0
Publicado el 10 Septiembre, 2021 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

Más allá de la espuma de ESPUmás

La Federación de Mujeres Cubanas en su afán de impulsar nuevos empleos para su membresía auspicia un modo diferente de asumir un oficio milenario con cara femenina, que aporta utilidades personales y colectivas
Compartir

Más allá de la espuma de ESPUmás.

Texto y fotos: LISET GARCÍA

Cuando Josué Villalón Viera supo a lo que empezaría a dedicarse su vecina, vio los cielos abiertos. A sus 24 años, y desde que vive solo con su padre, quien es chofer de un auto fúnebre, no sabía cómo arreglárselas para emprender los quehaceres hogareños. El joven trabaja de madrugada en una entidad de correos ordenando bultos postales, y la realidad es que “cuando llego a la casa lo que quiero es acostarme a dormir”.

Su vecina, Delvis Utria Utria y su hermana Arisnelvis, decidieron asumir un negocio familiar, gracias a una iniciativa de la Federación de Mujeres de Cuba (FMC). Sin varita mágica se convirtieron en hadas madrinas para él y su papá, y también para otros en su barrio habanero de Poey, en Arroyo Naranjo, carente de lavanderías o los llamados lavatines, un servicio público que poco a poco fue decayendo en el país.

Ellas, desde entonces, socorren a no pocos que necesitan lavar sus ropas. Desde que iniciaron su labor el 30 de diciembre pasado, luego de optar por el Proyecto ESPUmás, entendieron que su misión va más allá de la espuma, el detergente y las lavadoras que pusieron a su disposición en calidad de arrendamiento.

Ahora son trabajadoras por cuenta propia, obtienen ingresos por lo que hacen en la terraza de su casa, y al propio tiempo, se dedican a atender a su familia, por cuyos problemas de salud están impedidas de ir a un centro laboral.

Olor a ropa recién lavada

Más allá de la espuma de ESPUmás.

Durante la recepción de la ropa, se separan las prendas según colores, tipo y suciedad, para un lavado individual y con garantía de calidad.

Para mujeres emprendedoras como Delvis y su hermana no existen obstáculos. Otras como ellas han decidido dedicarse a ese trabajo que desde que el mundo es mundo tiene cara de mujer, pero ahora cobra otro sentido al aportar ganancias personales y colectivas.

Mirando a Delvis, el joven Josué confiesa que entiende cuando su mamá le decía que se cansaba de lavar ropa, y sin parar continuaba con las demás labores cotidianas de la casa. Con su mochila a la espalda donde trae su ropa sucia, se declara incapaz de ocuparse del lavado, y mucho menos echarse encima la del papá, quien llega con la ropa más que sudada, y a esa hora la cocina les espera a ambos. Ahora, haciendo “trabajos de mujer”, puede comprender el sacrificio de ella y del padre.

Mientras escucha las vivencias y pareceres de él, Delvis acomoda lo que le trajo, lo anota en una libreta, echa a andar una de las lavadoras, vierte la medida de detergente de acuerdo con la cantidad de piezas, y ¡a lavar!

Al rato, saca un pulóver y lo pasa por sus puños para aflojar cierto churre que pretende ser imborrable, pero ella no tolera tal resistencia. Luego va a la cesta a ordenar otro grupo de prendas recién recogidas de la tendedera con suave olor a limpio, para cuando las vengan a recoger.

Además, atiende el teléfono, va a la cocina a revisar los frijoles que puso en el fogón, brinda un poco de café al equipo de Bohemia, y se comunica a voces con la vecina del lado y con alguien que pasa por la acera. Les cuenta del hijo que tiene fiebre y una infección por la que casi no pudieron dormir. Ella no es una mujer orquesta, pero se le parece. Y sin intención de dar lecciones, le muestra a Josué que no hay razón para ahogarse en un vaso de agua.

Empleo femenino en la mira de Cuba

Más allá de la espuma de ESPUmás.

Quienes son parte del Proyecto ESPUmás reciben trimestralmente 60 litros de detergente por un precio de 1080 pesos, que según las beneficiadas rinde bien, hace espuma y tiene olor suave y agradable.

En el país hay unas 87 mujeres que lograron empleo gracias a este proyecto. Antes de que termine el presente año serán 100. Hay más de 400 esperando por esa oportunidad. Por estar al cuidado de familiares con enfermedades crónicas no pueden ausentarse de sus casas.

