTOR BATISTA VALDÉS

Dejan tan desagradable impresión esas vías a cuya vera la yerba remonta altura de rodilla, de cintura y a veces hasta un poco más arriba…

Recuerdo que en los años más difíciles del Período Especial (primeros de la década de 1990), esa indeseable pero además muy peligrosa imagen ensombreció a prolongados tramos de la carretera central que une a todas las provincias. Y ni hablar de los ramales que se desgajan hacia los municipios.

En época de vacas gordas (entiéndase, de bonanza económica) resultaba común hallar tractores con el sistema de chapeadora instalado, dejando sin tobillo cuanta yerba o arbusto pretendiera colonizar esas áreas laterales.

La limitación de recursos, acentuada en las últimas décadas, ha obligado, sin embargo, a poner en práctica una alternativa tal vez un poco más primitiva o rudimentaria, pero no menos efectiva: la chapea a mano.

Machetes primero y una suerte de guadaña criolla, después, en busca de mayor comodidad para el obrero e incremento de su productividad, convirtieron a muchos hombres en verdaderos “samuráis” a lo cubano.

Con el perdón de otros territorios (donde hasta puede estar mejor organizada y atendida esa valiosa fuerza de trabajo) Las Tunas suele provocarme una especie de “admiración en silencio desde la marcha”.

Lo experimenté, una vez más, durante un reciente viaje al oriente del país.

Desgranados por la carretera, decenas de obreros, guadaña en mano, aprovechaban las primeras horas de la mañana para adelantar esa ardua faena.

“Es que con la fresca se avanza mucho más; dentro de un rato el sol se pone molesto y ya no trabajas igual” –me dice Julio Reina Verdecia, mientras se rastrilla con el dedo índice de la mano derecha el sudor que empieza a bañarle la frente.

Sabe que del resultado de su trabajo dependen, cada mes, el sustento básico familiar y la posibilidad de satisfacer al menos una parte de las siempre abundantes necesidades que genera un hogar.

Pero sucede que el vaivén del criollo instrumento cortante va dejando algo más, va modelando una imagen distinta, más hermosa de la vía. Y, sobre todo, va dejando una mejor visibilidad para los conductores, un entorno mucho más despejado y mayor seguridad para la vida de quienes viajan a bordo de cientos y miles de medios de transporte hacia el oriente cubano o en dirección contraria.

Atentos al volante, al vehículo que viene de frente, al que se empeña en adelantarnos, inmersos en recuerdos, escuchando música o pensando en lo que nos aguarda al final del viaje, muchas veces no vemos el valor práctico, real, de la contribución que en silencio realizan esos hombres, para quienes Bohemia siempre tendrá un espacio y suficiente sensibilidad para trasladarlos de la vera del camino donde laboran a la céntrica mirada de nuestros lectores.

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