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Publicado el 12 Octubre, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

CAMAGÜEY: los del Taller del chucho 52 buscan soluciones

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CAMAGÜEY: los del Taller del chucho 52 buscan la solución.

Félix, al duro y sin guante contra las adversidades.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Félix Pina Rodríguez, mecánico de trucks y Carlos Hernández Pérez, pailero o reparador de estructuras de metales, miran el estado en que se encuentra el coche y lamentan dos cosas. Primero que la indolencia social remonte tales niveles. Y segundo: no disponer de todos los recursos necesarios para poder entregarlo en condiciones mucho mejores.

Ambos forman parte de la pequeña tropa (unos 13 hombres) del llamado Taller del chucho 52, que desde finales de septiembre afincan rodilla en tierra para darles un vuelco a los 18 coches con que cuenta la provincia de Camagüey, necesarios para la transportación de pasajeros hacia destinos como Nuevitas, en el extremo norte, y Santa Cruz del Sur.

“Durante cinco meses no pudimos hacer prácticamente nada, por déficit de recursos, oxígeno sobre todo” –explica Johan Rodríguez Abad, director de la Unidad Empresarial de Base Talleres de Explotación y Revisión, perteneciente a la Empresa de Ferrocarriles Centro-este.

En poco más de diez días, sin embargo, mecánicos de aire, de trucks, soldadores, paileros, electricistas, carpinteros y revisadores, han logrado avanzar en un empeño que casi requeriría milagros para tener listos esos medios el 15 de octubre.

CAMAGÜEY: los del Taller del chucho 52 buscan la solución.

Increíble que estos coches fuesen originalmente casillas de carga.

“Con lo que tenemos a mano, recuperando esto por aquí, aquello otro por allá y apelando mucho al ingenio de nuestra gente, hemos podido darles un pase de mano a 17 de esos coches, en fase de completamiento ahora” –añade Johan.

Miro los coches y hasta me parece que merecieran una placa. Bien lo sabe Ricardo González Benítez, un hombre que acumula 48 años trabajando allí, desde que comenzó como limpiador de zanjas y peón, allá por el año 1973, hasta que se acogió a jubilación, “por gusto” pues a los cinco días estaban contratándolo otra vez. Hoy funge como especialista comercial de la UEB.

Sucede que él fue testigo de cómo esos coches no vinieron del exterior con la estructura actual. Fueron casillas de carga transformadas y acondicionadas hace muchos años, aquí mismo, para la transportación de pasajeros.

Cuentan Ricardo y Johan que incluso hubo que hacerles, más adelante, modificaciones en la parte rodante, “pues ya los trucks rumanos y sumitomos que tenían no daban más”.

Y después hay quienes se vacían la boca diciendo que el bloqueo enemigo no existe. No fastidien; lo que no existe es la rendición ante los pies de ese bloqueo que pretende impedir la entrada a Cuba del más pequeño remache.

Por eso, por esa cubanísima necedad de no doblegarse ante nada, bajo otra amplia nave están, mejorados también, los coche-motores SB-10, rusos, que durante décadas han rodado hacia Florida, Esmeralda y Santa Cruz, en tanto hasta a las viejas locomotoras de los años 70 se les ha hecho algo, en la limitada medida de lo posible.

Aunque, arrogante, el SARS-CoV-2 piense que llegó para quedarse, la verdad es que también Camagüey obra para desterrarlo sin contemplación del territorio. Es obvio que según eso vaya sucediendo la vida irá retomando un cauce del que no quedará exenta la transportación masiva de pasajeros.

CAMAGÜEY: los del Taller del chucho 52 buscan la solución.

Mantener estas formaciones coche-motores resulta estratégico para un territorio tan extenso como el de Camagüey.

Llegado ese momento, lo lógico es tener “todos los hierritos listos para la pelea” y no empezar a esa hora a engrasarles las articulaciones.

Por eso, en la mencionada UEB camagüeyana se ha venido ganando terreno, aun cuando el mecánico Félix, el pailero Carlos y todos los demás sientan que esos viejos medios de transporte merecen y necesitan una inyección mucho más vigorizante, para la cual, al menos ahora, no se cuenta con la ámpula ideal.

El mérito, sin embargo, está en no haber cruzado los brazos a esperar que, tal vez del cielo, cayeran las orientaciones y los recursos para meterle mano y pecho al problema.

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