La experiencia de quienes se sumaron a esta modalidad de trabajo dice que les reporta ingresos que ayudan al sostén familiar. No cobran precios excesivos a sus clientes, pero recibir ganancias de un oficio que todas sus vidas hicieron gratis, es un acierto que agradecen a la FMC.

Fue a raíz del X Congreso de esa organización, en marzo de 2019, que se halló esta solución. Las delegadas demandaron otras fuentes de empleo para quienes no pueden incorporarse a un centro laboral. Explica Anierka Fernández del Monte, miembro del secretariado nacional de la FMC, a cargo de la promoción de la mujer y atención a la familia, que también como parte del Programa gubernamental de Adelanto de la Mujer, se buscan otras alternativas.

“ESPUmás va a seguir y crecerá porque hay mujeres necesitadas, hay lavadoras y detergente para cubrir un año. Si se garantizaran más insumos, serán más las que encuentren empleo mediante este proyecto, surgido en coordinación con el Ministerio de Comercio y su Empresa Industrial de Equipos y Servicios Asociados, la cual arrienda las lavadoras automáticas o semiautomáticas”, explica Anierka.

El arrendamiento de cada lavadora les cuesta a las beneficiadas 750 pesos mensuales, y reciben trimestralmente 60 litros de detergente líquido de alta calidad, por 1080 pesos. A cada una se le garantiza la reparación o el cambio del equipo si tuviera algún desperfecto.

Una mano lava la otra…

Más allá de la espuma de ESPUmás.

No hay nada mejor que secar ropa al sol y al aire que llega a esta azotea, aunque la ropa oscura Delvis la tiende bajo techo para que no se decolore.

Este proyecto impulsado por la FMC, responsable de identificar a las mujeres con condiciones, sobre todo con espacio en su hogar, no solo es una vía para el beneficio de ellas, sino también para las personas vulnerables del barrio.

Abundan los ancianos solos, personas impedidas de hacer estas labores, o para los que trabajan y les escasea el tiempo. También, quienes prefieren pagar por este servicio y ahorrarse las colas de las tiendas para comprar detergente. Y peor, no tener que acudir al mercado negro donde venden ese producto a precios exorbitantes.

La jubilada Gabriela Sánchez Sánchez desde que supo que las hermanas Utria prestarían esta asistencia no ha sufrido más incomodidades a la hora del lavatín. Con su debilidad visual y el poco espacio para lavar y tender, las recibió con los brazos abiertos. “Es un proyecto muy bien pensado”, asegura.

“Ni tengo que salir de la casa. Basta una llamada telefónica, y enseguida viene una de ellas. Estoy contenta porque la ropa queda olorosa y limpia. Y las sábanas, ni hablar, con el sol que les da en la azotea de su casa quedan blanquitas como el coco. Mi hija, que vive en La Habana Vieja, desearía tenerlas cerca porque trabaja y no tiene tiempo, ni tampoco agua suficiente”, agrega esta clienta complacida.

La pregunta de si les sale barato o caro, y si es provechoso para quienes lo realizan tiene varias respuestas. Los que han usado ese servicio, se mantienen como clientes fijos a sabiendas de que han resuelto un problema de su cotidianidad, razón por la que pagan a gusto por un trabajo bien hecho. Y saben que su ropa está en buenas manos.

Más allá de la espuma de ESPUmás.

Hay churres que merecen palos, como se hace en Baracoa, de donde son oriundas Delvis Utria y su hermana.

“No me he convertido en millonaria” –responde rápido Delvis Utria–, “pero mi economía respira ahora mejor que nunca. He estado dispuesta lo mismo a hacer labores de peluquería que la de agente de telecomunicaciones, o lavandera del barrio, y en general simultaneo las tres cosas. Cobro según la complejidad de las piezas y de las personas. A algunos a veces ni los cobro, o les cobro menos. Lo cierto es que he encontrado en este oficio una razón para mi bienestar y el de mi familia, y recibir la gratitud de muchas personas”.

Más allá de la espuma de ESPUmás.

Gabriela Sánchez vive a solo dos cuadras de la lavandería y solo tiene que llamar por teléfono para recibir el servicio, que también a otros del barrio se les presta sin tener que salir de sus casas.

Compartir

Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez