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Publicado el 27 Septiembre, 2021 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial

Termómetro para el consenso

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Trabajo social comunitario en Alamar

Foto en http://multilogocomunitario.blogspot.com/

Hay muchos modos de tomarle el pulso a una sociedad. El abanico de opiniones que diversos segmentos de población han expresado en los encuentros propiciados personalmente por el presidente de la República, y también primer secretario del Partido Comunista de Cuba, es apenas una muestra de lo que debería ser el diálogo constante entre la gente y sus autoridades.

Un movimiento nacional de atención a dificultades acumuladas en barrios, donde la Revolución de oportunidades para todos ha chocado con diversos obstáculos, se ha desatado a partir de esos encuentros y los recorridos encabezados por el propio presidente, los ministros y otros altos directivos gubernamentales y partidistas por esas comunidades, en franca desventaja social.

Si algo sobresale en ese diálogo fluido es la gratitud de sus participantes por la posibilidad de ser escuchados. Y los pobladores de esos sitios, enseguida dispuestos a regalar a sus dirigentes una bienvenida con sabor a humildad, muestran que gente estimulada con un poco de amor entrega su laboriosidad en función de ver renacer transformaciones necesarias, que el tiempo y la desidia dejaron para después.

Es un capital político con que cuenta hoy la Revolución, que ratifica la voluntad de seguirla defendiendo por el deseo popular de mantener vigentes sus mejores valores, aprehendidos durante más de seis décadas, venidos de una esencial raigambre histórica de siglos de heroísmo de sus hijos e hijas.

La participación de la ciudadanía en la solución de sus problemas y cómo propiciar que fluya cual si fuera agua de maniantal, ha sido una constante del devenir revolucionario, y, a la vez, su sostén. Es la mayoría, es el consenso, las únicas estrategias con sello y garantía de futuro para un proyecto como el asumido por Cuba.

Por eso ahí radica uno de los  desafíos a los que la dirección del país ha puesto atención a partir de impulsar el diálogo sistemático con la ciudadanía, en primer lugar exigiendo a todos los responsabilizados que encaminen las soluciones que a cada uno les atañe, e incluso hacer un poco más.

El llamado abarca también a la vanguardia del Partido, cuyos núcleos no solo deben poner oído a las preocupaciones de su entorno laboral, sino discutir las insatisfacciones y propiciar que se encamine el mejor modo de sortearlas.

La militancia, también en sus comunidades tienen un rol, que debería ser más activo de lo que ha sido hasta ahora, tomando a las organizaciones de masas como vehículo para demandar soluciones colectivas, lo cual no es posible si los revolucionarios no son los primeros en movilizarse en función del bienestar de todos.

Si alguien tramita una queja ante una oficina del gobierno o del Partido y es remitida al mismo lugar donde nunca recibió atención ni encontró quien lo escuchara, empieza a lacerarse la credibilidad de la entidad en cuestión, falla el mecanismo que debería estar dispuesto para defender el derecho de las personas, y peor aún ellas quedan a merced del olvido y la exclusión, palabras que no deberían existir en el diccionario de las revoluciones.

La autocrítica que el sistema del Poder Popular se ha hecho casi desde su inicio en 1976, ha dado lugar a su sistemático perfeccionamiento. Las adecuaciones llevadas a cabo, e incluso las normas aprobadas en estos años y su actualización en la más reciente Constitución de la República, cumpliendo acuerdos de los congresos del Partido, conduce a tener en cuenta mejor la heterogeneidad de la sociedad cubana y se propicie avanzar en un ejercicio real de gobierno, cara a cara con la gente.

En ese sistema una clave son las rendiciones de cuenta de los delegados del Poder Popular, suspendidas por la pandemia, las que deberían retornar para tomarle el pulso a la sociedad. Es hora de seguir buscando otras vías para la transformación virtuosa de la realidad, como aseguró el presidente Miguel Díaz-Canel en su visita al barrio del Fanguito, porque es sabido que a una obra hecha hay seguirle poniendo corazón para que sea perdurable y ganen todos.

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Redacción Digital

 
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